Udol – 153 Lliures i 17 Salaris

Udol- 153 Lliures i 17 Salaris (No Me’n Records, 2017)

“La magia de Udol reside en ir más allá del tópico folklorista para llevarlo a un nuevo nivel en el que la sobriedad es reina y señora de las composiciones.”

La magia de Udol reside en ir más allá del tópico folklorista para llevarlo a un nuevo nivel en el que la sobriedad es reina y señora de las composiciones.

Siempre me han parecido interesantes esos casos que van contra los principios constitutivos de lo racional. Que la universalidad de los símbolos es una falacia es algo que todos podríamos convenir con una relativa unanimidad. La cuestión está precisamente en esa relatividad; existen casos en los que la universalidad es innegable. Todos respiramos, cagamos y en un determinado momento espichamos. Y mientras ese momento llega, vamos haciendo otras cosas que también tienen algo que ver con la universalidad, como establecer principios duales sobre la realidad, dando lugar a aquello tan socorrido del enfrentamiento entre el bien y el mal – cosa que nunca es tan simple como nos pintan en los cuentos infantiles o, en su defecto, la Sagrada Biblia, que para el caso tiene el mismo componente de fantasía. Porque cómo no, si existe un Dios omnipotente, también debe existir algo que encarne la perversión, la amoralidad y la maldad. No, no estoy hablando de Albert Rivera; hablo del Diablo.

Y ya que sacamos el tema de los catalanes y su representación del Mal, algo muy recurrente en dicha cultura es la figura del demonio en su folklore, siempre con un tono un tanto sarcástico y domesticado mediante tradiciones populares como los Pastorets o los famosos Correfocs. Quizá un eco de esas ideas pueda haber en 153 Lliures i 17 Salaris, el nuevo álbum de Udol. En él se nos presenta una breve historia sobre la herejía, la adoración a cultos paganos y los inflexibles castigos de los inquisidores a los disidentes del culto cristiano, todo ello en la lengua de Pompeu Fabra y sin que penetre en sus composiciones ni una coma de ese tono sarcástico del que hablábamos. Porque esa hubiese sido la forma fácil de enfrentarse al fenómeno, tal y como se ha hecho mil y una veces desde la música catalana.

La magia de Udol reside en ir más allá del tópico folklorista para llevarlo a un nuevo nivel en el que la sobriedad es reina y señora de las composiciones. Porque a todo esto, ¿a qué suena Udol? La respuesta depende del gusto y criterio de cada cual, pero podríamos dejarlo en que se trata de post-metal o sludge, sin edulcorantes ni trampas de ningún tipo. La cuestión es que, a pesar de ser un álbum genérico, de sonido fácilmente identificable y de raíces evidentes, cuenta con un discurso global sólido y de progresión claramente climática en la que la brevedad del álbum juega claramente a favor de la banda, concluyendo justo en su momento de máxima intensidad con la explosiva “Execució”, reminiscente a las épicas instrumentaciones de Leviathan de Mastodon a través de melodías pegadizas y arrolladores rítmicas cabalgantes.

Pero ya fuera del claro gancho que se utiliza con este tema para concluir con una calculada sensación de euforia, el resto del álbum no juega a los recursos fáciles y demuestra una severa conciencia compositiva, tal y como demuestra el tándem de apertura entre “Media Vita” e “Invocació”. Las ideas aquí expuestas, quizá algo llanas, toman algo más de consistencia en su sucesora, “Judici”. El quejumbroso discurso del protagonista del álbum toma fuerza progresivamente hasta estallar en una furioso y pesado clímax de post-metal, al más puro estilo de los Neurosis más icónicos, siendo este el corte en el que se refleja con mayor fidelidad los puntos fuertes de la banda: la fuerza, la contención y las narrativas oscuras y dolientes en las que se ilustra sonoramente el cruento martirio del personaje central. Quizá el problema es que la brevedad de esta entrega no nos permite juzgar con mayor profundidad la capacidad de Udol para gestionar sus distintas facetas más allá de alguna composición progresiva. Sólo podemos pedir al futuro, pues, que nos brinde la oportunidad de comprobar que su caso va más allá de lo puramente anecdótico; mientras tanto, podemos “conformarnos” con disfrutar de estos cuatro genuinos cortes en clave de sludge, que no es poca cosa.