TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO – “El Gatopardo”

 

“EL GATO PARDO”, TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO (MUSHROOM PILLOW, 2018)

Un nuevo resurgir de la canción protesta, tras dejar atrás tantos movimientos sociales, entusiasmo y consiguiente decepción al ver que no conseguíamos nada, sino al contrario, nos hundíamos más en el fondo”.

Lo nuevo de Triángulo de Amor Bizarro es una bomba de relojería a punto de estallar. La inteligencia que despliegan sus mordaces críticas a este nuestro querido sistema del malestar cada vez son más puntiagudas, lejos de agotarse. Así lo demuestran en esta nueva y pequeña colección de cuatro canciones titulada El Gatopardo. Una canción dedicada a Isabel la Católica, un paralelismo entre la fe cristiana con el feminismo, una meteórica referencia a la Nueva Derecha española y un final colosal para desmontar la farsa política esperpéntica que acontece en nuestro país.

El Gatopardo es una colección de canciones de escarnio y maldecir a través de distintos episodios de nuestra historia, empezando por nuestra fundacional Reina Malvada por excelencia, Isabel, y terminando en la decadencia imperial de la actualidad”, explican en la nota de presentación del disco. “Es una celebración del cambio, del colapso de la civilización, una fiesta del fin del mundo sintetizada en cuatro canciones antitodo en la que usamos y destruimos la leyenda para contar nuestra verdad”, concluyen. Nadie lo habría explicado mejor que ellos.

O Isa” resulta ser un caótico psych-rock sostenido por una imparable y mareada línea de bajo con aderezos de una guitarra psicótica e irrupciones noise. “Puño de hierro allende los mares”, grita Rodrigo Caamaño de forma repetitiva y machacona, muy fiel al punk español de vieja escuela. En estos términos llegamos a ‘Les llevaré a mi cruz”, una canción muy bien pensada para la época del año en la que vivimos. Hace unas pocas semanas España se llenaba de movilizaciones feministas, pero menos ha pasado desde que también todo el país se echara a las calles junto a cientos de turistas para pasear al Crucificado por todo el casco histórico de las ciudades.

Así es el país en el que vivimos, una sociedad dispuesta al cambio pero demasiado miedosa y reticente a la hora de despedir la tradición. Una tradición que, por cierto, por muy estética que sea, hace trizas cualquier progreso. La asociación a la que nos vemos sometidos -más allá del carácter popular de la celebración-, es la de siempre: Dios, patria y familia. Anécdotas como la de la legión en procesión cantando “El novio de la muerte” ya no deberían sorprender a nadie. Esto, como es obvio, también se deja relucir en las cuatro canciones que configuran El Gatopardo.

Nadie podría sospechar que Albert Rivera tuviera una balada. El título ya deja muy poco espacio para la imaginación: “Ciudadanos”. Haciendo uso de la ironía, Isa Cea recita una serie de frases incendiarias e irónicas contra el pensamiento único y el buenismo que preside nuestra sociedad y abarca hasta los poderes políticos: “Dicen que, los afortunados y los que viven en la tierra sin pan / ahora deben combatir las bondades del mercado”.

El aburrimiento de la vida moderna, despojada de toda sustancia en la que los individuos se autoexplotan para salir adelante: “La niña pobre tiene suerte / verás lo bueno y lo malo que existe en la vida / mientras nuestros hijos se ahogan en el tedio del capital”. O, ya directamente, la imposibilidad de una solidaridad real entre iguales, que deriva en una caridad de mal gusto y en una soledad individual perniciosa y terrible: “Oprimidos por las obligaciones / tan lejos que sus brazos no podrán llegar / no alcanzarán la ayuda que necesitan dar”. Como tampoco podría faltar, la dedicatoria final que disuelve toda ideología o conciencia de clases a golpe de neoliberalismo, gentrificación y cocaína.

El EP finaliza con la canción que da título al álbum: “El Gatopardo”. Una crítica profunda y descarnada del patriotismo sin corazón ni conciencia que tanto caracteriza a la parte más conservadora de la sociedad. De nuevo, la letra sobresale por su provocación e ironía, directa al tuétano del sistema: “Amar tanto a la patria / que arrancó nuestros derechos al grito de que solo eran prestados”. El odio entre izquierda y derecha por no querer revisar nuestro turbio pasado ni pedir perdón por las heridas más grandes y todavía abiertas de nuestra historia: “Amar tanto a la patria / que no derramó ni una lágrima por el último de su especie”. Así como el lugar del espectáculo en todo este circo mediático y público: “Amar tanto a la patria / que convirtió el país en campo de fútbol”.

Triángulo de Amor Bizarro vuelven a armarla parda. Quizás estemos ante un nuevo resurgir de la canción protesta, tras dejar atrás tantos movimientos sociales, entusiasmo y consiguiente decepción al ver que no se conseguía nada, sino al contrario, nos hundíamos más en el fondo: “O Isa, el Gatopardo quiere cambiar todo / para que todo siga como está. / O Isa, el Gatopardo / querría poder mudar su piel para que no cambie nada”. Tal vez todo se trate de un gran chiste que ya ha perdido su gracia. Una broma que ya no cura la risa, así como tampoco los anuncios de Campofrío. Porque por más que lo intentemos, no podemos estar orgullosos de lo que es injustificable e imperdonable: “Mientras el águila acecha / alimentará su orgullo / alimentarla por su miseria / que sí amó a la patria”.