Toundra y Berri Txarrak: ilusiones y soledades.

Toundra y Berri Txarrak: ilusiones y soledades.

 

Como buen escuchante de radio suelo levantarme con ella puesta, a un volumen bastante alto para esas primeras horas de la mañana (aún no se ha quejado ningún vecino, aunque tampoco se trata de death metal como para generar ningún pavor a esas horas), y como buen escuchante me trago todos los anuncios que salen (que no son pocos), digiriéndolos y defecándolos en el momento para que así no dé tiempo a que sus tácticas de mercado recalen en mi cerebro.

Sin embargo, la semana pasada mi atención se quedó fijada a un anuncio de una marca de cervezas que anunciaba, valga la redundancia, la gira de la banda de post rock instrumental Toundra. Aquello me llamó imperiosamente la curiosidad, y más allá de conocer el día que iban a tocar y la sala, me hizo reflexionar acerca de ese momento en el que de repente una banda, a la que descubrí por primera vez alrededor de 2008 acababa de debutar con su primer disco homónimo, que escuché gracias a una descarga (por entonces se empezaba a pergeñar lo que hoy comúnmente observamos con asiduidad en Bandcamp, por ejemplo) en una web, cuando Internet era igual de cateto o más que ahoraaparecía en una cadena de radio generalista de millones de oyentes, dando la sensación de tratarse de una banda de indie.

Toundra en Oh My Lol!. Toundra en el segundo puesto de las listas de ventas de Promusicae. Toundra en Tentaciones, suplemento de El País. ¿Desde cuando el indie (el mainstream con piel de cordero) se ha arrogado a la banda como parte de su escena? ¿Desde cuando a la industria musical le ha importado el post rock? ¿Qué está pasando? De lo que sí estoy seguro es de que Toundra son más independientes que esos supuestos indies. ¿A quién no le alegra que una banda de post rock tenga visibilidad? Algunos podrían decir que hay otras bandas como Jardin de la Croix, Astralia, Unicornibot, etc. que deberían estar ahí también. ¿Pero a qué precio? En ésta entrevista a Esteban Girón, miembro de Toundra, para Vice de 6 de febrero de 2015, se pueden despejar algunas dudas y poner a la industria musical en su sitio con buenas intenciones y un objetivo claro.

Desvelado el intríngulis, ¿qué podemos constatar? Que a la industria musical le importa una mierda el post rock, y que, como parte del sistema a la industria musical le interesa que haya una representación de las músicas del mundo pero pasadas por el tamiz y la ideología imperantes, aunque luego las propias bandas no le bailen el agua. Porque aquí todos nos conformamos con el pan para hoy y hambre para mañana.

Otro caso paradigmático es Berri Txarrak, que también ha demostrado que se puede vender, y bien, sin tener que estafar al personal con falsas promesas de calidad y originalidad. Hace unos días leía en el diario Público, en su noticia de 21 de junio, que la banda de Lekunberri lo había dado todo en un concierto al que solo asistió una persona. Creo que todos los roqueros, aunque no sea tan exagerado, hemos podido encontrarnos, como público o como banda, en alguna situación parecida a la relatada. El caso es que nos parece tan normal, aún cuando tan injustamente ninguna banda se merece pasar por esos momentos. Pero el gen roquero es así: pura pasión. Se da todo aunque sea en el local de ensayo. Pero del aire no se vive y hemos de reflexionar sobre estas tristes situaciones, aunque luego nos aliviemos con llenazos, que los tuvo también Berri Txarrak, en otras salas.

Entonces, ¿de quién es la culpa de todo esto? De todos y de nadie. Está claro que la industria musical tiene muy claros sus intereses crematísticos y no se les podría culpar por eso, pero si quizás de no permitir que la riqueza musical de un país se expanda y se enriquezca a sí misma (creo que soy una voz autorizada después de tantos años escribiendo sobre géneros tan poco comerciales como el rock instrumental, el post metal, el nuevo progresivo y demás proscritos, para señalar que la industria musical no se preocupa por la riqueza musical). En el otro lado estamos todos nosotros. Es verdad, somos pocos; pocos en comparación con los muchos que escuchan cualquier cosa para tenerla como hilo musical mientras hablan por el whatsapp, pero suficientes para aupar a todas esas bandas nuevas de rock contemporáneo (sí, de ahora, de 2017, no de 1970) que están demostrando que hoy se está haciendo música de auténtico valor y de calidad más que contrastada.

Dejaré para otro día el anuncio de Mahou.

 

Xisco García, director de Rock I+D.