Toundra – Vortex (Inside Out Music, 2018)

“Con una paleta algo más reducida también se consigue que cada elemento, cada músico, brille con luz propia, encajando nuevos colores y texturas”

El quinto disco de Toundra llegaba precedido por declaraciones de la propia banda que anunciaban un cambio de dirección, sin que estuviésemos muy seguros de hacia dónde iban a ir las cosas ni a qué clase de ruptura con lo anterior se referían. Finalmente, todo se puede resumir en que la serie de los números romanos iniciada hace ahora una década ya ha llegado a su fin y, con Vortex, el quinteto madrileño lleva su rock instrumental un paso más allá situándose, sin duda, a la cabeza del género a nivel global.

Pocos grupos me vienen a la mente con las ideas tan claras sobre su propio sonido. Desde su nacimiento en 2007 (y debut discográfico un año después), la banda afincada en Madrid plasmaba sin necesidad de palabras una personalidad inmediatamente reconocible en canciones ampulosas, con energía y sensibilidad suficientes como para que miles de personas canten a coro sus melodías o cabeceen con sus rotundos riffs y se emocionen sin necesidad de palabras que definan todo eso que Toundra es capaz de transmitir. No solo su sonido representa ya una institución musical en sí misma, sino también su cuidada y detallista estética, desarrollada a lo largo de sus evocadoras portadas. Sin que todo esto se vea arrancado de cuajo, la banda ha dado en Vortex un pequeño volantazo para dar pie a una necesaria nueva etapa, caracterizada principalmente por unas canciones más directas (en palabras del propio Esteban Girón, guitarrista de la banda: “II y IV son los discos más Pink Floyd, y III y Vortex son los discos de rock and roll”), cuyos tentáculos tocan algunos sonidos nuevos como las cajas de ritmos, y un cambio radical de imagen apoyado por la desértica portada de Fran Rodríguez (Lacabezaenlasnubes).

Si el post-rock, sobre todo instrumental, corre riesgo demasiado a menudo de caer en el agujero negro del aburrimiento, arrastrado por la repetición de cierto número de fórmulas casi matemáticas, Toundra exprime al máximo su gran capacidad para hacer viajar las emociones a través de la melodía al mismo tiempo que compone canciones que te impiden estar parado, transformándolas en auténticas bestias sobre el escenario gracias a la pegada y el groove que también consiguen imprimir en ellas. Puede que en Vortex disminuyan algunos excesos que han caracterizado siempre al quinteto, pero con una paleta algo más reducida también se consigue que cada elemento, cada músico, brille con luz propia, encajando nuevos colores y texturas como los que aportan las cajas de ritmos (que ya habían explorado en el proyecto junto a Niño de Elche, Exquirla) y encontrándonos con algunas de las mejores canciones que ha producido Toundra hasta la fecha.

El flujo de canciones en Vortex tiene todo el sentido del mundo, intercalando temas algo más breves que de costumbre, aunque no por ello menos efectivos, incluso sombríos y peligrosos por momentos (estoy pensando en “Cobra”, sobre todo después de ver el videoclip que ha inspirado) con piezas más monumentales como “Mojave” o “Tuareg”, la cual se sitúa en el corazón del disco y a la que sigue un tono más ambiental como el de “Cartavio”, casi como una respuesta, antes de rodearnos de la más absoluta belleza de “Kingston Falls”. Innumerables detalles que dejaré que descubráis con el tiempo y las escuchas, pues yo tampoco me siento más que a las puertas de un gran viaje en el que todavía me queda mucho que explorar.

Y es que todo en Toundra son preguntas y respuestas, ya sea a través de la música, a través de las incesantes inquietudes de sus cinco miembros y, cómo no, a través de otros caminos que se van cruzando y mezclando entre ellos, una conversación musical que no nos deja nunca dormirnos en los laureles. Vortex plantea preguntas pero también ofrece algunas respuestas, como el “gracias” que el conjunto quiere transmitir con este trabajo a todo el apoyo que ha logrado, junto a su propio esfuerzo, que la banda continúe cumpliendo años siendo una inagotable fuente de inspiración en todos los sentidos.