Tei Shi – Crawl Space (Downtown/Interscope Records)

“Crawl Space  se aleja precisamente de esa normatividad occidental como punto de partida para más tarde contradecirla con nuevas y atrevidas perspectivas”

Ya no es novedad por estos lares hablar de la deslocalización del interés musical de Occidente dado el agotamiento – tan sólo aparente – de su lenguaje y sus fórmulas expresivas. La sucesiva esclavitud que suponen los estándares marcados por géneros tan hegemónicos como el blues, el jazz, el rock y todas las variantes de los anteriores han conducido al músico tradicional a una crisis expresiva en la que se han polarizado las posibles alternativas: o la complejidad extrema o una nueva simplicidad.

De la complejidad extrema parece que, sin embargo, también nos hemos agotado por su barroquismo. La fiebre del rock progresivo durante la primera mitad de esta década – derivada del adecuado caldo de cultivo generado en los años anteriores – dio pie a una nueva era dorada para las grandes obras conceptuales que, al parecer, estamos viendo caer con nuestros propios ojos en poco menos de dos años. La sobredimensión de algunos acercamientos nos ha conducido por enésima vez a caer arrodillados ante la dichosa ley del péndulo. ¿Eso significa que toca guillotinar a los nietos bastardos de Bach para entrar en un Terror vacui?

No necesariamente. Porque como en todo, entre las posturas absurdamente maniqueas y polarizadas, existen diálogos, pactos y gradaciones que muestran que la realidad es algo mucho más rica y compleja. Quizá es que ahora estemos en ese punto: en el de la desorientación absoluta. Pero a diferencia de otras circunstancias que rodean nuestras vidas, con la música podemos permitirnos el lujo de perdernos y disfrutar de pequeñas grandes joyas como la argentina Tei Shi, quien debuta en largo con su frágil Crawl Space donde se aleja precisamente de esa normatividad occidental, siempre tomándola como punto de partida para más tarde contradecirla con nuevas y atrevidas perspectivas – tal y como puede suceder en cortes como “Year 3k”, “Justify” o la dulce “Como Si”, único tema cantado en su castellano natal.

La joven Valerie Teicher, afincada en Brooklyn y de raíces colombianas y canadienses, resume parte de esa filosofía que caracteriza a nuestra generación. Pero en su caso no hablamos de una leve sensación de confusión; hablamos de una total y absoluta ignorancia e indiferencia hacia unas raíces estéticas determinadas por dogmas. Al enfrentarnos a su música, sólo podemos vislumbrar leves e intuitivas pinceladas de géneros que se derivan exclusivamente de sus colaboraciones puntuales con músicos de otros ámbitos. La volatilidad harmónica de sus progresiones jazzísticas pronto salta por los aires con rítmicas de pulso irregular, rescatando timbres electrónicos de resonancia funk que asimismo recalan en los colores del downtempo. Y en medio de este caos milimétricamente diseñado, el delicado sonido del trueno: la voz soul de la propia Teicher, centro indiscutible – aunque jamás inequívoco – de sus coloridas composiciones pop, ora plumífera, ora apasionada, mas siempre encorsetada por una moderación tan sutil como inquietante.

Y esa inquietud no es más que el reflejo de ese pacto del que hablábamos. Porque a pesar de la sencillez estructural de sus composiciones de corte R&B, siempre salpicadas por un asombroso abanico de registros, la sombra de su sencillo concepto – al menos en apariencia – empaña su delicada sofisticación. Crawl Space dibuja estampas melancólicas y tristes sobre las zonas de confort infantiles y su traducción en los terrores de la adultez y viceversa. La aniñada narradora que nos acompaña desde “way to record” a “bad singer” o “bad girl” nos habla de cómo ideas sencillas de la infancia pueden terminar por traducirse en los traumas que flotan como fantasmas a nuestro alrededor; y como aún así, es posible – y necesario – aprender a vivir con ellos.