Slowdive – Slowdive

Slowdive – Slowdive (Dead Oceans, 2017)

22 años después,  Slowdive recupera su sonido en un disco que es más que un mero ejercicio de nostalgia: se trata de retomarlo donde se había dejado sin olvidar, claro está, que han pasado más de dos décadas.

Los regresos de bandas acabadas hace años -décadas, en este caso- son siempre una operación complicada, un complejo entramado de intereses, nostalgia, recuerdos, expectativas –muchas veces irreales- y la intención de querer recuperar algo que una vez estuvo vivo y que, casi con seguridad, ya no lo está, aunque algunos se empeñen en todo lo contrario. El caso de Slowdive, no obstante, es casi con seguridad una de los regresos de este tipo con más papeletas para salir bien, aunque teniendo en cuenta que su final no fue debido a un dramático enfrentamiento entre sus miembros, una agonía artística intentando alargarlo más de la cuenta ni nada por el estilo, se veía venir, sobre todo después de una exitosa gira de reunión en 2014 que empezó a hacernos la boca agua y a abrir puertas y ventanas hacia el futuro.

Después de tan solo tres LPs completos, los británicos desaparecieron en 1995 como Slowdive, aunque otros proyectos continuaron involucrando a los mismos miembros, que se han mantenido activos y más o menos en contacto todo este tiempo. Un gran debut, un majestuoso segundo trabajo y un minimalista pero interesantísimo tercer disco, además de numerosos EPs,  sirvieron para que su reputación se mantuviese intacta hasta que, en 2016, los rumores se confirmaron: habría nuevo trabajo. Llegó el miedo, la intriga y por fin el alivio, aunque no podemos evitar preguntarnos cuánto tiempo más durará esto y si futuros discos no acabarán por hacer más daño que bien a la carrera del quinteto. Habrá que aceptar la apuesta.

22 años después de su último lanzamiento Slowdive recupera su sonido característico en un disco que es más que un mero ejercicio de nostalgia: se trata de retomarlo donde se había dejado sin olvidar, claro está, que han pasado más de dos décadas. Aunque obviamente hicieron una grandísima contribución al shoegaze que marcaría aquellos primeros años noventa, el quinteto se aprovecha mucho más de su maestría a los mandos del dream pop, la creación de texturas y un sonido cálido, delicado, sencillo a veces pero con matices que lo hacen lo suficientemente interesante como para que esta obra homónima haga las delicias de todos los que llevan más de 20 años esperando esto y también de los que les pilla por sorpresa y se suman ahora al carro de los de Reading.

En Slowdive podemos encontrar detalles que recuerdan a los tres primeros discos, conformando un trabajo más que digno para una formación que lleva tal cantidad de años sin trabajar junta y reaparecer además en un panorama muy diferente al que dejó atrás. Por suerte, lo especial del sonido de los británicos y su ligera inclinación hacia su lado más pop y pegadizo propicia que no suene manido, reciclado o un simple intento de traer a la actualidad lo que podría haber sido un cuarto LP lanzado en los mismos 90s. Este álbum es hijo de su tiempo y claramente se ve afectado por el paso del mismo, pero esto, en mi opinión, beneficia más que perjudica y debería tenerse muy en cuenta a la hora de escucharlo. No, no te devolverá a 1995, pero te hará sentir como el adolescente que eras entonces en la piel del adulto que eres ahora. Un segundo adelanto como “Sugar For The Pill” ya nos dejaba entrever ese lado más catchy y ochentero, con un sonido más limpio de lo que recordábamos. No obstante, el trío que cierra el álbum (“No Longer Making Time”, “Go Get It” y la extensa, hipnótica e intensa “Falling Ashes”) nos lleva de nuevo a los ambientes más hipnóticos de lo mejor de Pygmalion (su tercer y último álbum, lanzado en 1995).