Rufus T. Firefly – Magnolia

Magnolia – Rufus T. Firefly (Lago Naranja Records, 2017)

Rufus T. Firefly logra reinterpretar a los clásicos del rock y dotarles de una nueva identidad

“Has corrido tanto que no sabes dónde estás ni a dónde querías llegar. […] Eres como cruzar a través del espejo. […] Eres la vida en Marte. Eres un puto milagro. Eres la guitarra que llora de Harrison, la psicodelia de Pink Floyd. Eres la pegada de John Bonham, eres la voz de Thom Yorke.”. En lo personal, creo que en pocas ocasiones me han emocionado tanto unas palabras que homenajean al rock como algo más que un sonido. Confieso que no me cuesta imaginar a mi yo quinceañero haciendo paralelismos con los épicos temas de Barón Rojo en este sentido, como “Concierto para Ellos” o “Cuerdas de Acero”. La intensidad de esta “Nebulosa Jade” es similar a éstos y su mensaje es, en muchos aspectos, el mismo. Claro que aquí lo esencial es que Rufus T. Firefly proviene de un background sumamente distinto, y desde luego muy lejano a lo que podríamos llamar metal.

Pero si no es metal y hablan con semejante devoción y desparpajo del rock, ¿qué son? Sus raíces pueden parecer obvias, y no hay más que fijarse en la mitomanía que puebla las letras de este fascinante Magnolia. Sin embargo, decir que esto es un álbum de rock psicodélico al uso sería ya no sólo simplista, sino un ultraje a la identidad de sus temas. La explosión de color de sus vibrantes harmonías y la plasticidad tímbrica de sus sintetizadores, repletos de acordes melancólicos y arpegios ensoñadores, es un perfecto reflejo de una producción prácticamente infranqueable, robusta y sumamente maleable a la vez. La flexibilidad de su visión va más allá de sus referentes: logra reinterpretar a los clásicos del rock y dotarles de una nueva identidad gracias a su inspiración en las luminosas melodías de la música indie y la versatilidad de la electrónica, siempre acompañada por una interpretación vocal tenue y susurrante, casi onírica.

Del impactante inicio de “Tsukamori” al gigante homónimo “Magnolia”, sus diez cortes son un viaje por los referentes de una nueva generación que guiña constantemente a los clásicos de la música y el cine – como “Pulp Fiction”, “Cisne Negro” o la divertida “El Halcón Milenario” – con una nostalgia tan demoledora como revitalizante, siempre acompañados por un vigoréxico fuzz en las guitarras que toca techo en los musculosos riffs de “Río Wolf”. Todos ellos demuestran la gran capacidad del conjunto de Aranjuez por crear un lenguaje abierto y progresista sin necesidad de buscar referentes en la más estricta inmediatez de la historia del rock. Magnolia es una apuesta valiente y efectiva – aunque también efectista – cuya estética logra harmonizar con una sorprendente eficacia y frescura el presente y el pasado del género.