RENACER EN LA CIUDAD MUERTA, O LA VOLUNTAD DEL SELLO INDEPENDIENTE: CIVITAS MORTIS

 

RENACER EN LA CIUDAD MUERTA, O LA VOLUNTAD DEL SELLO INDEPENDIENTE: UNA ENTREVISTA CON EDUARDO SÁNCHEZ, DE CIVITAS MORTIS

 

Son tiempos extraños e interesantes para la música urbana, concretamente en el ámbito de la industria y la difusión. Mientras que hay una tendencia a acumular y consumir la música de manera digital, a través de los diferentes programas y portales de descargas y escucha por streaming, es obvio que ha surgido a su vez una revaloración y recuperación del vinilo a nivel fetichista incluso en la radio-fórmula y el mainstream, que había abandonado ese formato hace décadas (¿Tendrán ahora tocadiscos l@s seguidores de Manu Carrasco o Pablo Alborán?). Además, la música nunca ha dejado de ser una empresa o una aventura llena de riesgos, entre crisis económicas y transformaciones socio-culturales; pero siempre ha habido (y habrá) reacciones y alternativas, con sus éxitos y sus fracasos. No sabemos cuánto durarán las grandes casas discográficas, que parecen aguantar como titanes las idas y venidas de la historia; pero sí es cierto que los sellos independientes siguen surgiendo y siguen apostando por vías y propuestas alternativas, aunque en muchos casos su duración es corta. Casi se podría decir que crear un sello es una especie de ruleta rusa, en función de la aleatoriedad del devenir en la música independiente, más allá de la calidad musical o las estrategias de promoción.

¿Entonces, qué es lo que lleva a alguien a tomar la decisión de crear un sello y en función de qué? Esta pregunta me surgió a raíz de la reciente creación de uno en concreto, en Andalucía en diciembre de 2017: Civitas Mortis. Apareció con dos primeros lanzamientos, Lazer Station e Intersigno, con dos aspectos comunes: el formato CD, acompañado de poster, y música synthwave o darkwave. Son muchas las preguntas que me vienen a la cabeza y no solamente relativo al hecho de fundar un sello independiente, sino también al aventurarse por estas características, promocionando estos discos usando un disc-man ¿Cuánto hay de estrategia comercial o cuánto hay de mantenimiento de una forma de disfrutar la música casi obsoleta para algunas personas?

Hablamos con Eduardo Sánchez, el creador de este sello y de Féretro Records, este último con un catálogo de música underground estatal muy interesante (recientemente ha editado Exodus de los madrileños Fungus), con más de una década de existencia, aunque ahora ha quedado en un segundo plano después de un primer cierre. De la experiencia de Eduardo se ve que mantener los sellos no parte de una cuestión económica:

“El cierre de Féretro Records fue bastante triste y frustrante para mí, sentía que el proyecto estaba agotado y había dejado de tener utilidad para los grupos. Además alargué la agonía más de lo debido, me resistí a ver que era algo que ya no funcionaba, se me quedaron un par de ediciones en el tintero que siempre he querido sacar y el recuerdo que se quedó de toda aquella experiencia fue negativo.”

 

De estas palabras se puede extraer dos aspectos: primero, un factor emocional y, segundo, la sensación de formar parte de una maquinaria que pudiera apoyar a las bandas. De hecho, como Eduardo comenta, siempre ha preferido dejar a las bandas hablar en las entrevistas antes que él porque “son ellos los que realmente tienen algo interesante que aportar o añadir”. No cree, por tanto, en una visión comercial de su actividad, si bien considera que en el imaginario de los sellos independientes: “meten en el mismo saco a un grupo muy heterogéneo, desde sellos con miles de euros de facturación hasta otros que apenas venden unos euros al mes, el mes que venden algo”. Mientras que el primer grupo funciona como un negocio, en el segundo se trata más bien de personas van hacia delante por “puro hobby”:

“Por mi parte no hay motivación económica ninguna en crear un nuevo sello, lo enfoco como una afición porque realmente es eso: es invertir un montón de horas de mi tiempo libre y de mi dinero en algo que me llena. Como a todo el mundo, me encantaría poder vivir de lo que me gusta; ojalá pudiera convertirse en una forma con la que ganarme la vida, pero no es nada probable. Eso me da también la libertad de poder editar las cosas que realmente me gustan, y dar la posibilidad de que tengan una copia física para poder financiarse bandas que seguramente de otra forma no podrían hacerlo, ya que los sellos más grandes, ya sean independientes o no, no se van a arriesgar a hacerlo.”

Con esto, la elección del CD como formato tiene sobre todo un razonamiento práctico, pero sin olvidar la esencia de su funcionamiento y la importancia del producto físico bien hecho:

“Los costes de fabricación son más económicos que las del vinilo, lo que me ha permitido sacar dos ediciones profesionales, además de poder costear la impresión de carteles también de forma profesional en alto gramaje por el mismo precio que me costaría una edición simple en vinilo. Por último, lo más importante y que echo mucho de menos últimamente, no superponer el formato a la obra porque sí. Tanto la edición de Lazer Station como la de Intersigno son un recopilatorio de 3 y 2 Ep’s respectivamente y en ambos casos suponen una hora de música más o menos. Editarlo en CD creo que es lo lógico porque permite escuchar de una sola tacada todos los temas que en su conjunto suponen una obra completa, sin sacarme de la música para cambiar la cara del disco.”

Aparte del CD, en Civitas Mortis no se descarta trabajar con otros formatos, y más particularmente con el casete, especialmente para “sacar ediciones pequeñas de proyectos más minoritarios, sobre todo ambient, drone, noise y cosas más experimentales”. Como Eduardo afirma, el casete es un formato que ha sobrevivido “a un nivel muy underground: sobre todo punk, metal extremo, noise” y aún ha estado activo aunque en pequeña escala, con muy pocas fábricas. Actualmente estas mismas fábricas se ven sorprendidas por la cantidad de pedidos que llegan. ¿Se trata de un resurgir como el vinilo, de una estrategia marketing de la nostalgia?

“Para mí no es algo novedoso trabajar con este formato porque nunca ha dejado de estar activo, es sólo que ahora al volverse a editar por grandes sellos tienen una exposición que no tenían antes a un nivel más “popular”, y en ese caso concreto sí es por pura nostalgia y marketing.”

En otro orden de cosas, elegir un género como el synthwave no fue una decisión hecha al azar. Más allá de una predilección estética (el gusto de Eduardo por el cine de terror y la música que bebe de John Carpenter, Claudio Simonetti y las grabaciones de la CAM en el terror de serie B), supone el impulso personal de una nueva aventura en la cadena de la difusión musical:

“Tengo que aprender a manejarlo todo de una forma distinta y necesitaba esa motivación para poder empezar de nuevo. No es un grupo de rock al que le dé un porcentaje de las copias y puedan venderlas en los conciertos, me obliga a buscar nuevas fórmulas para conseguir promoción y una difusión efectiva. Al final, con los grupos de rock, pop, metal, etc., si la banda no gira la edición física no suele funcionar, aunque siempre haya excepciones, por lo que siempre quedaba difuminada la efectividad real que tenía para ayudar a la banda. Al final siempre tenía la duda de si aparte de poner dinero para editar algo físico había contribuido realmente en algo.”

Cabría preguntarse si hay algo de factor “moda” en esta elección, pues vivimos en un momento en que todo lo que huela a ochentero vuelve a estar en boga y revalorizado. Basta ver la bandas sonoras de series como Stranger Things, o en películas como Drive, Blade Runner 2049 y la última versión de Dredd. Incluso el mismo John Carpenter ahora se dedica a hacer conciertos. Pero no es algo que afecte o que haya impulsado en la decisión de Eduardo.

“Todos esos factores son los que han propiciado el auge de este género y lo que ha marcado la estética en gran parte; el componente cinematográfico es fundamental. Pero con respecto a la venta, afecta poco, ya llevo unos meses y te puedo confirmar que no hay movimiento ninguno. De todas formas era algo con lo que contaba y todavía tengo que seguir trabajando para poco a poco darme a conocer y llegar al máximo de gente interesada posible. Con la estética he obviado deliberadamente todo el rollo de luces de neón y demás que están tan de moda y he optado por un sobrio blanco y negro. Incluso el nombre del sello no tiene nada que ver, es algo hecho adrede porque no quiero cerrarme a una moda y me gustaría que estuviera abierto a otros sub-estilos dentro de la electrónica.”

Tal como nos explica Eduardo, el panorama es en realidad mucho más complejo de lo que pueda parecer una moda: hasta que no pase el “calentón de la nostalgia ochentera” no se podrá saber cómo quedará el movimiento “retrowave” y cuántas personas (realmente apasionadas del estilo) quedarán. Sobre el papel que tiene internet en la difusión de esta música, la posibilidad que se haya construido una escena virtual (la suma de artistas, plataformas y público), o si puede haber una “sobre-oferta”, Eduardo opina:

“Internet es muy engañoso y siempre tiende a darnos la impresión de que la “escena” es más grande de lo que realmente es, ni siquiera creo que haya una escena, solo que ahora es más fácil conectar con personas con gustos similares, eso nos retroalimenta y nos hace pensar que hay mucha gente involucrada, cuando realmente no es así.  Lo de la sobre-oferta es algo que siempre es recurrente en esto de la música e internet: es algo que se comenta mucho al menos en el metal de forma negativa y yo, honestamente, no comparto ese punto de vista. Gracias a internet tenemos la posibilidad de poder llegar a información que antes era impensable. Obviamente eso implica un esfuerzo por nuestra parte para llegar a la información que nos interesa, pero es que antes era peor. Antes te tenías que hacer una idea de un disco o grupo por la crítica de una revista, que por regla general estaba comprada por grandes discográficas y que ninguneaban a cualquier grupo que no estuviera dentro del circuito establecido por las empresas. Tenías que irte sí o sí a fanzines y revistas alternativas que no eran de fácil acceso. Nunca sobra la música.”

Finalizando esta entrevista, se puede concluir que la labor de un sello independiente como Civitas Mortis muestra una visión de la distribución musical que difícilmente se puede etiquetar de “industria”. Si no fuera porque hay inversión, dinero y mucho trabajo de por medio, sería difícil definirlo como negocio, o una actividad de lucro. El esfuerzo de Eduardo y la ilusión de crear un sello viene de la voluntad, del deseo que la música que no encaja en los circuitos convencionales pueda seguir viva y que se mantenga una creatividad diferente. A veces, iniciativas como ésta no son realmente reconocidas, o incluso su poca solvencia económica puede ser una excusa para infravalorar su contribución y la música que promocionan. Pero todo lo contrario: este tipo sellos independientes tienen un papel en las dinámicas actuales para seguir manteniendo a bandas y músicos, más allá de las herramientas que puedan proporcionar el actual mundo digital. Basta observar la actitud colaborativa de Eduardo, y el hecho que sea reacio a ser el centro de atención cuando se le pregunte por la música que trabajo. Por ello, todos los amantes de la música inquieta deberían seguir apoyando los sellos independientes; hay muchas razones para agradecer su labor.

 

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