La adolescencia es un período duro. Uno busca encontrar su lugar en el mundo, mientras su cuerpo se empeña en bombardearlo con litros de hormonas que hacen florecer todo tipo de respuestas físicas que antes, durante la gloriosa infancia, se habían mantenido ocultas. La adolescencia es un titánico esfuerzo mental y físico en el que todos perseguimos nuestros sueños, intentado definirnos y sacar de dentro la persona que llevamos oculta entre nuestros procesos cognitivos. Y es aquí, en la adolescencia, donde el guionista Jeff Lemire fija su atención para contarnos una historia llena de sentimientos, dudas, amistad y sueños rotos alrededor de la figura de la mayor superheroína de este mundo de ficción, Plutona.

Plutona es una parábola sobre la juventud y la forma de ver y procesar el mundo que rodea a un grupo de jóvenes, unidos por las circunstancias, donde lo importante es la caracterización de los personajes. Lemire genera un escenario donde estos chicos y chicas, de diferentes edades, van a descubrir a Plutona, una superheroína, muerta en el bosque tras alguna batalla con algún supervillano. El secreto los unirá y comenzará a generar tensiones entre ellos, donde las relaciones humanas lo son todo.

Si hay algo que caracteriza a Lemire es su tempo narrativo. Sus historias discurren de forma pausada, rítmicamente, segundo a segundo, sin que las elipsis narrativas lleguen a alterar el ritmo meditado de toda la trama. Plutona es todo un exponente de esta narración descompresiva, que permite a Lemire crear a unos adolescentes profundamente humanos y cercanos al lector, al que enseguida le importan las cosas que les suceden.

El guionista introduce en la cotidianeidad un elemento extraño que la altera y que expone al grupo a un nuevo escenario emocional. Los intereses personales de cada uno de ellos, no necesariamente ligados al evento perturbador, la aparición del cadáver de Plutona… serán el foco central de una historia en la que el lector se ve obligado a leer con el tempo que Lemire le quiere marcar. Aquí las cosas pasan cuando tienen que pasar, ni antes ni después, sino en el momento exacto para que la realidad con la que Lemire maquilla esta ficción se pueda sentir como algo tridimensional.

Acompañando a la historia principal tenemos al propio Lemire dando forma, con unas breves páginas al final de cada número, a los acontecimientos que han llevado a Plutona a estar muerta en medio del bosque. Esta jugada no responde a otra cosa que a hacernos partícipes de la vida y personalidad de Plutona a fin de que también sintamos algo por su cuerpo inerte. Si no hay vínculo emocional establecido con el personaje de Plutona esta queda como un simple activador de una trama que sin duda nos recuerda enormemente a la película de Hitchcock, Pero… ¿Quién mato a Harry?, de la que Lemire se aleja justamente al mostrarnos esas horas previas a su muerte.

Plutona también es un ejercicio de radiografía social al estar representados en los protagonistas adolescentes muchas de las actitudes, manías, fobias, egoísmos, inseguridades y prepotencia de la sociedad actual. Cada muchacho y muchacha manifiesta un grado cambiante de estas emociones de tal forma que podemos vernos reflejados en ellos de forma intermitente, hasta llegar a sentirnos demasiado representados. Lemire nos pone un espejo, sutil, delante donde poder mirarnos y que cada uno saque sus propias conclusiones al respecto de lo que hay detrás de las primeras capas de Plutona. Esta maniobra puede llegar a resultar molesta y en función del grado de autocrítica de cada uno puede hasta ser obligatorio detener la lectura para reflexionar un momento sobre lo que, de alguna forma subliminal, esta filtrándose en nuestra cabeza.

Y es que Plutona es una lectura descarnada, escondida tras una fachada de simpleza de una inteligencia sublime. Un cómic capaz de transmitir tanto y tan variado en función de quien lo lea es sin duda un cómic a tener muy en cuenta. Puede que parezca simple, incluso banal, pero Plutona cala muy dentro cuando se termina de leer. Plutona remueve al lector desde dentro y no resultara fácil de olvidar.