Paradise Lost – Medusa

Paradise Lost – Medusa (Nuclear blast/2017)

 “No es el disco que te llevarías a una fiesta, pero sí escucharías ese día lluvioso”

En agosto del año pasado pude ver a Paradise Lost por primera vez en Corroios (VOA open air). En ese concierto tocaron “Flesh From Bone” de su anterior disco The Plague Within, y al terminarla, Nick dijo: “Como si los últimos 20 años no hubieran sucedido”. Esta anécdota viene totalmente a colación del lanzamiento de su decimoquinto disco, Medusa.

No debe sorprender, pues la trayectoria del grupo se podría definir (a nivel de dureza musical, la calidad es algo mucho más subjetivo) en una campana de Gauss, con la dureza en los extremos de la misma. En ese The Plague Within se podían adivinar los dos caminos que Paradise lost podían tomar en el siguiente lanzamiento. Uno es la brutalidad Death más veloz de “Flesh From Bone” y el otro la pesadez Death-doom de “Beneath Broken Earth”.

En este disco se impone el estilo de la segunda, sin duda. Medusa es un disco pesado, lento, mucho más monolítico que su predecesor, que pese a ser un gran disco pecaba de sonar demasiado a amalgama de los distintos registros de la banda, dejando cierta sensación de confusión. La única excepción a esa lentitud la pone “Blood & chaos” que sin salirse del guión, supera en velocidad al resto del disco. Las guturales predominan e incluso la voz limpia de Nick suena más oscura que nunca, sin llegar a ese tono que él mismo define como el “James Hetfield”.

Con lo bueno y lo malo que esto tiene (cuestión de gustos), es su disco más cercano a su ópera prima Lost Paradise, tanto que salvando la producción, la inclusión de la versión original de “Frozen Illusion” en la edición japonesa no desentona casi nada con el resto del disco (podrían haberla regrabado, por ver cómo quedaría).

Para el que suscribe estas líneas, y pareciéndome un disco más que notable (y sobresaliente cuando al cuerpo le pide más oscuridad), me quedo con los Paradise Lost un poco más melódicos, cuando suenan a ese híbrido Icon/Draconian times. Prueba de ello es el segundo bonus de las ediciones especiales “Symbolic Virtue”.

No es el disco que te llevarías a una fiesta, pero sí escucharías ese día lluvioso, posiblemente en soledad, en el que parece que nada está bien. Para esos momentos parece estar compuesto.

En definitiva es un disco que no es para todos los públicos, que requiere de más atención para calar que anteriores lanzamientos pero que confirma varias cosas, entre otras, que hacen lo que les da la real gana y que siguen en plena forma. Solo como curiosidad y viendo que han desandado todo el camino de vuelta al principio, queda la duda de en qué dirección irán lanzamientos futuribles.