Óscar Palmer (Editorial Es Pop): “Los libros que publico trazan el mapa de mis obsesiones”

Nacida hace casi diez años, la editorial Es Pop se ha convertido por derecho propio en un referente en cuanto a ensayo cultural. Publicando un amplio abanico de referencias (desde Mötley Crüe a James Joyce, pasando por Chuck Klosterman), Óscar Palmer se ha mantenido firme en el propósito de publicar lo que le da la gana, sin complacencias ni compromisos. Con una selección meticulosa, Es Pop se afianza como una apuesta personal dirigida a espíritus afines. Rock N Roll, comic, literatura, cine y ahora, video juegos. Palmer nos recibe en su hogar-oficina, el paraíso para un melómano o bibliófilo. Tras husmear (con creciente envidia) sus estanterías, charlamos de proyectos futuros, filosofías vitales y actitudes quijotescas.

Fotografía de Carlotta Escribano

Teniendo en cuenta los últimos títulos publicados, Algo en la Sangre, Maestros del Doom… ¿Definitivamente Es Pop se puede considerar una editorial especializada en ensayo?

Sí, ahora mismo al 100%. Después de haber bandeado y hecho pruebas con otros géneros que me interesaban, como la narrativa de género negro o el neo pulp, si quieres llamarlo así, creo que el hueco lo hemos encontrado definitivamente ahí.

 

¿Quiere eso decir que das por finiquitado el acercamiento a la narrativa?

No quisiera cerrar la puerta definitivamente, nunca se sabe. Reconozco que soy muy veleidoso, muy de caprichos, si en unos años la cosa se estabiliza y me enamoro de algún título, a lo mejor me gustaría volver a editar alguna novela. Nunca digas nunca jamás. Pero de cara al futuro cercano, ensayo a saco.

 

¿Cuándo lees títulos no publicados en castellano, distingues al lector por placer del editor?

Todos los libros que he publicado los he leído antes por gusto, todavía no he llegado al punto de estar desesperado por encontrar libros para publicar de o estar pendiente de las agencias; sigo leyendo a mi ritmo habitual de lector corriente, y continuamente encuentro cosas que me apasionan y me fascinan. Pero llego a ellas por curiosidad de lector. Además, publicando tres o cuatro referencias al año, hay mucho donde elegir, y sobre todo muchos huecos por cubrir. El ensayo me da más cancha para elegir o redescubrir títulos que han quedado relegados; en el campo de la narrativa hay muchísimas editoriales y distinguirse es más difícil, está muy bien cubierto. En el ensayo creo que la cosa está más abierta, en especial en lo que se refiere a textos sobre cultura pop. Creo que hay grandes lagunas que conviene ir recuperando y a mí me da gustito. Que un libro como Arte Salvaje llevase quince años inédito o que en ocho años nadie hubiera sacado Los Trapos Sucios era algo que no lo lograba entender.

 

No sé si a ti como editor te dará la misma sensación que a mí como lector  ¿No hay demasiadas editoriales hoy en día? ¿Estamos ante una nueva burbuja?

Como editor puede parecerme excesivo, pero por el momento no me afecta demasiado porque intento seguir otra vía. También es verdad que si me busqué esa vía a lo mejor fue porque la narrativa no me funcionó bien al ser la competencia tan exagerada. Ahora, como lector, sí que me agobia mogollón (risas). Me agobia más como lector obseso que como editor, porque en última instancia el caso de Es Pop es particular; hay muy pocas editoriales que sobrevivan con tan pocos títulos al año. Y desde el primer día tuve muy claro que muchos libros que quería publicar me los iban a levantar otras editoriales más poderosas. De hecho, hace años tenía una coña que dejé de hacerla porque me al final me deprimía (risas). A principio de cada año hacía una lista de “10 libros que NO voy a publicar” y según los publicaban otras, los iba tachando

 

¿Llegaste a tachar los diez alguna vez?

(Risas) No, los diez nunca, pero casi. Por eso te digo que siempre quedan huecos. Pero volviendo a tu pregunta, sí que se publica muchísimo y como lector me preocupa. Me gusta leer de todo, ya lo ves [señala una mesa de café con unos veinte libros], esta pila de aquí es sólo lo más urgente. No me da la vida para leer todo lo que quiero y además hay varias editoriales relativamente nuevas haciendo un trabajo estupendo. Hace diez años no existía Dirty Works, que no para de editar a autores que me encantan, ni Sajalín, que a veces parece que todos los libros que sacan van teledirigidos a nuestra estantería. Por no hablar de muchas otras que también sacan cosas que me interesan. Realmente llega un momento que como lector me agobio, pero como editor no.

 

Al hilo de lo que estabas diciendo, ¿una editorial pequeña se tiene que especializar para sobrevivir?

Creo que sí, aunque tampoco es que la especialización te asegure la supervivencia. Conviene especializarse en algo rentable (risas) Precisamente he estado pensando en eso estos días por una entrada que escribí para el blog de Es Pop sobre Más Libros, una revista en la que escribía hace veinte años, y me di cuenta de que este proceso ya lo he vivido, no como editor sino como periodista y reseñista. Si te pones a pensar en la cantidad de editoriales que surgieron en los noventa y sólo duraron unos años, te salen un montón. Y algunas me gustaban mucho, como Numa de Valencia, que se estrenó con El Tercer Policía de Flann O’Brien y tenía un catálogo muy bien escogido. O Metáfora, especializada en narrativa del Este muy bien escogida. Los descubrí con La Educación de las Chicas de Bohemia, publicaron unas dieciséis novelas y a partir de 2004, adiós. O Libros del Imán, una editorial que montó José Luis Borau y que publicó libros estupendos, como Cazador Blanco, Corazón Negro, de Peter Viertel, que estaba inédita en castellano, o el Viva Zapata de Steinbeck. Eran editoriales muy especializadas, pero la especialización no les valió de nada. A veces corremos el riesgo de especializarnos en asuntos que solo te interesan a ti y a tus amigos. El problema es que nos creemos que nuestras aficiones son geniales y van a arrastrar a mucha gente.

Fotografía de Carlotta Escribano

Este recuerdo de la revista Más Libros lo comentas en el Blog que mantienes en la web de Es Pop, Cultura Impopular, que durante años algunos hemos tenido como un referente. ¿Qué importancia tiene hoy día ese blog?

Al principio le daba muchísima importancia; no sé cómo lo hacía pero el primer año hay más de una entrada semanal, algunas auténticos artículos. Al principio quise crear una identidad para la editorial, hablando de música, de cine, de cómic… y que el blog fuese punto de encuentro para gente con aficiones comunes. Escribí artículos sobre autores que sabía que no iba a publicar, como David Peace o George Pelecanos, de cara a establecer contacto con lectores de gustos afines a los míos, más que nada para dar a conocer la editorial. Al final ha acabado pasando lo que pasa con todo en la vida: el agotamiento. Cada vez me cuesta más encontrar el tiempo y las ganas para escribir; intento mantenerlo activo, pero el día a día me puede y tampoco sé hasta qué punto sigue cumpliendo su función. Los blogs tuvieron su momento, pero me temo que han seguido el mismo camino que otras redes sociales…

 

Como Myspace 

(Risas) Exacto. Nada dura. Mira ahora que hasta Facebook está en crisis… Antes cualquier artículo generaba feedback, pero ya nadie deja comentarios; si quieren decirte algo, te ponen un tweet. En tiempos decía medio en broma que gracias al blog conocía de nombre a todos mis compradores; ahora con Twitter o Instagram, ese seguimiento ya no existe. Lo mantendré para los cuatro fieles y porque me gusta ir añadiendo de vez en cuando cosas como lo de Más Libros y tener un espacio para mis chorradas.

Siempre se ha considerado a Es Pop como una editorial rockera, Lemmy, Mötley Crüe, Thin Lizzy, el próximo proyecto, casi en el horno es la autobiografía de Ozzy, ¿no es así?

Sí, en realidad la editorial no deja de ser un espacio en el que ir dando cabida a todas mis aficiones y obsesiones. En ese sentido, el propio hecho de editar se convierte en una especie de autobiografía. Y claro, uno de los momentos clave de mi adolescencia fue descubrir a Black Sabbath a los catorce años.

 

¿Cuál fue tu primer contacto con Black Sabbath?

Pues mira, es un poco marciano, porque lo primero que cayó en mis manos fue un vinilo ruso que mezclaba temas del Black Sabbath y del Paranoid. Y aluciné, claro. Pero como escucho muchas otras cosas, no puedo ni quiero restringirme a los libros de rock. Por eso publiqué Swing Frente Al Nazi, de Mike Zwerin. Crecí escuchando los discos de jazz y soul de mi padre y eso va a tener su reflejo en la editorial. En ese sentido, sólo publico libros con los que siento cierta conexión. A ver, los publico con la intención de que funcionen, no es un acto suicida ni artístico; me interesa que el mercado me respalde porque quiero vivir de esto. Pero no publico cualquier cosa sólo porque piense que el libro va a ir bien. Todos los títulos de Es Pop tienen algo que ver conmigo y el de Ozzy es uno más entre ellos. Como lo será la biografía que publicaré en septiembre de Johnny Cash, otra figura relevante en mi formación. He tenido la suerte de tener unos padres con un gusto musical amplio, que va de la zarzuela a los cantantes italianos; he crecido con ello y nunca lo he rechazado por ser “cosas de padres”. Luego yo llevé el ruido a casa (risas). Pero por eso en Es Pop hay cabida para un abanico espero que cada vez más amplio.

 

Otra de las vías de Es Pop es el cómic; has traducido cómics para otras editoriales, publicaste la biografía de Schulz y preparas para este año La Plaga de los Cómics.

Ahí se juntan las aficiones con las preocupaciones; con el tiempo me he ido dando cuenta que lo que publico traza el mapa de mis obsesiones. Casi todos los últimos libros, como La Plaga de los Cómics, Maestros de Doom o El Libro más Peligroso, tratan sobre personas creativas enfrentadas a la incomprensión del sistema y siendo censuradas a nivel social, económico, judicial, y me resulta interesante ver todas esas conexiones. A ninguna persona normal se le ocurre relacionar el Ulises de Joyce con videojuegos como Doom o los cómics de EC o con los blackmetaleros noruegos, pero sus historias repiten un mismo proceso: una pequeña comunidad creativa con una propuesta nueva que en principio parece minoritaria y chocante, recibe el desprecio del establishment cultural del momento e incluso acaba siendo perseguida judicialmente por el sistema. Evidentemente las líneas argumentales difieren, pero siguen un mismo patrón. Y en todos los casos, al cabo del tiempo, esa propuesta acaba triunfando o siendo asumida. Las personas no tanto, porque otra de las constantes en Es Pop es que los protagonistas casi siempre acaban mal, pero la propuesta, las obras, perduran. Es un proceso que me resulta fascinante y me doy cuenta de que vuelvo a él una y otra vez.

 

¿Te das cuenta a posteriori? ¿No hay un plan trazado de antemano?

No, nunca me planteé “Voy a sacar cinco libros sobre artistas puteados por la censura y la justicia” (risas) Simplemente ha salido así la cosa.

 

¿Te conoces entonces a través de los títulos que publicas? 

Por momentos pasa eso, sí. Por eso digo que la editorial es mi autobiografía (risas).

 

A veces te has definido como hombre orquesta en cuanto a que haces casi todo, desde la selección, traducción, maquetación… ¿Cuál es la parte del proceso que prefieres?

Lo mejor, evidentemente, es no tener que aguantar a nadie. Lo peor, tener que aguantarte a ti mismo las 24 horas del día. En cuanto el proceso, depende del día; no sé si será esquizofrenia o simple alivio, pero cuando llevo una temporada metido en una traducción, de repente ponerme a maquetarla me resulta un descanso; no sé si serán trabajos realizados con hemisferios distintos del cerebro, pero es un verdadero un alivio. Últimamente intento combinar los procesos, al tiempo que maqueto uno, traduzco otro y voy con el dibujante para la portada de un tercero, y un proceso me ayuda a sobrellevar los otros. Eso es lo mejor, no depender de nadie y poder combinar trabajos.

 

Lo peor, la contabilidad, me imagino 

(Risas) Sí, la facturación, todo lo que tiene que ver con la parte empresarial del negocio, alejada de la creatividad. Me ha costado imponerme una disciplina empresarial, pero se aprende.

Fotografía de Carlotta Escribano

¿Hasta qué punto, siendo una editorial pequeña, da rabia ver que te levantan un título que tienes ilusión por sacar?

Hombre, fastidia. Sobre todo cuando hay una conexión personal. Si viene una editorial que conoces y sabes que tienen una línea que encaja y que les gusta, entonces te da igual. Si hubiese seguido haciendo narrativa, seguramente me habría ido pisando libros con Sajalín, pero me habría dado igual porque conozco su línea y veo ahí un gusto definido. Otra cosa son esas editoriales que igual publican las memorias de un rockero o un famoso dietista de la tele. Cuando algo huele a oportunismo, me molesta. Pero dependiendo de quien me lo levante y de su catalogo, intento que no me afecte. Además, tampoco me da la vida para sacar todo lo que me gustaría. Procuro alegrarme de que al menos alguien lo edite.

 

¿Sigues dependiendo de que un libro funcione para sacar el siguiente, o ya cuentas con un colchón que te permite más libertad? ¿Puedes tener una actitud quijotesca?

Colchón-colchón todavía no hay, pero al menos ahora ya no dependo de uno solo, puedo llegar a permitirme un par (risas). Tampoco es una cosa quijotesca, contra viento y marea. Yo no podría estar veinte años dale que te pego en plan empecinado, como Terry Gillian con su Quijote. Mientras los libros funcionen seguiré editando, en el momento en que me dé dos costalazos seguidos, se acabó la cosa. Voluntad la que quieras, pero caprichos los justos. Más que nada porque no me lo puedo permitir. Si la editorial da perdidas volveré a traducir para otros. Por ahora los quebraderos de cabeza merecen la pena, pero en el momento en que deje de ser rentable, a otra cosa.

 

Echando la vista atrás, ahora que tienes una familia numerosa, ¿cuál es el niño de tus ojos y cuál te salió más feo?

(Risas) Cualquier título de narrativa. No uno en concreto, sino todos. Elegimos autores que en su mercado han demostrado tener carrera, y que aquí no llegaran a un mínimo supuso un gran disgusto. Eso sí, fueron mal queridos, pero feos nunca (risas) En cuanto al niño mimado, sin duda Arte Salvaje, la biografía de Jim Thompson. Por muchos motivos: Thompson es uno de mis escritores favoritos, era un libro que llevaba quince años inédito, suponía un riesgo porque Thompson es un autor mítico, pero todos lo hemos descubierto en las cajas de saldos, así que tampoco es que sea un superventas, se le ha publicado muy mal. Era un libro arriesgado, casi setecientas páginas, un trabajo enorme. Lo tenía desde un primer momento en mente, pero no me atrevía porque no lo veía rentable. En fin, es lo bueno de no tener nada que perder. A los cinco años de arrancar tuve un momento de impasse en el que estuve a punto de cerrar la editorial y pensé en irme a lo grande, así que edité Arte Salvaje. El hecho de haber sacado el libro y seguir aquí es doble motivo de alegría. Y además, sin ser el superventas de la colección, al final no era tan suicida como pensé, al menos no generó pérdidas. Por eso es el niño bonito.

 

¿Te planteas el hecho de publicar tres, cuatro libros al año como un modo de vida?  

Sí. Bueno, pongámonos ambiciosos. ¡Digamos cinco o seis! Tampoco creo que hagan falta muchos más. La idea es trabajar un poco menos y vivir un poco mejor. Este va a ser el primer año que publique traducciones ajenas, con el de Ozzy y La Plaga de los Cómics. Hasta ahora todos los libros los había traducido yo. Si a partir de ahora puedo permitirme seguir traduciendo tres y encargar otros tantos, ¿por qué no? Con llegar a ese nivel, ya me parecería perfecto. Más, no lo veo. Sería ampliar la producción de manera un poco ficticia, no es lo que pide el proyecto. En el momento en el que tuviera que empezar a leer cosas que no me apetecen o a publicar cosas que… bueno, no están mal, pero carecen de la conexión emocional de la que hablaba antes, Es Pop dejaría de ser lo que es ahora. A este ritmo, libros que me apetezca publicar siempre va a haber.