Miguel Scheroff: “Me encanta la idea de lo millennial”

 

Miguel Scheroff es un artista plástico con una propuesta “extrema”, donde la carne, la tradición y la relación hombre-animal-naturaleza se expresan de forma visceral y espiritual. Totalmente ajeno a la imaginería del death metal, donde la carne y la sangre se muestran de forma explícita (o el gore si hablamos del cine), Scheroff hace una acercamiento más profundo y hondo del ser, creando belleza donde otros pueden sentir repulsión. Disfrutamos en Rock I+D de la virtuosidad y singularidad de uno de los pintores jóvenes más destacados del momento.

Vanitas Selfportrait

 

– Por lo poco que he podido saber de ti a través de las redes sociales puedo decir que eres una persona muy activa. ¿En qué andas ocupado actualmente?

Dedico todo el tiempo a la producción artística, entre algún que otro encargo que me permite sacar algo de dinero, para seguir produciendo. Pero eso, mayoritariamente es trabajo en el taller.

 

– En Jaén encontramos una generación de artistas que está triunfando dentro y fuera de nuestro país, aunque como dice el refrán “nadie es profeta en su tierra”. ¿Crees que en Jaén se os conoce y reconoce como os debido?

Cada vez se está haciendo lo posible para reconocer a los artistas de la tierra. Al grafitero Belin, de Linares, se le está apoyando, aunque él se lo ha trabajado todo desde cero. Hay espacios que están surgiendo como Espacio Azur, que surgió hace unos meses en Jaén y que está apostando por el arte contemporáneo. Estuve exponiendo allí, al igual que Javier Aldarias, un chico de Baeza. En el Centro Cultural de la Carolina también se está apostando por ser un referente del arte contemporáneo no solo en la provincia, sino en Andalucía.

Miguel Scheroff en su estudio junto a su obra “Crude Banality”

– Tu estilo cercano al hiperrealismo y la idea de la carne como concepto a través del cual te expresas sigue estando presente en tu obra, en más o en menos medida. Para quienes no te conocen aún, ¿cómo describirías tu trabajo?

Es complicado. Básicamente es una reflexión a través de la pintura, en torno al momento que estamos viviendo actualmente, y las relaciones entre personas y éstas con los animales. Esa forma de sentirnos superiores, el especismo, por el simple hecho de no expresarnos igual que ellos. También trata sobre el consumo de carne y las luchas absurdas por mantener el ego en alto. Trato la cultura y la tradición que me rodean. La estética de la carne, que es lo que está más presente en mi obra. He convivido con cazadores, con gente que practicaba la matanza. Todos los rituales que hay alrededor de todo esto me interesan como materia plástica. Como el ritual que se hace cuando alguien mata por primera vez una pieza de caza. Se sacrifica al animal y se le abre, obligan a la persona a raparse el pelo y le dan de beber la sangre del animal que han matado. Es una forma de que el espectador se sienta interpelado por la obra y piensen “qué está pasando ahí”. Animar a la gente a reflexionar sobre su relación con el mundo.

 

– ¿Qué hay tras lo material y finito de la carne? ¿Encontramos algún sentido espiritual en tus impactantes pinturas?

Yo pienso que detrás de todas las pinturas están las reflexiones más personales. Al final sale lo que llevas dentro. Claro que hay algo espiritual. El hecho de pintar ya es algo espiritual. El hecho de encerrarte en el estudio y darle vueltas a la cabeza para ver qué quieres hacer y construir cada proceso de la obra, para mí es algo solitario, aunque espiritual. En la pintura aparece el espíritu humano de manera más evidente.

 

– En varias entrevistas has comentado tu cercanía y raigambre con las tradiciones culturales que te han rodeado desde chico: las matanzas, las cacerías, la Semana Santa. Pero, ¿hay alguna otra razón por la que desde el principio tu enfoque artístico se haya centrado en plasmar esos retratos tan escabrosos, que no tenga que ver directamente con esos fundamentos culturales, es decir, algo mucho más personal e íntimo?

Lo principal, en relación con el tema de los animales, es que siempre me he sentido cercano al “animalismo” como algo que forma parte de mí. He tardado un poco en darme cuenta cuál sería mi aportación para acabar con el consumo de animales. Cuando he ido incidiendo más en mis principios, más ha ahondado en mi obra. Lo que siempre me ha conmovido, aparte de la tradición, es la caza, la matanza, el duelo por la muerte de un vecino, que en los pueblos es algo que se magnifica muchísimo. El animalismo, el veganismo y el vegetarianismo siempre ha estado presente en mí. Lo que he hecho desde el principio ha sido reducir el consumo de carne, pero luego no llevaba adelante esa idea que defendía en mi obra, de criticar el consumo. Hasta que hace tres años decidí dar el paso. Ahora trabajo con más razón en mi obra, sintiéndolo como algo que forma parte de mí.

– La mayoría de tu obra pictórica gira en torno al retrato, ya sea de personas o de animales. ¿Qué te atrae del retrato?

La mirada. Los ojos sigo trabajándolos de manera muy meticulosa. La mirada me flipa, porque dentro de ella puedo contar historias. Me parece impresionante la cantidad de texturas y de colores que se pueden sacar de ahí. Del retrato lo que más me apasiona es eso. Al principio tenía a artistas como Yae Pei-Ming o Jack Close como referente principales. Cuando vi sus obras me enamoré del arte y de la creación contemporánea, y empecé a darle vueltas a qué podría hacer que fuera diferente a lo que ellos habían hecho. Esa fue mi meta. El retrato me permite muchos campos de experimentación, permitiéndome hacer texturas y cosas raras. La musculatura, por ejemplo, que aparece en mi obra no es real, porque de esa forma me ayuda a divertirme dentro de lo pesado que puede ser construir una textura tan delicada y puntillista, a veces. No se trata de hacer una representación fidedigna de la realidad sino que es todo inventado.

 

– Comentas que frente a la brusquedad de presentar los personajes de tus obras de esa forma tan escabrosa, con la musculatura y el esqueleto a la flor, nos encontramos con un gesto de paz y serenidad en sus rostros. Yo añadiría que incluso tienen cierto aire de melancolía. Tú perteneces a la generación millennial, esa generación a la que se le prometió los mayores éxitos tanto en lo laboral como en el estilo de vida, pero que le ha tocado vivir prácticamente sus mejores años durante una dura y triste época de crisis económica. ¿Te sientes parte de esa generación desilusionada y melancólica, que se está ganando a pulso todo aquello a lo que debía aspirar?

Me encanta la idea de lo “millennial”, y me emociona que me lo digas. Precisamente es de las cosas que más estoy comentando y escribiendo. Para la próxima exposición que voy a hacer hablo del espíritu melancólico y de la pérdida de la ilusión de la generación millennial. Aparte de la crisis como que todo se ha expandido y se pierde el sentido de lo que uno quiere ser. Estamos expuestos a tanta profesionalización de todo. Hay tanta calidad en todo lo que vemos que muchas veces nos hace que perdamos la fuerza en trabajar en lo que nos gusta. Me alegra que digas que eso se expresa en mi obra. La “tristeza millennial”, me encanta esa idea. Y me alegra porque has sabido verlo. Porque uno no es consciente de que lo está haciendo así. Yo soy una persona muy divertida, pero todos llevamos nuestras cosas dentro, y la pintura ayuda a sacar todo eso, la parte más monstruosa. Como antes te decía, tenemos la mirada, su magnetismo, se contrapone a la repulsión de la cara, como esa parte esperanzadora. En el Guernica está la bombilla, que a pesar de estar en medio de un desastre, sigue brillando como esperanza de que va a pasar algo bueno. En mi obra quiero reflejar la luminosidad, que el dolor no sea evidente. La mirada de mis retratos es serena. Alguna vez me han preguntado por qué no hago las caras con la boca abierta o con algún gesto, pero yo les digo que prefiero la serenidad, que no produzca un sentimiento de brutalidad.

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– Respecto del tema de lo macabro y lo escabroso, que seguro que te ha afectado en forma de rechazo por una parte del público que ha podido contemplar tu obra, no es la primera vez que nos encontramos con este tipo de arte. Desde hace tiempo he escrito acerca del arte en el death metal donde lo grotesco, lo sangriento y lo políticamente incorrecto están a la orden del día. A pesar de generar rechazo en ciertos sectores de la sociedad, con censura incluida, la verdad es que ha terminado por normalizarse de alguna manera. ¿Crees que los límites de lo escandaloso se están superando, generando en contrapartida cierta insensibilidad?

Posiblemente sí. Las generaciones nuevas lo tienen más asimilado porque vienen viéndolo desde pequeños. Pero estamos insensibilizados porque estamos sobrecargados de información, pasando de cosas a las que habría que darle más importancia, porque existe esa sensación de que no podemos hacer nada para cambiarlas, de que no está en nuestras manos. Pasan tantas cosas y tan continúas…cuando ocurre un atentado y pasa una semana en noticias, se pasa a otra historia. La insensibilización viene de no poder darle tiempo a una cosa cuando ya está pasando otra.

– Algo que me fascina de tu obra es tu sentido de lo orgánico, de lo material, algo que contrasta cada vez más con el mundo de lo virtual, de lo inasible que queda fuera de los sentidos en estos tiempos tan hipertecnologizados.

Precisamente, en ese sentido tenemos la imagen del ciborg, que está de actulidad. Algunos artistas como Marina Núñez trabaja mucho con el tema ciborg, una de las artistas más relevantes a nivel nacional e internacional, incluso. Con mi obra he apostado por esta imagen y la gente lo entiende o intenta lo que intento contar. Mi voy a lo que me tira: lo orgánico.

 

– El año pasado se publicó un estudio bajo el título de “La actividad económica de los/las artistas en España” bajo la dirección de Marta Pérez Ibáñez y Isidro López Aparicio, donde se recogen datos de especial trascendencia como que el 83,92 % de los artistas han expuesto al menos una vez en su carrera, sin embargo el 15 % de ellos vive actualmente de su trabajo como artista, y donde la mayoría venden sus obras en una horquilla que oscila entre los 100 y los 500 euros. ¿En qué lugar te encuentras tú como profesional? ¿Cómo ves tú el panorama laboral, en tu entorno de jóvenes artistas?

Lo veo difícil, porque son muchísimas horas las que le dedicamos al arte. Sin vacaciones. No se corresponden la cantidad de horas que le dedicamos en el taller con la economía que tenemos que subsistir. Todavía hay un largo camino por recorrer, en ese sentido. Me sorprenden los datos, y estoy seguro de que existe ese 15 % que vive de su trabajo. Este año en Arco las ventas han subido, y no  solo en Arco, en todas las ferias ha habido muchas ventas con respecto al año pasado. Muchos puntos rojos y verdes. Lo de la polémica de Santiago Sierra, no sé hasta qué punto no es provocado, no sé. Y sobre los artistas que exponen, ya te digo que nosotros en Arte Aparte con enviar un dosier digital con tu historia y las fotografías de tu obra. Así que el que no expone es porque no quiere o porque quiere hacerlo de otra forma.

 

– Me tiene muy intrigado uno de tus nuevos proyectos: el mural representativo de la sangrienta Batalla de Las Navas de Tolosa. ¿Puede que veamos una nueva faceta tuya, fuera del retrato al que nos tienes acostumbrado?

Las obras que estoy ahora trabajando están relacionadas con la obra de Rubens, las batallas que representó, etc. Me interesa seguir indagando en las luchas absurdas. El mural de la Batalla de las Navas de Tolosa va a ir bastante lento, pero ya estoy sacando bocetos. Estará muy presente la sangre y el retrato, seguro (risas). Habrá caballos, perros… lo curioso es que lo voy a hacer en los portales de una iglesia (de Las Navas, también en Jaén, n.d.r.), una obra totalmente profana, pero el cura está on fire (risas). Tiene su connotación cristiana, por la victoria de los cristianos sobre los musulmanes, pero yo me quedo con otras cosas porque soy ateo. Me interesa más bien la iconografía y escenografías barrocas.

 

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