Melange, “viento a favor”

Fotografía: Sergio AlbertFotografía: Sergio AlbertFotografía: Sergio AlbertFotografía: Sergio AlbertFotografía: Sergio AlbertFotografía: Sergio AlbertFotografía: Sergio Albert

Melange (+ Javier Colis)

Jueves 25 de enero de 2018.

Sala Joy Eslava, c/ Arenal 11, Madrid.

Promotora: SON Estrella Galicia.

 

No quedaba hueco para un alfiler en la presentación en directo de “Viento Bravo”, segundo larga duración de Melange, en la madrileña Joy Eslava. Hercúlea hazaña en los tiempos de indie fotocopiado y modas insulsas que vivimos y que no sólo supone un éxito personal para el quinteto, sino una noticia esperanzadora para la buena música hecha en España.

Y es que Melange no surgen de la nada; no son la última sensación malasañera destinada a arder en el brillo de un éxito fugaz de portadas de Mondosonoro antes de dar paso al siguiente mesías de lo cool del momento. Estos cinco tipos llevan años batiéndose el cobre en las cruzadas del underground psicodélico nacional, demostrando su talento y saber hacer en proyectos como Rip KC (cuyo “Obvious & Bleeding” es, para un servidor, uno de los mejores discos salidos de España en la década pasada) y Lüger, que con sus densas exploraciones de trance cósmico trazaron una línea entre el Madrid de Esperanza Aguirre y el Berlín de Edgar Froese.

Melange aúna los elementos clave de estas dos bandas – las querencias por el melodicismo mediterráneo que los hermanos Ceballos importan de Rip KC (y que también les están proporcionando grandes resultados de crítica y público con Mohama Saz – otra grata noticia) y la precisión rítmica y las texturas electrónicas que Daniel Fernández y Mario Zamora traen desde Lüger, para construir una profunda dualidad que escenifica el eterno conflicto existencial entre lo cósmico y lo terrenal, la pasión y la razón, el hombre y la máquina. El encargado de mediar entre estos dos extremos es el cantante y guitarrista Miguel Rosón, cuyo instinto melódico ayuda al conjunto a encontrar el equilibrio perfecto entre ambas vertientes.

El sonido sorprendentemente pulcro de Joy Eslava permitió discernir desde la inicial “Río Revuelto” cómo funcionan los complejos engranajes de esta máquina perfectamente engrasada que se llama Melange. La clave de su sonido está en una base rítmica de una imponente precisión, en la que Adrián Ceballos se mueve con una facilidad pasmosa y un gran control de las dinámicas por un cambiante abanico de compases mientras las hipnóticas líneas del Rickenbacker de Daniel le pisan los talones. Sobre ellos, las dos guitarras de Sergio Ceballos y Miguel huyen de excesos pirotécnicos, optando por funcionar como contrapuntos rítmicos que construyen un cristalino muro de sonido sobre el que Mario planea cual Tim Blake a bordo de una tetera voladora, desplegando un arsenal de teclados y sintetizadores que empujan al conjunto más allá de la estratosfera.

Temas como “La Cosecha” y “Cheroqui” pusieron de manifiesto el peculiar tratamiento que Melange hacen de las voces, fundiendo sus gargantas al unísono en sucintas letras que se revelan como hipnóticos mantras melódicos y funcionan como un instrumento más; otro bloque que añadir a sus milimétricos ejercicios de arquitectura musical. Y es que en su sonido no hay hueco para la improvisación – sus canciones están ensambladas con el cuidado de un reloj suizo. Es precisamente ahí donde quizá resida una de las claves de su éxito y su accesibilidad para un gran público que probablemente se perdería entre los nombres que componen las colecciones de discos de sus cinco componentes. Melange no se embarcan en extensas jams en busca de la inspiración, sino que cada uno de sus temas supone un ejercicio de minuciosa concisión para encontrar el equilibrio entre lo onírico y lo pegadizo, apto a partes iguales para disfrutar tumbado con unos auriculares entre la bruma canábica de un salón oscuro que para bailar con furor alcohólico en una sala abarrotada.

Los temas de “Viento Bravo” se fueron sucediendo, alternados con los de su brillante debut de 2016 y puntuados por un sobrio pero trabajado componente visual, tanto de puesta en escena como de iluminación. Reminiscencias de los Camel de “Snow Goose”, las raves galácticas de Ozric Tentacles o los Pink Floyd más ambientales sobrevolaban el ambiente, pero siempre con ese regusto mediterráneo de melodías y patrones rítmicos con aromas andaluces, griegos y turcos que son su sello de identidad y hacen que Melange suene ante todo a Melange.

La velada llegó a su fin con la preciosa “Solera” de su primer disco y salimos a la fría noche madrileña satisfechos y esperanzados. Existe una valiosísima tradición de música psicodélica y progresiva creada en este país desde los años setenta hasta nuestros días que las grandes metanarrativas han ignorado por completo, creando la falsa ilusión de que el rock en España dio un salto del ye-yé de los sesenta directo a la Movida madrileña. Melange reivindica esa historia oculta y desconocida para la mayoría y se erige como su principal valedor en la actualidad. Ojalá su “Viento Bravo” consiga derribar falsos mitos que llevan perpetrándose demasiado tiempo y traiga un cambio a la escena musical nacional. Lo necesitamos.