Marina Herlop abrirá esta tarde (19:10, en La (2) de Apolo) la segunda jornada del festival de rock instrumental AMFest; una nueva edición en la que Barcelona se convierte en la capital de los sonidos más avanzados del rock actual. La pianista catalana se enfrenta por primera vez ante un público al que está poco acostumbrada, pero que seguro la recompensará, ya que su estilo entre el avant garde y el clasicismo, con especial protagonsimo de las partes instrumentales, de una belleza oscura y rica en intensas emociones, hará las delicias del personal.

 

Fotografía: Olivia LH

Sinceramente no tengo muchas referencias de este estilo al escuchar tu música, así que percibo sentimientos de fuerza, locura, agobio. Cuando te llega la inspiración, ¿cómo lo transformas en canciones?

Bueno, yo creo que la sensación de agobio se puede dar porque hay muchos giros armónicos, va cambiando y no hay muchas repeticiones en las canciones. Es decir, es un viaje constante y no se repiten mucho los lugares por los que pasa. Quizás el oyente puede tener esa sensación de “¿Dónde estoy?  Necesito  tener un lugar de referencia”.  De la misma manera que en la música pop sería el estribillo, sería volver a dónde hemos partido, pues en mi música no pasa.  Además, en el primer disco predomina la tonalidad menor  o modos menores y de hecho mi padre me preguntó que si estaba bien, si estaba triste porque cuando lo escuchó tuvo esa sensación de tristeza o de no reconocimiento por el hecho de que se usan estas escalas. Pero a nivel compositivo yo tampoco busco reflejar eso, no hay ningún propósito más allá de crear una música que a mí estéticamente me satisfaga.

¿Cómo ha sido ese proceso de tener una idea y plasmarla en una canción? ¿Cómo la acotas?

Estoy intentando que sea de esta manera, como de partir de una idea, pero es más lo contrario. Digamos que hay un momento en el que surge una idea, unos acordes,  e intento estructurarlo para dar como un discurso. En las primeras composiciones sí que me iba encontrando un poco el discurso, o sea, llegaba a tener una célula y la conectaba con otra que había compuesto otro día, buscaba un puente entre estos dos pasajes y les ponía una introducción y un final. Como que se iba construyendo y ahora intento que tenga más sentido como pieza. Estoy intentando transmitir esta idea pues voy a ver cuál es el punto álgido de la canción, voy a desarrollarlo de manera coherente, como respetar un poco los patrones que te encuentras en otras obras de arte.

¿Por qué dura unos minutos y no otros?

Yo tengo tendencia a hacer canciones entre tres minutos y medio y seis minutos. Por ahora son los tiempos en los que me he encontrado más segura. Sí que he tenido algún profesor de armonía que me ha sugerido que empezara haciendo canciones más cortas porque de alguna manera no te lías tanto. Cuanto más larga es la canción más factores has de tener en cuenta y más se tienen que respetar las partes entre ellas, entonces es como el rompecabezas un poco más grande.

Cuéntanos un poco más acerca de tu primer disco Nanook, ¿cómo lo puedes describir?

Más allá de su valor estético que se le pueda dar desde fuera, para mí ha sido una etapa muy decisiva en mi vida porque ha sido el primer gesto de afirmación como músico. Creo que a nivel musical su valor reside en que son las primeras composiciones que he hecho y de alguna manera tienen algo muy honesto, como muy poco pendiente de lo que se pudiera esperar de ello. Sí que algunas cosas ahora las cambiaría o las haría distintas, pero ya está bien así, que desprenda esta imperfección no me molesta ni quiero arreglarlo, es como un recuerdo. Creo que tiene la belleza de las cosas que se hacen un poco sin saber muy bien qué está ocurriendo.

Supongo que este álbum es el fruto del trabajo y la constancia, ¿ha costado mucho sacarlo a la luz?

Físicamente no lo he tenido nunca porque solo ha salido en digital, simbólicamente sí que salió el 9 de noviembre. Costó unos meses pero no lo viví como una espera dura porque partía de expectativa cero. No sabía que iba a pasar, cualquier cosa que pasara ya era muchísimo. Grabé estas canciones para de alguna manera pasarlas en forma de maqueta en los lugares en los que estaba interesada en tocar, de hecho si hubiera sabido que ahora estaríamos aquí haciendo esta entrevista igual me lo hubiera preparado un poco mejor. (Risas)

Por cierto, una curiosidad: ¿quién es el autor de la portada?

Matías Rico, un chico de Madrid, ha estudiado arquitectura y siempre le ha gustado mucho la fotografía y dibuja muy bien. No sé exactamente qué es, pero si te fijas cada 90º se repite un poco la imagen. Yo la vi en su Instagram y le pregunté si podía poner esa foto porque ya asocié la música de este disco a esa imagen.

Tu relación con la música ha sido intermitente, pero finalmente te has volcado en ello. Por lo que comentas aún sigues estudiando piano. ¿Qué razones te hacen retomar tu contacto con este instrumento, después de esos años en los que abandonas en parte el estudio?

Digamos que siempre, desde niña y adolescente, he confiado mucho en la academia como institución, y me atreví a hacer música después de haber estado mucho tiempo diciendo que quería hacer música pero sin hacerlo realmente. También el hecho de ir a Barcelona y conocer a gente con manera diferente de ver la vida me hizo pensar ¿por qué no puedo hacer esto si aquí cada uno hace lo que le dé la gana? Entonces quise ir a una escuela de música porque entendía que tocar un instrumento se aprendía de esta manera, con unas clases, unas evaluaciones, unas notas y quise volver a lo que había estudiado de pequeña, a la música clásica. Mi idea era mejorar la técnica hasta tener un nivel decente como para poder tocar lo que me apeteciera en un futuro. Ya sabía que no iba a ser intérprete de música clásica, pero pensé en tocar clásica de momento que ya es mucho y ya veremos. Terminé el conservatorio y por ahora no voy a hacer el superior, sí que quiero seguir con las clases de piano clásico porque realmente me gusta.

Pero supongo que no con ese alto nivel de exigencia que te pide un conservatorio superior, ¿no?

Claro, es un poco duro si eres una persona vulnerable y yo lo he venido siendo. Depende de qué manera lo enfoques puede ser una forma de estudiar agobiante. Hay gente que lo vive de una manera súper apasionada, que es así cómo lo debes vivir. Depende un poco de cada uno y me estoy dando cuenta de que es dentro dónde está el enfoque de cualquier cosa que hagas y yo creo que en un conservatorio estoy convencida que se puede vivir la música de forma tan apasionada como en cualquier otra academia. Mucha gente lo ha dejado porque no quiere ver la música como una obligación. Para dominar un instrumento hay que dedicarle muchas horas, más de las que son naturales en una persona, igual tocarías una hora y no tocarías más. Pocas personas quieren tocar siete horas al día que es lo que tienes que tocar si quieres ser intérprete. Yo sí que me he forzado en tocar pero ahora la mayoría de los ratos solo me apetece tocar, como que me sale de forma natural.

¿Qué aporta el piano a tus composiciones?

El piano quizás no es el instrumento con el timbre más bonito, bueno depende de la opinión que tenga cada uno, y algo que tiene en contra es que no deja de ser un instrumento de percusión. Si tocas la nota el sonido no se puede sostener, se puede alargar un poco si aprietas el pedal, pero desaparece, no es como un violín que aguanta. Eso digamos que juega en contra, pero a favor tiene el hecho de que se pueden presionar muchas teclas a la vez  y que hay un rango de tesitura muy alto con lo cual tú puedes controlar a la vez los tres registros de la música que son el bajo, el acompañamiento y la melodía con dos manos, y si quieres puedes añadir otro instrumento que es la voz. Es decir, puedes tener dos melodías, un acompañamiento y un bajo simultáneamente. De hecho muchas reducciones de orquesta se hacen para piano porque tiene estos diferentes estratos musicales. Con un piano se puede crear un espacio armónico concreto, como un suelo sobre el cual se erige una melodía.

Fotografía: Olivia LH

Hablando de la voz como instrumento, según he podido leer a partir de una afección en las cuerdas vocales y en tu recuperación aprendiste a cantar de esta manera, ¿cómo surge tu forma de cantar?

Antes de que me operaran cantaba en un grupo y siempre me estaba quedando afónica porque apretaba mucho la garganta. A raíz de operarme me dio mucho miedo que me volviera a pasar eso y empecé a ir a clases de foniatría y en el conservatorio me apunté a canto lírico como segundo instrumento porque si tú colocas bien la voz cuando cantas digamos que ya aprendes a hablar de esta manera y te aseguras de no hacerte daño en la voz. Es difícil encontrar un profesor de canto moderno que te enseñe a colocar bien la voz y que se asegure de que no te haces daño. Estamos acostumbrados a oír cantantes de pop que no proyectan bien la voz porque se ayudan de la amplificación del micrófono. A mí me cuesta mucho hacerlo, tampoco lo hago bien, estoy intentando mejorar para poder ensayar las horas que quiera sin tener que parar o notar que tengo la voz resentida.

¿Cómo ha llegado tu voz a tus composiciones instrumentales?

Primero hago la parte de piano, busco los acordes, lo visto a nivel pianístico lo pongo la melodía y escojo el bajo, veo un poco qué forma tendrá y normalmente cuando el tema está acabado voy a poner la melodía. Aquí sí que sigo mucho la intuición, cada vez más estoy mucho rato con la melodía, que en los últimos temas me ha costado mucho encontrar una melodía que me gustara, pero intento también que haya notas que no forman parte del acorde, intento reservar los intervalos más grandes; si la melodía hace saltos muy grandes con la voz de grave a agudo, digamos que la expresividad es como más afectada, así que ver cómo cuadro eso en la canción, pensar para cuándo me reservo eso, no abusar de ello tampoco,  mirar qué momentos requieren de un registro más alto porque claro la tesitura de cada persona es limitada, tienes el rango vocal que tienes y no puedes hacer notas más agudas ni más graves que las que puedes hacer por tu cuerpo, tienes que jugar con eso. Es bastante pensado aunque juega la intuición que digamos es el filtro.

Piano y voz tienen capacidad melódica, normalmente parece que es el piano que acompaña a la voz. Para mí la voz es un agregado y el piano tiene más importancia a nivel compositivo.

¿Cuáles son tus influencias? ¿Vienen de la música clásica o popular?

De alguna manera es esa música que me he ido encontrado por casa, que oía por la tele, pop, rock, punk. Una mezcla un poco bomba porque en casa mis padres no son músicos y no me dirigieron para hacer escuchas. No fue hasta la Universidad que empecé a conocer personas interesadas en este ámbito que me iban orientando un poco. Claro, hace diez años yo iba a la biblioteca de mi pueblo y cogía discos pero no había algo como Spotify ahora. La música clásica ha aparecido más tarde, hace tres, cuatro años que he vuelto al espacio de la música clásica que la he empezado a escuchar más. No es algo con lo que haya nacido, ha sido más últimamente. A día de hoy la escucho mucho, pero es muy difícil saber de dónde viene uno a nivel estético porque es algo que va mutando, parece como que vas avanzando en el gusto, que cada vez necesite música que me vaya planteando un reto a nivel intelectual.

¿Un disco/grupo que se te venga a la mente ahora mismo?

Un disco que me gusta mucho es el de Buena Vista Social Club.

¿Qué ha tenido que ver el conocido pianista James Rhodes con la creación de Nanook?

Él apareció después cuando el disco estaba acabado y se lo mandé a su discográfica y su manager me respondió y aceptó.

¿Te esperabas este éxito?

No, de hecho cuando pasó lo de James Rhodes me puse muy nerviosa. Estaba contenta por una parte pero a nivel inmediato estaba tensa porque pensaba que me venía algo muy grande encima que al final no ha sido así. Pero pensaba que esta persona tiene un poder mediático fuerte y podría hacerme tocar en sitios en los que yo todavía no me sintiera cómoda porque me podría abrumar. Me dio miedo y pensé lo que venga vendrá. Creo que es algo positivo que todo haya venido de forma gradual y me he sentido cómoda en los conciertos que he ido haciendo.

¿Qué te ha aportado tener el respaldo de un sello internacional como es Instrumental Records?

Lo positivo ha sido de cara a que se haya podido interesar gente de aquí  o algunos medios de aquí con esta “excusa” porque el valor musical sigue siendo el mismo te coja quien te coja. Más allá de eso digamos que tampoco ha sido muy fructífero el hecho de ir con este sello porque ellos están muy ajetreados con lo suyo y quizás también les falta tiempo.

Te veremos en el cartel del AMFest a finales de este mes. ¿Cómo te ves entre tanta banda de post rock y rock instrumental?

Seguro que de ahí saco música que me interesa, no soy nada prejuiciosa con los géneros, a lo mejor soy un poco el contrapunto, pero creo que me sentiré cómoda porque estoy convencida de que la gente que va a ese festival por encima del ruido que hagan o dejen de hacer valoran mucho la música y a los músicos. Hay un respeto muy grande por lo que se está haciendo

¿Qué esperas de esta próxima edición?

Nunca he ido al AMFest, será mi primera vez como oyente y como músico. Espero llegar viva al día porque estos días he estado grabando y ha sido bastante intenso, ahora estoy en Madrid y entre medias está el Primavera Club. Espero llegar serena y en el concierto estar muy pendiente de lo que estoy haciendo y creo que será de los casi últimos conciertos de este primer disco. Hubo una temporada como que ya estaba cansada de tocar siempre lo mismo, pero ahora es como que me está entrando nostalgia de algo que todavía no ha terminado, pero digo aprovéchalo y transmítelo otra vez porque a veces se te olvida que la mayoría de gente que hay ahí ni te ha visto nunca, ni tiene ni idea de lo que haces y eso les llega por primera vez, entonces tú también te tienes que imbuir de esa sensación de primera vez y darlo todo.

¿Prefieres tocar en sitios grandes o en salas más reducidas?

Lo que quiero es crear la sensación de ritual. Digamos que es un espacio de tiempo en el que las normas habituales, lo que hacemos a nivel cotidiano, se suspenden y en ese momento se para todo y da igual en el espacio que estés, mientras suene bien, eso es muy importante que tú te sientas bien a nivel sonido que la voz y el piano esté todo correcto, pues crear esa sensación de ahora paramos un momento, compartimos esto, y luego ya volvemos a la realidad.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

He estado grabando el segundo disco en Asturias. Falta todo el tema de la producción que se va a hacer entre dos personas, el chico con el que grabé y otra persona que supuestamente me acompañará en los directos que se pueda. He estado muy obsesionada con este disco durante todo el verano, en junio me fui a otra parte de Cataluña como de retiro para componerlo y en julio y agosto he estado terminando las canciones. Ha sido bastante intenso en muchos niveles y me ha llevado a tener reflexiones que no había tenido hasta ahora sobre el proceso creativo o por qué dedicarse a la música. Lo estoy viviendo con mucho menos miedo comparado con el anterior. Cuando veo lo que se viene encima porque a nivel interpretativo es más difícil de defender que el anterior, es más difícil de cantar y de tocar, pero pienso que seguro que sí que puedo hacerlo dándome ánimos como cuando te alienta otra gente cuando dices que no puedes hacer una cosa. Estoy muy contenta con cómo está quedando todo y siendo optimistas en marzo estará listo. El primer disco es un poco con tonalidades grisáceas, beige; intento que el nuevo tenga más colores y que tenga más momentos luminosos, de vida.