La Inmadurez (Pau Navarra)

LA INMADUREZ

‘Cuando Picasso abandonó su periodo rosa y creó el cubismo, fue una traición. Pablo fue un estafador que sólo iba a por la pasta’. ¿Se imaginan a algún experto o aficionado a la pintura declarando semejante majadería? ¿Verdad que no? Así pues, si todos estamos de acuerdo en que el metal (o el rock, o la electrónica…) es arte, ¿por qué estamos más que acostumbrados a escuchar formulaciones de este tipo desde todos los ámbitos que nos rodean? Yo se lo diré: porque la gran mayoría de rockeros y heavies son profundamente inmaduros, y no sé si en todos los campos de su vida, pero desde luego, sí en todo lo que compete a sus actividades culturales.

Igual es que a mí me dominan los prejuicios, pero suelo saber de qué pie cojea cada metalhead que me presentan a la segunda o tercera frase que me suelta. En resumidas cuentas, hay cinco tipos básicos: los primeros, y lo que más me suelen apenar, cuando se enteran de cuál es mi trabajo, se sienten intimidados y te empiezan a bombardear con preguntas a las que sólo ellos tienen respuesta. ‘Buah, ¿has escuchado el último de Cocaine Vs Kukuxumusu? Uala, ¿conoces a la banda Cadaveric Shit Anal Retroaction Of Hellfire y el tercer disco que sacaron? Es lo mejor en technical brutal grindcore powerístico carnavalesco con female voices que he escuchado en mi vida’. Por supuesto, todas mis respuestas suelen ser un escueto ‘no’, mientras trato de apurar mi cerveza con el cerebro martilleándome con un único input: ‘Menudo gilipollas’. Sobra decir que este tipo de personas son profundamente inmaduras, e inseguras, y en cuanto ven a alguien de la prensa o la industria deben demostrar ante sus amigos que ellos podrían ocupar su posición si les diera la gana, y que nada ni nadie les va a privar de ser los más eruditos del concierto, esa charla de bar casual o la cola para comprar el pan. Aunque nunca hayas intentado robarles esa corona, ellos la defenderán a capa y espada desde el primer instante.

Los segundos, claro está, son un clásico incontestable, un rompepistas en toda regla. Son aquéllos que miran tu camiseta y te sueltan que de esa banda sólo les molan las demos y, siendo generosos, el primer álbum. Bien, en este caso no solamente estamos ante una persona inmadura, sino ante un afectado de sordera aguda. Como la abuela del pueblo de 87 años, vamos… Se van a perder la revolución de banda flojita a combo híper fabuloso de Cattle Decapitation, por ejemplo, o te van a espetar que The Satanist de Behemoth es una mediocridad porque ‘han cambiado, Nergal ya no es el de antes’. En vez de escuchar una sola canción, fundamentarán sus argumentaciones en unas fotos que vieron en Instagram donde salía el frontman haciéndole carantoñas a un lindo gatito. Evidentemente, el discurso de esta gente es el más previsible, es casi digno de escuela coránica, y apenas se puede razonar con ellos.

El tercer metalero o rockero en discordia es el de Metallica, poniendo a los californianos como sempiterno padre de todos los ejemplos habidos y por haber. ‘Buenas, soy Pau, ¿cómo te llamas?’. ‘Metallica son unos traidores, tron, yo desde el Black Album que ya no… Lars es un capullo, sólo toca por la pasta…’. ‘Vale, guay (cara de circunstancias, por qué siempre a mí…), ¿pero cómo te llamas, tío?’. ‘Yo es que la decepción que me lleve con Black Album, de verdad… ¿Cómo pudieron? Con …And Justice For All aún, pero luego cambiaron, eso ya es pop, se acabó el thrash’. Es un bucle, son ya 26 años de bloqueo mental. Metallica son su afrenta personal, ese cisma que cambió sus vidas, su criptonita, ahí se quedaron y no han evolucionado. Y poniéndose uno en su piel, en su enfermiza fijación, en su nula capacidad por ver que la gente se hace mayor y que la percepción de las cosas cambia, y desde luego, que conforme pasan los años uno debería ganar en frialdad, en cómo percibe y juzga las obras de arte de los demás, les das la razón y sueltas: ‘Ya, puede que sí, que nos dieran la espalda, ¿pero por qué perder el tiempo debatiendo sobre Metallica cuando están Toxic Holocaust ahí fuera? ¿O te has metido el nuevo de Power Trip? A mí, realmente, lo que más me mola de esa época es la escena canadiense, tan agresiva como Sacrifice o Razor…’. Y nada, como si oyeran llover, no saben de qué diablos les estás hablando, así que, además de autoflagelarse con Metallica cada día desde 1991, han decidido pasar por otra penitencia: la de negarse todas aquellas formaciones que sí colmarían sus ansias de riffs asesinos e infinitos circle pits. Cada dos o tres días cuelgan un post rememorando los días de gloria de Pantera, o de The Who, pero siempre en un sentido negativo, siendo incapaces de gozar de la actualidad. Del lloriqueo ‘por todo lo perdido’ no salen.

Directamente ligados a los apesadumbrados exfans de Metallica hay los que se creen que seguimos siendo peligrosos, que esto es una subcultura amenazada por las hordas puritanas o el Ronald Reagan de turno. Él sigue vistiendo sus elásticos y creyendo que llevar un tattoo taleguero le sigue diferenciando del resto de borricos que pueblan la sociedad. En una misma frase, se lamenta de que el Rock Fest no sale en ninguna televisión, de que somos sistemáticamente ninguneados, pero a su vez, se quejará amargamente de que Black Sabbath suenan en un anuncio de coches. Esta cuarta categoría tampoco se ha enterado de que estamos en 2017, de que su juventud idealizada hace eones que pasó a la historia, y que está muy bien revivirla en los conciertos, pero que desde luego, ni su música es ya sinónimo de rebeldía o de maldad, ni somos especiales, pues hace años, desde la eclosión de la nación alternativa o escenas como la nu metal, que lo nuestro ha sido absorbido por la cultura popular, y por tanto, ha sido despojada de su autenticidad primigenia y asimilado por el sistema. Para ser más claros, en vez de atacar a H&M porque ahí se vendan camisetas de Cannibal Corpse o Megadeth, si tanto les molesta, deberían pedir explicaciones a Dave Mustaine o a Corpsegrinder por malbaratar su imagen estampando sus logos en prendas para pijas. Seguramente, con una reflexión de lo más cabal, estos dos les dirán la verdad: que tienen cuatro hijos y que deben comer, ya que hace diez años que no les compran un solo álbum.

El quinto espécimen es el que menos abunda, pero sin duda es el único que me interesa, es el único con el que da gusto conversar. Es el del matiz, el que analiza en vez de caer en conspiraciones, el que te comentará qué le ha parecido el último de Ulver, e igual te dirá que el synth pop no le atrae lo más mínimo, o al revés, que le flipa tanto su primera etapa de puro black metal noruego como todo lo que han ido publicando en los últimos años. Evidentemente, su anchura de miras le ha llevado a profundizar en el trabajo de los artistas, en escuchar en vez de prejuzgar, y el menosprecio como mecanismo de autodefensa o la pertenencia tribal hace siglos que ya no forman parte de su ideario. Concretamente, desde su adolescencia, claro está. En ocasiones puede ser brutalmente crítico con la obra de los demás, pero siempre será desde el conocimiento de causa, desde el estudio de campo. En este caso, por tanto, y a mi modo de ver, estamos ante personas maduras.

Claro, en este artículo he tratado de poner cara a la inmadurez que suele imponerse en la forma en las que las personas consumen actualmente el rock y el metal, ¿pero qué pasa al otro lado de la barrera? Pues tristemente, y como ya podríamos imaginar, existe exactamente el mismo fenómeno. Hay músicos que se muestran totalmente ajenos al círculo de cabreos constantes y declaraciones unilaterales de odio eterno hacia cualquier banda, promotor o festival que se mueva un ápice de lo que ellos esperan, pero también los hay muchísimos que no pueden, no quieren o no han sabido alejarse de eso. Recorren cada una de las palabras de las críticas que realizan de sus obras, luego las diseccionan en público, mandan emails a medios para tratar que modifiquen crónicas de sus shows en directo (siempre para mejor, claro), les corroe la envidia cuando grupos infinitamente mejores logran mayores cotas de atención, se quejan de que no aparecen en ningún medio cuando jamás se han planteado realizar una campaña de prensa… A veces, si uno ha basado sus redes sociales en la música, llega a ser de lo más cansino y deplorable el comprobar la nula capacidad de autocrítica que tienen la mayor parte de los músicos de este país, cuánta mentira idealista hay en los contenidos que vierten en las redes, y cuán inseguros se sienten ante sus obras como para que los comentarios negativos les afecten de esa forma. A mi entender, para ser profesionales de verdad, la única actitud sana y razonable ante una mala review (o una bochornosa) es la carcajada entre tu círculo de amigos. Te puedes enfadar, por supuesto, pero cualquier otra cosa, y sobre todo de manera pública, a no ser que sea flagrante o atente directamente contra la dignidad de la banda, me parece una soberbia manifestación de inmadurez. Una campaña de promoción internacional le haría falta a algunos, vaya que sí… Que empiecen alguna crítica de su disco con un “Para ser españoles, no están mal” como servidor ha visto en revistas alemanas, o que casi les cateen porque el redactor de turno considere que el nombre del grupo, o la portada, no se corresponde con el contenido musical. Ese tipo de arbitrariedades sí pone a una formación en vereda y le da ese pragmatismo, ese entrenamiento, para, a la larga, relativizar cualquier cosa que le venga.

Un antídoto para la inmadurez que yo recomendaría encarecidamente es la película American History X. Seguramente todo el mundo la tendrá en mente por la famosa escena del bordillo, pero lo realmente interesante de ese film es la lección que el director de instituto negro le da a Derek Vinyard cuando ya está en la cárcel. En resumidas cuentas, le dice que cada vez que vaya a mover un solo dedo, considere qué repercusiones positivas tendrá ese acto en su vida. Si uno aplica eso en cada una de las cosas que haga en su existencia, pronto dejará de rajar de Metallica, por muy divertido que sea a veces, para ponerse un pepinazo de Sodom o el nuevo de Municipal Waste. Escogerá según sus gustos entre un festival, o dos, o tres, sin necesidad de estallar en llantos y denunciar una supuesta saturación. No dejará que le domine la rabia porque Metallica ensayen con Lady Gaga, y seguramente caerá en la cuenta de que, lo único alarmante aquí, es que uno compruebe en cualquier entrevista que la artista pop es mucho más subversiva y polémica que cualquier banda de metal que haya salido en este siglo. Inspirará tranquilamente, expirará con toda la pausa posible, y aceptará que quizá ese redactor no conoce a Pig Destroyer o Full Of Hell y por eso relaciona su grindcore sólo con Napalm Death. Y para terminar, lo más importante: dejará a un lado el teclado para irse con su banda a celebrar que, por fin, su nueva obra está en la calle y, para bien o para mal, ya se habla de ella en los medios.

 

Pau Navarra, responsable de Edición de la revista RockZone y CEO de la agencia y sello Blood Fire Death.