La belleza de la humildad en Emily Dickinson

 

El viento comenzó a mecer la hierba” es una antología de poemas escogidas de la poeta norteamericana Emily Elizabeth Dickinson, nacida en 1830 y considerada una de las mejores voces de la poesía norteamericada de todos los tiempos. En la elección de este poemario ha tenido especial importancia la edición, puesto que Nórdica Libros sabe cómo ofrecer auténticas maravillas de la historia literaria como algo eterno que llega al presente como en su momento junto a ilustraciones perfectamente escogidas para cada obra. Leer joyas editadas por elles como, por ejemplo,”Las Flores del Mal“, de Charles Baudelaire, es una forma de hundirse aún mejor en la esencia de la poesía, en ese caso simbolista.

La personalidad de Dickinson nos sonríe mientras leemos su trabajo lleno de dulzura, y es que la delicadeza de sus palabras junto a las preciosas ilustraciones de Kike de la Rubia recrean una plenitud preciosa, es una experiencia increíble hundirse en estas páginas. Dickinson nos habla de la sencillez de la vida hecha magia, su experiencia rutinaria es vivida de tal manera que cualquier pequeño detalle se vuelve belleza, cada momento se pausa para poder ser contemplado en toda su magnitud y esencia, volviéndose especial e íntimo.

Emily Dickinson, la poeta.

Los poemas escogidos son veintisiete de las mejores creaciones de la poetisa, en una edición biligüe que nos permite tanto adentrarnos de lleno en la versión española como en la inglesa, la que salió directamente de ella, que suena con su voz. En estas poesías se denota un factor común: el análisis interno de Emily Dickinson en relación al mundo que la rodea. Siendo una persona solitaria, tuvo mucho tiempo para profundizar en su propia conciencia. En varios de sus poemas podemos sentir esa soledad que ya desde la infancia la acompañaba. Un ejemplo lo tenemos en el poema que empieza con el verso “Yo era la más menuda de la casa“, donde habla de sus queridos libros como el mayor divertimento y, a la vez, el refugio más buscado entre horas de compañía familiar. En estos libros cuyas palabras repasaba con fervor junto a un jarrón de geranios crea una rutina que prosigue a lo largo de su vida, como se puede leer en otros versos.

Todos los momentos narrados los pasa acompañada de figuras etéreas, como por ejemplo el viento, que la viene a visitar para, a continuación, abandonarla de nuevo en su alcoba. También le habla a las flores, al mar… pero, en especial, a sí misma, en una conversación constante sobre la belleza y la verdad, de manera sosegada y alejada de lo mundano y, casi, del contacto humano. Su sencilla y frágil versión del mundo nos es expuesta desde la sinceridad, hablándole a una amante a la que teme amar para perder, o a un jardín dormido que observa con cariño. La poeta nos habla desde la nostalgia pero siempre con carácter positivo. El toque melancólico que la caracteriza es capaz de describir el recuerdo y la esperanza, dándole personalidad a ésta y a otros elementos y emociones. Esta positividad se desprende desde la humildad de la autora, llamando a la fría noche -a la que no tiene demasiado aprecio- para ser arropada por ella tras el abandono del sol que la amparaba. La naturaleza es recurrente en la poesía de Dickinson, que elige desde animales frágiles como la mariposa, hasta frutos y demás flora que, adaptándose a una epoca del día o del año, pueden perfectamente describir un estado de ánimo.

Otro de los temas que no sólo se utiliza con un profundo toque inconsciente, sino que lo encontramos a nivel directo, es el de la muerte. Hay varias reflexiones poéticas y mucha simbología con referencias a esta materia, hasta el punto de verse en una conversación una vez ya enterrada la poeta. También se nota la influencia de las historias de terror de su época, haciendo suya la esencia en forma de introspección de los horrores de la mente y el alma humana. Teniendo en cuenta la época en la que fueron escritos estos poemas, es curiosa la transformación que, en manos de Dickinson, sufre este género para ser llevado al terreno de la oscuridad interna.

En esta edición se cuenta, además, con una colección de preciosas ilustraciones de Kike de la Rubia, artista madrileño que ha sabido comprender muy bien a la poetisa. Sus acuarelas acompañan y enriquecen el texto, favoreciendo incluso a la comprensión subjetiva de ciertos aspectos del contenido, como ejemplos simbólicos de los diferentes significados que pueden contener los poemas. Esta unión crea una comunión perfecta y hermosa que hace disfrutar de esta edición de manera sublime al adaptarse tan bien las ilustraciones con la poesía, siendo dibujos que retratan tan bien la soledad y la belleza de la sencillez y la austeridad.

Una de las mejores poesías que guarda esta antología.

Otro factor a tener en cuenta para leer esta obra es la traducción de Enrique Goicolea. En esta antología se ha tenido en cuenta no sólo la extracción del significado que Emily Dickinson quería dar a su poesía y su estilo propio, tan detallado y mágico, si no que, a su vez, se ha querido respetar a la autora y su orientación sexual traduciendo la poesía sobre su amante en una conversación hacia una destinataria femenina. También se ha tenido un buen detalle favoreciendo el lenguaje inclusivo al cambiar la palabra “man” por “persona” en el poema “I fear a Man of frugal Speech“.

Nórdica Libros ha elegido, en resumen, una magnífica compilación de poesías de Emily Dickinson y ha sabido añadir no solo una excelente traducción, sino gráciles ilustraciones para que la palabra y la esencia de la genial poetisa llegue a nosotres de una manera más que especial.

 

El viento comenzó a mecer la hierba (Nórdica Libros)

ISBN: 978-84-92683-86-4

Rústica con solapas

112 págs.

16,50 €