King Gizzard and the Lizard Wizard – Flying Microtonal Banana

King Gizzard and the Lizard Wizard – Flying Microtonal Banana (ATO Records/2017)

“Tan ácidos y bailables como siempre, en esta ocasión han decidido hacer que el disco gire entorno a sus icónicas y memorables melodías, tergiversándolas con saltos a los que nuestro oído no está acostumbrado y otorgándoles un aura de desconcierto respecto a lo que entendemos como rock.”

Con una perspectiva de cuatro/cinco lanzamientos para 2017, King Gizzard and the Lizard Wizard podrían ser fácilmente relegados a la categoría de los Buckethead y Omar Rodríguez-López, dentro de la cual probablemente sería cansado (tanto como medio como para nuestros lectores) reseñar tal cantidad de música de un mismo artista, pero lo cierto es que los australianos van mucho más allá del “grabo cualquier cosa que se me pasa por la cabeza” de esos artistas sobre-prolíficos.

Todo lo contrario a desapercibido, Flying Microtonal Banana (el primero de sus lanzamientos para este año) ha conseguido picos de ventas tan impresionantes como #2 en Australia y #1 en vinilo en EEUU, y no es de extrañar. Lejos de repetirse y de sonar poco inspirados, el septeto sigue trayéndonos innovación bajo el manto de sus evocativas premisas: esta vez no es publicar un disco en el que todas las canciones duran exactamente lo mismo (Quarters!, 2015) ni uno en el que estas conforman un loop infinito (Nonagon Infinity, 2016), sino lanzar el primer capítulo de una serie de discos en los que se adentran en la afinación microtonal.

La música microtonal es, por definición, aquella que utiliza intervalos más pequeños que el semitono, yendo más allá de las 12 partes equitativas en las que se puede dividir una octava. Si bien tanto en Asia como en África existen cantidad de variedades musicales y sistemas que utilizan este tipo de intervalos (el sistema tradicional hindú divide lo que conocemos como octava en 22 śrutis), la variación microtonal en la música “occidental” tan sólo se encuentra con frecuencia en el jazz, el blues y los espirituales (por motivos obvios). Contando con incursiones en la electrónica experimental, en el caso del rock ha sido algo, cuanto menos, anecdótico. No es sino sorprendente, dicho esto, la facilidad y la velocidad con la que Gizzard han conseguido hacer que su estilo acepte y amolde esa concepción y práctica musical.

Flying Microtonal Banana es un álbum que recoge aquello que hizo a Nonagon Infinity un clásico contemporáneo y lo transplanta a otro terreno, extrayendo el frenetismo e introduciendo un marco en el que lo principal es la armonía. Una inquietante armonía. Tan ácidos y bailables como siempre, en esta ocasión han decidido hacer que el disco gire entorno a sus icónicas y memorables melodías, tergiversándolas con saltos a los que nuestro oído no está acostumbrado y otorgándoles un aura de desconcierto respecto a lo que entendemos como rock. Más interesante aún es cuando coliden esas melodías de sus instrumentos con la voz principal, la cual en muchas ocasiones sigue una variación no-microtonal y genera disonancias que en su levedad se vuelven penetrantes y desquiciantes.

La imprevisibilidad de las melodías hace de este álbum una travesía emocionante, que desplaza al oyente de su zona de confort, pero a la vez la banda consigue que nos sintamos a gusto con ese desplazamiento ofreciéndonos un vehículo muy familiar como es el rock sesentero y una atmósfera de despreocupación y felicidad que casa a la perfección con su contrapunto rompedor. En el sector instrumental, por si no fueran suficiente sus guitarras eléctricas customizadas afinadas en 24-TET (el sistema tonal árabe moderno), también cuentan con una zurna en la mayoría de canciones, así como senda percusión y teclados: todo un arsenal perfectamente adecuado para transportarnos a su extraña retro-distopía.

King Gizzard confirman con este disco que han consolidado su personalidad en el punto dulce entre dos polos opuestos: experimentación y familiaridad, transgresión y radiofórmula. La senda que están tomando no sólo es inmensamente interesante a nivel musical, sino que es al mismo tiempo desafiante y fácil al oído. Si son capaces de seguir reinventándose y produciendo música que atrae a un espectro tan amplio de público, es probable que los veamos dar el gran salto en algún momento no muy lejano. Si consiguen que el resto de publicaciones de este año mantengan este nivel, desde luego se merecen el cielo. Estaremos atentos, por lo pronto, al lanzamiento de Murder of the Universe el 23 de junio y a sus primeros conciertos en España (31 de mayo en el Primavera Sound de Barcelona, 8 de junio en el Sound Isidro de Madrid).