Kendrick Lamar – DAMN

Kendrick Lamar – DAMN. (Top Dawg Entertainment, Aftermath Entertainment, Interscope Records/2017)

Kendrick Lamar mira hacia su interior, se aísla en las alturas y reflexiona sobre él mismo y lo que le rodea

Después de haber llegado a la cima, de haber querido luchar por los suyos y de que se le haya colocado en una posición de héroe en la que no se encuentra del todo cómodo, Kendrick Lamar mira hacia su interior, se aísla en las alturas y reflexiona sobre él mismo y lo que le rodea, sobre todo lo que le hace daño a él, a su país, a los que quiere, pero que no puede solucionar. Y sólo se le escapa un suspiro: Damn. Maldita sea. Y punto. Sin exclamación, no es una sorpresa: es una preocupación.

To Pimp A Butterfly fue tal bomba no solo en el mundo del rap sino de la música en general que nadie esperaba una continuación que lo superase, sino que nos preguntáramos hacia dónde continuaría la carrera del rapero. Todas las puertas se habían quedado abiertas. Lamar decidió poner el peso esta vez sobre el contenido emocional del álbum, con una producción totalmente contemporánea al contrario que la orgía barroca bañada en free jazz que se había desatado en su anterior trabajo. DAMN. se apoya en la repetición, en ritmos sencillos pero hipnóticos, con detalles que mutan en un segundo plano haciendo que la escucha sea fácil y el protagonista ocupe el mayor espacio posible con su amplio rango vocal. Tenemos a un Lamar agresivo, a un Lamar deprimido, a un Lamar niño y al adolescente, y a todos ellos podemos reconocerlos dentro de la misma persona. Habla, cuenta, reflexiona, se hace preguntas y se plantea dilemas, pero siempre en solitario o hablándole a un Dios que, a veces, me pregunto si será él mismo. En su relato también aparecen las voces de otros personajes –familiares como el primo Carl y sus lecciones vitales, el sampleo de un extracto de un programa de Fox News en el que se le acusa de incitar a la violencia con su música, la colaboración de Rihanna, que parece ni siquiera interactuar con él…- pero no parecen afectar esa mirada lánguida que vemos en la portada (de nuevo de Vlad Sepetov). La colaboración de U2 en el tema “XXX” era uno de los puntos calientes y ha quedado como algo meramente anecdótico, mientras que el músico Zacari se hace más relevante en su tema “LOVE”.

Si hasta ahora habíamos tenido siempre una imagen fuerte de Kendrick, esta vez ha decidido presentarse como alguien vulnerable, alguien que se encuentra dividido cuando su fe se desmorona y ve enfrentadas sus responsabilidad de llevar una buena vida con unas circunstancias que le han obligado a convertirse, sin embargo, en pecador. En DAMN. hay espacio también para los problemas raciales a los que se enfrenta EEUU desde siempre y que se han visto acentuados por Trump, problemas que algunos han convertido en ataques personales contra el rapero. También reconoce y trae de nuevo al frente su pasado: cómo pasa de ser un niño atemorizado por una madre que le obliga a hacer los deberes a ser un adolescente que empieza a ver la muerte paseando por su barrio para llevarse a amigos y familiares. Todo esto se encuentra en su ADN y no puede ni quiere esconderlo. Las contradicciones se acumulan en su vida del mismo modo que se anteponen algunos títulos de sus canciones: orgullo y humildad, amor y lujuria, la sangre y el ADN contra los mandatos de Dios. Este camino llega hasta la actualidad, donde cerca de cumplir los 30 se pregunta si podrá seguir en la cima siendo fiel (a sí mismo, a Dios, a su familia, a su música), si la industria querrá acabar con él o si podrá superar los distintos miedos con los que convive.

Pero la cosa no acaba aquí. En DAMN. hay también pinceladas de otros temas que le preocupan, convirtiéndolo en un álbum aparentemente sencillo en comparación con su predecesor pero que contiene varias dimensiones filosóficas que pululan alrededor de lo que mencionamos previamente. El salvador del hip hop no sabe si quiera si puede, si debe o si ha de salvarse a sí mismo antes que todo lo demás.