Jonathan Wilson – Rare Birds

Jonathan Wilson – Rare Birds (Bella Union Worldwide, 2018)

Un disco con los elementos suficientes como para que siempre encuentres algo tanto si lo tuyo es el rock progresivo o la psicodelia o un pop rock ligero que se rejuvenece y revitaliza con la máxima elegancia

Si empezase esta reseña diciendo que Jonathan Wilson ha compuesto su tercer disco alrededor de su última ruptura sentimental, seguramente podría sentir desde aquí cómo giráis los ojos y ponéis cara de “otra vez no, por dios”. O quizás no sois tan rancios como yo y os da igual. Aun así, y sin dejar de lado esta premisa, nos encontramos con una ambiciosa obra de la mano del músico y productor norteamericano que, a estas alturas del año, se coloca muy por delante en la carrera hacia los mejores discos del año.

El último par de años no es que hayan sido para recostarse sobre su silla guitarra en mano y trabajar tranquilamente en algunas de las canciones más bonitas de toda su carrera. Además de tener esta magnánima obra entre manos, ha trabajado también con Roger Waters (tanto en directo, formando parte de su banda como guitarrista y vocalista, como en estudio), con Father John Misty (produciendo su último y no menos ambicioso trabajo) o con la súper modelo reconvertida en cantautora Karen Elson, por citar solo una parte de la larga lista que mantiene al músico con las puertas de su estudio en Los Angeles siempre abiertas. En algún momento, entre disco y disco, giras, jams (es reconocido también por haber revitalizado la clásica escena de Laurel Canyon organizando jams en su casa en las que participan habitualmente músicos de bandas como Wilco, The Black Angels, Van Morrison o Bruce Springsteen), la vida sentimental de Wilson se vino abajo y, con la herida todavía abierta, decide aprovechar tanto lo bueno como lo malo para ir alimentando los temas que componen Rare Birds. No es un disco conceptual, aclara, pero tampoco niega que el eje temático central, así como esa intención sanadora y calmante que se pueden extraer de los temas, tienen mucho que ver con esa ruptura. Estos días he leído a alguien por internet que se cumple la siguiente fórmula: un corazón roto + tiempo = arte.

Cuenta el propio Wilson en un extenso press release que acompaña al disco que algunos temas cuentan con 150-200 tracks, un ansia por acumular e incluir sonidos que maneja con tanta maestría que, la verdad, no le pediríamos que quitase ni un sintetizador, ni un coro (sobre todo los de Lana del Rey, Father John Misty o Laraaji), ni una de las múltiples capas de guitarra, de ritmos programados, de atmósferas psicodélicas o de risas infantiles que vamos descubriendo a cada escucha y que dan forma a un disco redondo en todos los sentidos que nos puede mantener ocupados durante muchas escuchas.

Si ya conocéis sus trabajos, sobre todo el fantástico Fanfare (2013), sabréis que los grandes pilares del sonido Wilson son Bob Dylan y Pink Floyd; en realidad, y a pesar de haber nacido a finales de la década de los 70, el guitarrista maneja con soltura todo tipo de referencias de lo que hoy en día se sigue considerando como una época dorada: desde Neil Young pasando por Tom Petty o King Crimson. No obstante, sería injusto reducirlo a una mera lista de influencias ya que ha sido su objetivo desde el principio no solo homenajear sus maestros sino también reconvertir ese caldo de cultivo en un sonido propio.

‘Rare Birds’ mantiene y amplía ese marco sonoro con todo lo que nos trajo la década siguiente, con una producción al más puro estilo británico 80’s (menciona nombres como Talk Talk o Arthur Russell). La introducción de texturas electro-acústicas, pasajes de cuerdas, baladas a piano y los temas rockeros más simples en apariencia conforman un puzzle que Wilson ha sabido resolver a la perfección, dotando al disco de elementos suficientes como para que siempre encuentres algo que te guste, tanto si lo tuyo son estilos como el rock progresivo o la psicodelia o un pop rock ligero que se rejuvenece y revitaliza con la máxima elegancia.