Javier Gallego: “Con la poesía intento mancharme las uñas” (II)

Fotografía de Xavi Olmos

 

Cuando escribes o cuando lees lo que escribes, ¿Distingues al Javier Gallego periodista del ciudadano?

Yo siempre lo he dicho, no hay que desligar el yo periodista del yo ciudadano; de hecho uno de los problemas que siempre he aducido que tiene el periodismo, y que una nueva generación de periodistas ha tratado señalar, es que el periodismo se había desgajado de la ciudadanía, porque el periodista hacia su trabajo obedeciendo no al servicio público al que se debía sino al poder que le paga, olvidando que al final también sufren al otro lado, como si sufriesen bipolaridad, olvidan que son ciudadanos y sufren las consecuencias de las políticas de las que estoy hablando, y eso no tiene ningún sentido. Así que yo no diferencio al Javier periodista del Javier ciudadano, del Javier músico, eso es todo lo que soy yo, igual que tú eres todas tus facetas unidas de lo que haces y no las diferencias en casillas estancas.

Hay una serie de poemas dedicados a España, como “Anatomía de España”, “Un País Patas Arriba”…desde que los escribiste ¿ha cambiado en algo tu percepción del país en el que vives?

A peor, aunque era difícil (Risas) porque no tengo un concepto muy alto del país en el que vivo. Sí que lo tengo por personas que viven aquí, pero tengo una visión a veces desolada de España. “Anatomía de España” está claramente influida por Machado; me produce profunda tristeza que este país sea incapaz de salir del bucle, o del laberinto como decía Gerald Brenan en el que anda metido desde hace siglos, repitiendo errores, cayendo en las mismas desgracias, en esa mezcla entre el caciquismo, el amiguismo, la corrupción generalizada, la apatía, un miedo al cambio atroz que impide que el país avance o que lo haga a trompicones, y cada vez que se propone un cambio hacia el progreso suele ser con las armas; entonces desde que escribí esos poemas no ha cambiado en absoluto mi visión de la cuestión, creo que seguimos en el mismo punto, Sí creo que hay algunas luces en este horizonte oscuro pero desgraciadamente los poderes fácticos han conseguido nuevamente visualizar en la mirilla al enemigo y disparar con la eficacia que tiene un poder con muchos tentáculos. Aun así yo no me rindo y al final no nos queda más remedio, como dice Leonard Cohen, actúo como si fuera a cambiar las cosas aunque sé que esto no va a suceder; tengo que actuar con ese convencimiento, con ese pesimismo activo; aunque sea pesimista con respecto a la realidad no voy a dejar de movilizarme para intentar cambiarla. Hay muchas cosas destacables y positivas que han ocurrido en los últimos años, estamos viendo movimientos sociales y una toma de conciencia por una parte de la sociedad que no habíamos visto desde hacía décadas; una sociedad que se ha politizado, que está activa en la calle. Lo que me entristece ver es que el cambio es muy complicado, y en España aún más. España es un país que cada vez que ha tenido un momento de progreso lo ha aplastado con mano de hierro. Tenemos unas fuerzas vivas que son más bien fuerzas muertas y que matan todo lo vivo, y cada vez que alguien se sale del marco recibe la guillotina.

Volvamos al otro lado de tu poesía, esa que es física y corporal, donde hay mucho fluido, mucha secreción, ¿te inspira hablar de lo que se empeñan en ocultar por feo o escatológico?

Sí, sí, creo que al final lo de Crudo no es casual (Risas) Sí, es algo que me llama la atención y estéticamente me provoca, y creo que es provocador para el lector, y frente a una escritura que suele ser demasiado elegante y no quiere mostrar ciertas suciedades del cuerpo humano, en las que además hay mucha alegría, como has dicho los míos son poemas muy corporales, porque el cuerpo es el campo de batalla, y ahí es donde se perciben todas tus luchas, tus querencias, tus anhelos y tristezas…al final aparecen en tu cuerpos, en las arrugas, en la caída de los hombros, en el dolor de estomago, en el pecho asfixiado. A través del cuerpo hemos vivido momentos de placer, felicidad, y autoconocimiento más grandes; creo que el sexo es una forma de autoconocimiento, no solo en el sentido lúdico, que lo tiene, sino que cuando uno se lleva al extremo, cuando se deja llevar, se abre de par en par, se reencuentra a sí mismo, porque muchas veces acumulamos muchísimas capas donde no nos vemos que tienen que ver con el ruido que nos rodea y de repente en el sexo me encuentro, o me reencuentro, porque a veces no me escucho y no sé quién soy, y cuando me pongo a escribir poemas amorosos o físicos, de repente noto mis manos, mis dedos, mis piernas y pienso “Este soy yo”, soy un cuerpo. Hemos disgregado mucho nuestra mente de nuestro cuerpo y he intentado que el cuerpo fuera una vía de conocimiento, cosa que ya habían hecho los místicos y los grandes escritores de pornografía; Bataille y De Sade fueron en el fondo grandes filósofos que a través de la depravación y la corporeidad llegan al conocimiento de las partes más oscuras y ocultas del ser humano. Creo en el sexo y la poesía al respecto como forma de liberar todas las capas que te ocultan.

Esta temática unida a las presentaciones que haces en directo de tus poemas a mí, te lo he dicho más de una vez, me suena muy punk.      

Sí, puede tener una parte punk, industrial incluso, muy áspera muy cáustica. Cuando uno escribe poesía se enfrenta como nunca a uno mismo, es como la meditación, no por el lado de la ligereza sino por la profundización; realmente te tiras al pozo, y en el pozo está la mugre y el lodo. Me pasa lo mismo en mi trabajo periodístico; yo echaba en falta cuando empecé Carne Cruda que se hablase con más sinceridad y transparencia de la realidad. Aquí intento lo mismo con la vida; es lo que me mueve, el escarbar un poco en el subconsciente, y si al final tienes el atrevimiento de publicarlo es un poco como abrirse el cráneo y decir “Mirad”. Y si miramos en el cráneo de cualquiera de nosotros, hay de todo, aquello es un cuadro del Bosco

No te acobarda la provocación en un medio tan poco dado a ella como es la poesía

Echo en falta en la mayoría de poesía contemporánea que leo mayor crudeza, intensidad, ese espíritu punk que puedo tener como músico y persona; alguien me dijo una vez que era un desobediente nato. Echo en falta ese sentimiento aunque no digo que no exista; hace dos décadas teníamos el Realismo Sucio que tenía mucho que ver con el rocknroll, esa vida canalla, nocturna, los bares y la droga; esto no lo veo en la poesía que leo, que a veces es muy profunda y filosófica, echo en falta polvo. En un antiguo poema decía que los poetas no tienen suciedad bajo las uñas, y deberían tenerla. Yo empecé leyendo como uno de mis poetas favoritos a José Ángel Valente que es un poeta ascético, casi místico, y me apasiona. San Juan de la Cruz me gusta muchísimo, pero a mí lo que me sale por el mundo que me ha tocado vivir, por mi profesión y mi personalidad, es intentar mancharme las uñas.

En las presentaciones de “El Grito en el Cielo” te acompañas de músicos y proyecciones muy impactantes, creando un espectáculo. ¿Te ves a veces como un showman?

Creo que un comunicador tiene esa faceta, y más yo que he hecho un personaje de mi personalidad radiofónica, y que muestro en el escenario cuando hacemos programas con público, evidentemente creo que eso se contagia. Y además soy músico. Lo que he intentado en estos espectáculos es unir todas mis facetas. Siempre he subido a un escenario a tocar música, y entiendo que esa energía que se genera y palpita en escena va hacia el público. Aun así yo he visto a poetas recitar sin acompañamiento, pienso en Zurita, por ejemplo, con una intensidad abismal, como si la tierra hablase a través de él; la poesía leída simplemente puede ser muy poderosa. Yo quería ofrecer otra visión, juntando en estos espectáculos todas las posibilidades que soy capaz de ofrecer que tienen que ver con el showman, con el músico, y con el locutor capaz de interpretar sus poemas, no simplemente leerlos

¿Crees que la poesía impresa tiene más valor, más peso que un poema leído, por ejemplo, en Twitter?

Es difícil de decir, porque a lo mejor un poema con mucha profundidad y peso leído en una pantalla… en Internet leemos mucho de pasada, la lectura es muy disgregada e interrumpida, así que sería difícil encontrar la atención que necesitas para entrar en el poema. Con un libro es distinto, porque te encierras con él y vas entrando en un ritmo y en un rumor que al final te invade, eso es más complicado con una pantalla de ordenador, al final es un problema de concentración, que en estos tiempos es muy complicada, quizá por eso la poesía goza ahora de buena salud

¿Por la brevedad?

Precisamente. En mi caso intento que los poemas tengan validez en el papel, que se sostengan por sí solos, aunque creo que la lectura en viva voz los enriquece; quizá sea porque al ser músico me gusta mucho la sonoridad y eso se nota en el ritmo y la fonética de las palabras, pero es muy importante que el texto se mantenga en la página, siempre he escrito para la página, para el libro.

 

 

El grito en el cielo (Arrebato Libros)

ISBN : 978-84-943313-4-3

Páginas : 100

Rústica con solapas, interior a dos tintas. Sin ilustraciones.

Precio : 12 euros