Grajo – Slowgod II

Grajo – Slowgod II (DHU Records/Underground Legend Records)

A partir de una base conocida pero sólida y con actitud consigue introducir rasgos propios de su generación y de la herencia musical y cultural que ha recibido para dar una enésima vuelta de tuerca al género

 

Dos años llevábamos esperando para saber si lo de Grajo era la suerte del principiante, un buen disco hecho casi por casualidad que nunca más volvería a repetirse o algo más. El conjunto cordobés lanzaba en 2016 un aclamadísimo debut stoner/doom con un toque muy personal gracias, sobre todo, a la dulce aunque maquiavélica voz de su vocalista Liz en contraste con el carácter monolítico de la base instrumental propiciada por Josef (guitarras y theremin), Féliz (batería) y Pistolo (bajo). Dos años después tenemos la prueba de que no, no había sido suerte sino talento.

Los sevillanos Estudios La Mina han sido de nuevo la madriguera en la que este pájaro de alas oscuras ha ido escarbando y picoteando la dura piedra que constituye la base de este sonido doom con tintes psicodélicos y pasajes farragosos al más puro estilo stoner. El carácter hipnótico del género aparece guiado, como ya sucedía en el debut, por Liz y sus embelesadoras melodías, empapadas también de la influencia árabe con la que, como cordobeses, los cuatro han convivido probablemente toda su vida en cada rincón de esta ciudad.

Grajo se incorpora a un todavía pequeño pero creciente conjunto de bandas de tono doom surgidas en los últimos años que incluyen por fin a mujeres en formaciones tradicionalmente masculinas y consiguen, de esa forma, toda una nueva paleta y un lavado de cara del género gracias a las diferentes sonoridades y matices que solo ellas pueden aportar. En el terreno internacional se me ocurren algunas recientes como King Woman, Royal Thunder o Lucifer (aunque habrá muchísimas más y os animo encarecidamente a que me recomendéis las que conozcáis en los comentarios), y dentro de nuestras fronteras tenemos a Hela, cuyo último trabajo no puedo dejar de recomendar.

Otro punto positivo a favor de Grajo es que a lo largo de estas seis canciones, la mitad de ellas por encima de los 7 minutos de duración, la otra mitad por debajo de 4, hay espacio para la variedad y la exploración de las diferentes caras de un mismo dado. La pesadumbre y solemnidad con las que arranca “Altares” se ven contrastadas por la rápida y efusiva “Queen Cobra”, que con su regusto ochentero nos recuerda a bandas como Pentagram en su mejor momento hace ya más de tres décadas, para pasar después a explorar todo un universo de texturas y melodías en “Malmuerta” y rematar sobre un manto de sintetizadores y psicodelia con “Malestrom” después, eso sí, de haber comprado un billete de ida y vuelta al subsuelo a lo largo de los temas centrales, “Ǝr” y “Horror & Pleasure”.

Aunque ya lo intuíamos en su debut, Grajo confirma con este segundo lanzamiento su madurez y capacidad para defender un sonido propio y un lugar no solo en la escena nacional sino también la internacional, demostrando que todavía quedan cosas que decir y aportar a un género que algunos califican ya de completamente agotado. A partir de una base conocida pero sólida y con actitud, el cuarteto cordobés consigue introducir rasgos propios de su generación y de la herencia musical y cultural que ha recibido para dar una enésima vuelta de tuerca y hacer suyo un sonido perfectamente plasmado en Slowgod II.