Goldfrapp – Silver Eye

Goldfrapp – Silver Eye (Mute Artists Ltd., 2017)

El dúo británico logra alcanzar nuevas cotas expresivas en su música

Dulces tiempos eran aquellos en los que el electroclash –hace ya casi dos décadas con la tontería– era experimentado como algo fresco y novedoso, lleno de ironía, brillantina, glamour, textura ultrasintéticas – en el más amplio sentido del concepto – y mala leche. Mítica es la estela que dejaron tras de sí Chicks On Speed, Ladytron o The Knife dotando al pop de una actitud más canalla y transgresora de lo que era habitual en el mainstream coetáneo. Y el tiempo pasa incompasivamente para estos grandes nombres y no a todos – si es que acaso no se han extinguido ya – les resulta fácil encontrar su lugar en este renacer del estilo.

Afortunadamente contamos con gloriosas excepciones en este sentido: el dúo británico Goldfrapp logra con su séptimo álbum de estudio alcanzar nuevas cotas expresivas en su música, esta vez yendo más allá de su trip-hop de factura colorista. E incluso me atrevería a decir que en esta ocasión el color desaparece del todo en favor de un negro fulgurante y masivo. Un negro que tiene nombre y apellidos: Bobby Krlic – o para los amigos, The Haxan Cloak. El célebre productor dark ambient nos sorprende en esta ocasión con un cambio radical de registro aunando fuerzas con el conjunto pop sin renunciar a su característica densidad sonora.

El resultado es sencillamente abrumador: fuera de las fórmulas fáciles y pegadizas de estos diez cortes, que a fin de cuentas son la marca de la casa, la abismal oscuridad de la producción logra dotarlos de un aura sobrecogedora en la que la renuncia a cualquier elemento melódico se hace patente en su práctica totalidad. Fuertes drones, percusiones incisivas, atmósferas sombrías… Pero después de todo, sigue siendo pop. Y es que esa es la verdadera magia de Silver Eye: la de lograr una expresividad salvajemente efectiva simplemente a través de su acertadísima producción, que hace lucir en todo momento la sugerente voz de Alison Goldfrapp.

Y ya no tan sólo se trata de “Anymore” y su estribillo pegadizo como un caramelo podrido, que diría Jorge Ilegal. Los coros gélidos – casi inhumanos – de “Systemagic”, el cautivador estatismo de “Faux Suede Drifter” o la trascendental “Moon In Your Mouth” logran hacer de este disco algo sumamente distinto a lo que entenderíamos como un simple álbum de pop con relleno incongruentes. Pero pocas dudas me caben al afirmar que es la clausura “Ocean” la que puede llegar a conquistar hasta a los más reticentes con cualquier cosa que se llame pop; la dureza de sus sobresaturados bajos y la contundencia de sus percusiones reduccionistas son capaces de arrodillar hasta al chico más duro del mosh. Si no me creéis, haced la prueba con los altavoces bien fuertes. No os defraudará.