Probablemente nada más leer el título que precede a estas líneas a todos os haya venido una imagen tan recurrente como atávica cuando pensamos en los orígenes del Jazz: un entierro en Nueva Orleans, una banda, capitaneada por un personaje tocado con un sombrero de copa que agita una sombrilla de forma solemne y cadenciosa de camino al cementerio y alegre y sincopada cuando, una vez enterrado el féretro, deshacen sus pasos de camino a la ciudad mientras los componentes del cortejo agitan sus pañuelos y abanicos.

Permitidme un consejo, a pesar de lo aceptado del término y lo extendido de su uso, a ciertos componentes de estas bandas, conocidas como second line (la primera línea es para los familiares del finado), no les haría mucha gracia eso de funeral band. Son bandas de Jazz que tocan en funerales. Si tienes una banda y te contratan para tocar en una boda no te conviertes en una banda de bodas, ¿o sí?, bueno, ellos no.

La second line es una banda compuesta básicamente de instrumentos de viento con una pequeña sección de percusión. La composición de la banda y la idea de marchar en formación tras los familiares es de influencia europea, de la época colonial de Louisiana, una formación de estilo puramente militar. Los temas que se interpretan de camino al camposanto son de tradición protestante y católica basados o interpretados casi al pie de la letra; son cánticos espirituales que los africanos adoptaron junto a la religión que empezaron a profesar en su obligada llegada al nuevo mundo.

El camino de vuelta es otra cosa. Si por algo Louisiana en general y Nueva Orleans en particular deberían ser un ejemplo que seguir para hacer del mundo un lugar mucho mejor es por su capacidad de mezclar y asimilar todo lo propio, lo prestado o incluso lo impuesto. Religión, música, gastronomía, lo mundano, lo divino, lo cotidiano. Así, como decíamos, el camino de vuelta deja la solemnidad al traspasar el umbral, los espirituales dejan lugar al Jazz y los llantos al baile para asistir a una celebración de la vida del muerto y al ruego a los espíritus para que velen por los que se quedan. En pocos minutos nos olvidamos del In hac lacrimarum valle tan pesaroso y europeo para convertirnos en africanos danzando alrededor de una hoguera, en haitianos en pleno rito de Vudú. Colores, celebración, invocación a ritmo de Jazz.

Para muchos hablar de este tipo de Jazz para llegar a hablar de Doom les parecerá un sinsentido y precisamente por eso es por lo que siempre recomiendo a los amantes de cualquier estilo que echen la vista atrás y vayan juntando las piezas, que no han sido colocadas al azar. El puzle que es la música hoy día se ha ido creando a sí mismo sin contar con lo que los músicos tenían en mente.

La oscuridad que la mayoría asociamos al Doom Jazz llegó al Jazz tradicional por diversas vías; como amante de la concreción y enemigo acérrimo del estilo enciclopédico exploraré someramente sólo un par de esos caminos.

El camino más obvio y directo tras hablar del Jazz tocado en funerales es la influencia que el vudú, la santería, la palería y otras creencias relacionadas con el más allá, tuvieron en los músicos de Nueva Orleans principalmente; es difícil escapar de algo tan directo como lo que te rodea día a día. Bandas como la de Papa Celestin compusieron canciones contando la historia de personajes reales de esta oscura realidad como la de la Reina del Vudú, Marie Laveau.

Uno de los músicos indispensables para comprender la simbiosis a la que  nos referimos es Dr. John que adoptó en su música y su atuendo rasgos que le convirtieron en una especie de chamán, en una mezcla de sumo sacerdote con reminiscencias del Barón Samedi. Su voz gutural y lo atmosférico de algunas de sus composiciones deberían hacerlo indispensable para todo aquél que quiera acercarse y entender la evolución del Jazz hacia terrenos que hace años los amantes del rock menos ortodoxo ni siquiera habrían imaginado.

Otro de los caminos por el que las atmósferas más oscuras se abrieron paso fue, aunque parezca mentira, el cine. En 1951, Alex North compuso la banda sonora para Un tranvía llamado deseo; de formación clásica decidió incluir algunos pasajes de Modern Jazz para enfatizar algunos de los momentos más intensos de la historia, el resultado fue espectacular y algunos directores empezaron a recurrir al Jazz para respaldar sus historias, principalmente de género negro. Pero tuvo que ser en Europa, como ocurriría más adelante con el Rock and Roll, donde se llegaría a la excelencia en este aspecto. Para la mitad de los años cincuenta el movimiento cinematográfico francés conocido como Nouvelle Vague empezaba a convertirse en uno de los más influyentes a nivel mundial (aunque aún en ambientes más bien underground) y casi todos los cineastas adscritos se declaraban amantes del Jazz y su utilización en la reinterpretación a la europea del cine negro americano no podía resultar más natural. Los directores que más recurrieron al Jazz fueron Jean Luc Godard y Louis Malle. Fue este último el que filmó la película cuya banda sonora me ha llevado a incluir esta parte en el artículo. Ascensor para el cadalso, filmada en 1957 tiene una banda sonora de Miles Davis que por momentos nos sumerge en una profunda angustia, en un tipo de melancolía que sólo puede ser inducida por el Jazz.

Miles Davis, que repudió la época en la que se le relacionó con el Cool Jazz por pensar que se había renunciado a las raíces negras de la música empezó a utilizar rudimentos y tonalidades más oscuras durante el resto de su carrera. Para mí la mayor influencia para los amantes del Doom Jazz, el rey indiscutible de la oscuridad, más o menos disfrazada.

Aunque los términos Dark, Noir, Doom y algún otro (con las etiquetas jamás nos pondremos de acuerdo) son relativamente recientes, su aparición es más antigua y no me refiero a estilos como los que mencionaba anteriormente y su evolución. Me refiero a que este estilo ya existía, si bien quizá no como algo conceptual, prácticamente tal cual lo desarrollan las bandas actuales.

Los elementos, el tempo, la creación de ambientes oscuros o profundos llevan décadas en el Jazz y, aunque se suele citar como influencias del Doom Jazz a Angelo Badalamenti o el dark ambient, lo cierto es que algunas composiciones de músicos de los años 60 y 70 fueron las que pusieron la primera piedra para que todo esto tomara forma.

https://www.youtube.com/watch?v=OWvNTBU1F1c

Para finalizar quiero mencionar a tres bandas indispensables en la realidad del Doom Jazz actual (en los noventa se habrían metido en el saco del Nu Jazz sin esfuerzo alguno, y si el dependiente es avispado, hoy día te los encontrarías en el mismo cajón que Erik Truffaz, por ejemplo).

La primera de ellas y quizá mi favorita por la innegable influencia del Trip Hop que arrastran es The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble, un grupo formado en Holanda en el año 2000. Recomendaría especialmente su disco “Here be dragons”, plagado de arreglos de cuerda que me llevan desde Oriente hasta, aunque parezca mentira, la reinterpretación que hizo del tango Astor Piazzolla. Un combo indispensable que podría ser la banda sonora perfecta para algunas obras del expresionismo alemán cinematográfico.

La siguiente es la misma pero con otro nombre, The Mount Fuji Doomjazz Corporation. Más experimental, creando atmósferas sofocantes con increíbles arreglos de cello y saxofón. Más oscura. Sería perfecta para acompañar las escenas más descabelladas imaginadas por Clive Barker.

En activo desde 1992 y grabando por primera vez en 1994 y por último, la que es en mi opinión la más clásica en cuanto a concepto de Jazz y formación, Bohren and der Club of Gore, desde Alemania. Quizá también la más clásica en cuanto al concepto de ambient sin renunciar ni un momento al modo de composición tradicional, algunos de sus pianos recuerdan al Nick Cave más religioso, sus órganos al Tom Waits baladista y su saxo parece grabado por Miles Davis en el “Tutu” o el “Aura” pero arreglado por Chet Baker en la época de “Let’s get Lost”.

El anhelo por mirar en nuestro interior, la necesidad de abrazar nuestra parte más oscura y, en definitiva, el deseo de disfrutar de ese viaje, llevan teniendo banda sonora desde que el hombre fue capaz de crear sonido. El Doom Jazz no es más que otra etapa más, una etapa tan confortable como inquietante.

Este artículo fue escrito escuchando (casi exclusivamente):

The Jon Spencer Blues Explosion: Now I got worry

Tom Waits: The black rider.

Nick Cave & The Bad Seeds: The first born is dead.

(Artículo publicado en Rock I+D nº 6, Septiembre 2016)