Foo Fighters – Concrete & Gold (Sony Music, 2017)

“En conjunto mucha variedad y una exquisita ejecución por parte de la veterana banda, que como el vino va mejorando con los años”

Si el rock vive aún buenos tiempos, en cuanto a seguimiento de público e influencia, parte de culpa se la hemos de achacar a Foo Fighters, convertidos en los últimos años en una gran banda llena-estadios, con el carismático Dave Grohl como imágen visible.

Concrete & Gold, álbum que ha aparecido casi al mismo tiempo que el de sus compañeros de fatigas, Queens Of The Stone Age, con el que guarda ciertos parecidos, no en lo estilístico pero sí en lo atrevido de su actitud, y como no en la variedad de sus canciones, que rompen un poco con la monotonía del estrofa-estribillo al que nos tenían acostumbrados. Si este disco lo hubieran sacado hace diez años quizá no hubieran alcanzado tan altas cotas de popularidad, porque de entrada no es un álbum tan facilón como In Your Honor o Wasting Light. Eso no quiere decir que no cuente con dos o tres himnos, que funcionarán a las mil maravillas en sus multitudinarios conciertos, como pueden ser “Run” y “The Skay Is A Neighborhood”.

Como antesala del álbum la breve y concisa “T-Shirt”. Una declaración de intenciones en apenas un minuto y pico que condensa a la perfección el tono, la épica y el mensaje de este Concrete & Gold. Reveladores los dos primeros versos de la canción “I don’t wanna be king/I just wanna sing a love song”. ¿Alguien dudaba de la humildad de este grupo, que se ha ganado con creces su posición, y su cercanía con los fans?

El disco recoge múltiples facetas de los Foo, con algunas sorpresas entre sus canciones. Por ejemplo en “Run”, tema que recoge el testigo de “White Limo” con esas estrofas de tono heavy en las que Grohl se desgañita a placer mientras despacha un estribillo difícil de no tararear, en la ya mencionada “The Sky Is A Neighborhood” con un pulso épico elevado hasta el paroxismo (ideal para estadios) o en “La De Da” con un riff inicial con toques de rock electrónico que desemboca igualmente en un estruendo de gritos, bilis y actitud stoner. Tres imprescindibles de este repertorio.

Por otro lado tenemos la balada imprescindible en “Dirty Water” un tema con aura a Wilco, un guiño al folk en “Happy Ever After (Zero Hour)” y cierto aire ochentero en “Sunday Rain”. En conjunto mucha variedad y una exquisita ejecución por parte de la veterana banda, que como el vino va mejorando con los años.

Foo Fighters son la banda del momento y la esperanza de ese rock “clásico” que poco a poco va languideciendo ante las nuevas tendencias musicales, aunque mostrando ese músculo que solo el rock puede presentar ante las adversidades. ¡Larga vida a los Foo!