“ESTO NO ES GRIND SERIO”

“ESTO NO ES GRIND SERIO”: A VUELTAS CON EL GÉNERO DEL GRINDCORE Y LA CREATIVIDAD MUSICAL CON LEAD COFFIN.

En diciembre de 2016, el grupo sevillano Lead Coffin anunció en las redes su EP Contra el Eje del Mal con el siguiente texto: «Rita Barberá se levanta de su tumba al ver el teaser de Lead Coffin diciendo “Me largo! Esto no es grind serio!”» La portada, claramente inspirada en la estética del cómic, muestra una lucha de titanes al estilo Godzilla, con Sevilla como escenario. Ante la Giralda lucha un adulterado Curro, la mascota de la Expo 92 de Sevilla, contra Jocántaro, el mítico monstruo de la película de serie B Karate a muerte en Torremolinos. Es evidente que el sentido de humor no falta en este grupo ¿Pero por qué hablar de un grindcore poco serio? ¿Es una cuestión de la estética del grupo, ya sea en su imagen o en los aspectos formales de su música? ¿O se trata precisamente del uso del humor surrealista y la sátira?

Portada del EP Contra el Eje del Mal, de Lead Coffin. Portada diseñada por Jesús Briosso Mata.

En un primer término, este hecho llama la atención ante un género que, como bien explica Salva Rubio en el primer volumen de Metal extremo (editorial Milenio, 2011) está considerado como «uno de los estilos más importantes en términos de ruptura de fronteras musicales», con múltiples inspiraciones musicales más allá de sus raíces punk o metal. Además de la brevedad de sus canciones y su velocidad, se caracteriza por «una interesante originalidad y unicidad ética, estética y formal de la que carecen otros estilos más, a priori, comerciales». En segundo lugar, respecto a la seriedad del mensaje, es evidente que el grindcore es uno de los estilos donde más se expone un mensaje activo y directo de implicación política, cargada de crítica social. Se podría considerar los subgéneros del goregrind o pornogrind sus vertientes más escatológicas o humorísticas; pero se aleja mucho de las reivindicaciones. Aún así, el grindcore del mismo modo que hereda el factor político del punk, recoge el legado de esta cultura incluyendo letras nihilistas, provocativas, autodestructivas o incluso auto-paródicas. El humor ha sido siempre un arma política y un instrumento de profunda crítica social; por lo tanto, no podemos decir que la broma pueda restar gravedad al problema que se denuncia a través de la rabia y la fuerza del grindcore.

En Lead Coffin, basta escuchar su música y ver sus títulos para ver la aplicación de estos elementos básicos, sobre todo en lo que respecta su originalidad musical con una visión paródica y surrealista en sus letras. Ejemplo de ello es el uso de instrumentos poco habituales como armónica o cello; o canciones como Frango a morto, que en mitad de su torbellino grindcoreta (en un portugués loco y sin sentido) incluye un estribillo al estilo surf-rock; o letras como Alcadesas de Pino (Pinocho Alcalde), que hacen alusión a las estatuas de vírgenes proclamadas alcaldesas eméritas. Aún así, todo esto no termina de aclarar la cuestión la supuesta falta “seriedad” de su grindcore, y que lleva implícito un debate general que, además, implica también otros agentes que construyen de un género: los medios y el público.

La formación actual de Lead Coffin. Fotografía de Miguel A. Galindo.

Hablamos con sus miembros: Sr. Güano (voces), Gzú (bajo, voces, cello, armónica), Miguel (guitarra y voces) y el Largo (batería y samplers). Repasando su trayectoria previa a Lead Coffin, se observa que sus caminos convergieron en el grindcore a través del death metal. Los recursos y posibilidades estéticas del grindcore resultaban más atractivas e identificativas para sus miembros que aquellas del death metal, mucho más estrictas y delimitadas. Pero no era sólo por una cuestión formal en lo musical: la ética que caracteriza y define el grindcore, basada en la filosofía del punk y del do it yourself, proporciona un mayor grado de libertad en la creación musical y su consecuente grabación y difusión. Así lo comenta Gzú:

Yo creo que también estábamos todos buscando un poco eso. Veníamos de un estilo, que es el death metal, en el cual tú no puedes sacar un disco grabado en tu propio local. No puedes montar un bolo en tu propio local, tocando con los amplis-combo a pelo. No podías hacerlo porque el público te rechaza si lo haces. No te llamarían a un festival de death metal si tú has grabado el disco en tu propio local de ensayo y has hecho el master tú mismo.

Eso lleva precisamente a que no se plantee la necesidad de contactar con un sello discográfico para poder mover sus grabaciones, o tan si quiera la aspiración de conseguir un contrato. En otras palabras, como señala Salva Rubio en su manual, se adopta una ética anticapitalista aprovechando al máximo los recursos propios, y en la que no se busca una rentabilización estrictamente económica sino sobre todo social y creativa (conciertos, seguidores, etc.). En las palabras de Gzú se denota esa idea claramente, y presenta el grindcore como “el estilo más humilde”:

 No tenemos intención de llegar a más; ya estamos donde debemos estar. En el metal, es la reproducción del sistema de empresa: entro en la empresa, yo estoy abajo, dentro de dos años me ascienden, me ascienden, me ascienden… y los grupos van pensando en ascender y ascender, y dentro de 10 años estaré arriba. Nosotros, no. No queremos llegar a ningún sitio. Por suerte tenemos trabajo, y por suerte no tenemos que hacer esto para comer; así que podemos hacer lo que nos dé la gana. […] Nuestro único objetivo es tocar en festivales de España y Portugal y conocer peña. Luego, si te la encuentras en otros festivales, te hartas de reír.

Entramos en la cuestión de las letras y de la estética, que ya el nombre del grupo (en español, Ataúd de Plomo) nos da pistas. En su momento, era cuestión de escoger una temática y una identidad y, como dice el Largo, “todo lo que metes en un ataúd de plomo es algo que no quieres ver ni en pintura”. Optaron entonces por “la estética grotesca del teatro-pánico de Fernando Arrabal”, relacionada a su vez, como señala Gzú, con una percepción de la sociedad “esperpéntica”: “es el reír por no llorar, hacer bromas de lo que realmente es una tragedia; ese es el grotesco”. Esta propuesta terminó encontrándose con la exageración y el humor negro. Gzú, a la hora de escribir las letras, toma como referencia Jello Biafra, o Evaristo de La Polla Records: “no dice ninguna tontería, ninguna de sus letras son idioteces; todo lo que dice es verdad y está dicho con mucha finura, con mucha cabeza”. El factor andaluz del grupo no se  traduce en una mera cuestión de identidad, ni en un supuesto carácter inherentemente humorístico o exagerado; sino que funciona como un punto de partida para esa reproducción de la sociedad esperpéntica que vivimos. Sigue Gzú: “la influencia musical no tiene que ver con Sevilla; es la temática que hemos cogido como objetivo para lanzar las burlas. Pero podríamos estar hablando de asesinos en serie de Wisconsin”; “sería lo más cómodo, lo más fácil”, añade Miguel. Continúa el Largo: “somos de las regiones más ricas para pegarle ostias. Podemos darle ostias porque lo conocemos: podemos hablar de la Semana Santa, de la portada del ABC, del Rocío… lo que pasa que no nos queríamos centrar en localismo, hablar de barrios de Sevilla y de historias privadas, porque la gente no lo entendería”. “Además conocemos el porqué de todas estas cosas”, añade Gzú; “somos conscientes de por qué exactamente nos molesta, porque estamos inmersos en él. Procuramos que la broma sea a nivel nacional, y aún así hay gente que no les parece seria”. Finalmente, su imagen se encauza por la estética quinqui y bizarra de la década los 80 y los 90, para no entrar en ese mencionado tópico del gore y el terror grind. “Decidimos hacer un poco de terror nacional con las películas de yonkis de los 80” dice Gzú; a lo que Miguel añade: “es que lo que contaba Evaristo en sus letras, hace 25 o 30 años, no se está equivocando en nada [respecto a la actualidad]”.

Dejando por un momento la cuestión de las letras, es el turno de hablar sobre la propuesta musical del grupo en relación con los aspectos formales del estilo. En una ocasión Rubén, autor del blog de metal extremo Ruido-Noise, propuso a la web Metal Archives incluir a Lead Coffin en su base de datos como banda de grindcore; pero su propuesta fue rechazada. Ellos ríen recordando aquella anécdota: “¡Ahí fue cuando nos enfrentamos a los ortodoxos!”. Miguel aclara que fue totalmente iniciativa del autor del blog Ruido-Noise[1]:

Otro guiño paródico a las bandas de estadio: el particular Eddie de Led Coffin, Curro Cadaver. Fotografía de Juan Ferrando.

No nos preguntó, no hace falta porque es amigo. Se pegó una currada de meter fotos y discografías, y le mandaron un mensaje diciendo que somos demasiado punkie-crustie para entrar dentro de su círculo inner circle. El cogió un cabreo de cojones pero a mí me la suda que no me quieran meter dentro de su círculo. ¿Me dicen que soy muy crustie o muy punkie como un insulto? Es que a mí no me están insultando.

El debate entra en escena cuando el Largo apunta que “el problema es que haya tantas jodidas etiquetas, y tantos géneros y sub-géneros y sub-géneros y sub-géneros…”. Miguel defiende que los géneros y subgéneros deben existir, e incluso que “el metal prostituye todos los géneros”. Por su parte, Gzú comenta: “Yo creo que el grindcore es una emulsión, viene también del metal; tiene altas cantidades de metal”. La pregunta entonces sería cuál sería la definición del grindcore. El primero en responder es Gzú, yendo más allá de la cuestión formal de la música:

Es una especie de hardcore influido mucho por el metal y que llega por los carriles del metal; porque no sólo es la influencia musical, sino el carril por el que te llega. Chochos y Moscas, por ejemplo, es un grupo de grindcore; pero no van por la trayectoria del grindcore, están trabajando por medio de la música indie. Napalm Death, cuando llegó a Sevilla, a mí me han comentado gente de la época que se movía en el mundo del indie (mi primo concretamente, que ahora tiene 50 años y tocaba en grupos punk) que ellos no conocían ni Terrorizer ni Morbid Angel. Ellos conocían Napalm Death ¿Por qué? Porque ellos lo introdujeron por el tema del indie. Entonces una cosa es el estilo que tú hagas, otra la ética que tú lleves, y otra es el terreno por donde está fluyendo tu música, a dónde llega y de dónde viene. Entonces, yo creo que el grindcore, aparte que sea una música en esencia hardcore, tiene sonido metal, y con actitud punk; pero bebe en gran parte del metal.

Miguel, aunque no está de acuerdo en muchos puntos, subraya el hecho que el grindcore “sigue evolucionando; y siguen fusionando, y siguen sacando diferentes sonidos”. Entonces si se entiende este género como uno de los más transversales y rompedores en cuestión de etiquetas y temáticas ¿Por qué decir que el grindcore de Lead Coffin no es serio? ¿Existe una ortodoxia en este género? El Largo responde: “Nos salimos mucho de los cánones habituales del grind, con muchos interludios y muchos estribillos… nos acercamos más al punk y al rock convencional que al grind. Grind serio, de los talibanes del grind, no. Si coges a los pilares del grind, está claro que no nos parecemos a eso”. Gzú matiza: “Sí, pero los talibanes del grind son muy recientes; y eso de que nuestro grind  no es serio, en realidad, nos lo han dicho muy pocas veces”. Aún así, Gzú no deja de criticar esta cuestión y mira a la esencia experimental del género:

Yo creo que sí hay mucha ortodoxia y, en ese aspecto, Contra el Eje del Mal es el menos serio de todos nuestros discos, sobre todo por las influencias. Metemos por ejemplo un blues que dura 4 minutos. El grind en sus inicios, y en los 90, bebía de todo. El grind es una esponja: es un estilo esponja en que puedes meter blues, jazz, psicodelia… y ahí están bandas como Impetigo, Exit 13, Clotted Symmetric Sexual Organ. Sin embargo, ahora se ha establecido como que hay un esquema del grindcore. Ahora tienes que hacer una música como la de Looking for an Answer, o de los Nazgul, o de los Disturbance. Eso es un tipo de grindcore, pero no el único que hay. Parece que si no haces eso, no eres serio. Bueno, se puede ser serio en otra cosa: a mí no me parece serio hablar de un pitbull que se escapó y devoró una familia entera.

¿Y si la letra no es sobre tema socio-político, deja de ser grindcore? Miguel defiende que ese trasfondo es necesario, aunque el Largo discrepa y lo ve desde una opción más nihilista: “¿Por qué tiene que hablar de algo?”. Por su parte, Gzú comenta que la letra “no puede determinar un genero. Pero es la música, y la actitud por supuesto. Hay grupos que no dicen nada ¿Entonces no tienen estilo?” Ante este debate, no es de extrañar que el panorama o la industria musical sea también el objeto también de sus críticas y bromas. Basta ver las alusiones a la problemática musical con la canción 80 €uron Maiden, que Gzú explica de este modo:

Las bandas de estadio, como Slayer, Iron Maiden, y todos estos que estamos hablando son unas bandas que han entrado en un entramado que yo ya no sé si llamarle banda, compañía o empresa. Entonces bandas como Slayer, que empezaron humildemente, ahora son una empresa. Se mueve por la rentabilidad capitalista. Entonces somos críticos con ellos también.

Miguel sigue matizando, porque no dejan de ser bandas que empiezan desde abajo y que, al fin al cabo, admiran. “Básicamente se respetan. En ningún momento se critica la carrera musical de los Maiden. Lo que se critica es lo que viene después: que pagues 80€ por un concierto en Sevilla”. Entonces es cuando se dirigen la “pullas al público”, como diría Gzú:

Un público que no va a un concierto de 15€ porque dice que es caro y, sin embargo, va a Maiden por 80€. Yo no estoy en contra de las personas que pagan 80€ por ver a los Maiden, siempre que pague 5 por ver Looking for an Answer. Ya lo dijo Baudelaire: el público es como un perro que cuando tú le acercas una mierda, pues la huele, pero si le acercas un pañuelo con perfume, estornuda. Yo no digo que seamos el perfume, pero la mierda sí que la huelen bien.

Lead Coffin en acción, en el Brutoslogo 2017 de Palencia. Fotografía de Miguel A. Galindo.

Con Tributo a mis cojones sigue esa crítica al público, aunque con las bandas tributo como foco del problema que, tal como detalla Gzú, salpica además a artistas de composiciones propias.

Las bandas tributo entran en un bucle peligrosísimo para la creatividad; por tres factores, y el más peligroso de los tres es el público. Está las bandas en sí, que tienen que tocar para pagar las letras de sus casas; y si tocan temas propios y no ganan dinero, pues tocan temas de Guns ‘n’ Roses. También está el tío del bar y del local; que tiene que pagar las facturas de su negocio. Un día que toca Lead Coffin no le compensa, porque no llena. Aquí el problema está en el tercer factor: el público. ¿Por qué al público le interesa más un concierto de tributo de Guns ‘n’ Roses que un concierto del Drogas? ¿Por qué un creador tiene la sala por la mitad y un banda tributo lo llena? La mala educación. El público está educado por la inmediatez. El público tiene una mayoría de gente que va a pasárselo bien con los amigos y emborracharse, en vez de escuchar música. Si me pones temas de AC/DC que llevas escuchando más tiempo, que para mí es más sencillo, es más fácil emborracharte con los amigos. Otros grupos te requiere un razonamiento, entenderlo, ver a qué te recuerda… un esfuerzo memorístico, intelectual.

Miguel insiste que no es que sea una crítica centrada simplemente en una banda grande o en una de tributos; sino que va dirigida a la gente que, en realidad “no apoya a la escena” mientas se queja que no hay nada. Gzú añade:

Eso de la escena, además, es una palabra que se utiliza ahora y mucho de manera política para hacerte sentir mal si no vas a los sitios. La palabra “escena” se utiliza no para beneficio, porque nadie gana dinero con esto; pero para quejarse de que no te ha ido bien. La culpa es de otro. La escena para mí somos los 15 que hacemos una fiesta en el local, porque luego los otros es que sí que no los conozco.

El Largo va incluso más a un problema raíz:

No me meto con que seas religioso o que te guste la Virgen del Rocío; yo me meto con que seas durante todo el año un tío completamente contrario al cristianismo, y durante una semana seas el más creyente del mundo. Nos quejamos del tío que se gasta 80 pavos en un concierto una vez al año y después en todo el año no va a ninguno y se queja que no hay nada en Sevilla. Nos quejamos más que nada de la hipocresía. No me meto con que se vaya a ver un concierto de tributo o de 80€, sino que no vengan a ver un grupo con canciones propias.

Aquí está el fondo de la rabia de Lead Coffin. En definitiva, el elemento común que permite criticar todo a la vez en un mismo EP, los tres ejes del mal tal como se describe en sus créditos: a la “Idolatría Cañí”, la “Escena cadáver” y los “Patriotas Marca España”. Es la hipocresía y la incongruencia; o como precisa Gzú, “la falta de consecuencia”: “es la idolatría lo que te lleva adorar una imagen de madera o una persona que está bajo la firma de Iron Maiden”.

En conclusión, Lead Coffin personifica que no necesariamente su estética o sus letras deben ser realmente ‘serias’ para demostrar un grado, si se puede decir así, de grindcore. Se podría entender que la etiquetación de la música se debería entender más como una directriz, una guía para el público, y no como la determinación de la creatividad constriñéndolo en un modelo. Quizá este caso puede ser servir como una reflexión (e incluso una autocrítica, según como se vea) en lo que respecta el público o los medios, y particularmente en sy influencia sobre posibilidades de difusión y creación musical. En el caso del grindcore ¿Qué sentido tiene seguir modelos en un género cuya ambición es romper barreras estilística y no contar con el beneficio económico? En teoría, la ortodoxia no tendría fácil cabida aquí cuando de por sí el carácter punk apuesta por la transgresión y la personalidad. ¿Pero debe imperar el “todo vale”? Hay sigue (y seguirá) el debate. Mientras tanto, el grindcore se impregna en el espíritu del do it yourself que conduce a una exploración propia y, sobre todo, saber bastarse por sí mismo y cuidar su música; una idea que, por cierto, defiende la asociación punk Andalucía Über Alles[2]. Lead Coffin son claros: no serán serios u ortodoxos a la hora de su música y sus letras ¿Pero quién necesita serlo cuando su crítica y su carácter muestran claramente su esencia grindcore? Ellos ya son la broma y el ruido molesto que machacan profundamente al rancio e hipócrita, y desmitifica los ídolos de la sociedad española a la orilla del Guadalquivir. Es grindcore desde Sevilla.

[1] http://ruidonoise.blogspot.com.es

[2] https://andaluciauberalles.blogspot.com.es/2017/11/iv-festival-andalucia-uber-alles.html