Endora

Dios nos libre, parece que a los baterías les ha dado por escribir. No contentos con practicar paradiddles sobre cualquier superficie molesta, últimamente copan las estanterías de las librerías musicales. Estaré de acuerdo en que las autobiografías de Ginger Baker o Questlove resultan interesantes y la amarga historia de Levon Helm es imprescindible. Hace poco Eric Jiménez nos encandilaba con Cuatro Millones de Golpes, y ya hablamos de los poemas de Javier Gallego. Pero vamos, es que hasta Steven Adler y Tommy Lee se animaron a contar lo que recordaban (poco, imagino).

Ricky Lavado

Si has llegado hasta aquí, sabrás que Ricky Lavado fue batería de los añorados Standstill, ahora en Egon Soda o Mi Capitán, entre otros, y este mes de Marzo presentaba su primer libro, Endora, publicado por la editorial andaluza Bandaàparte Editores(en una edición esmeradísima, por cierto). Entonces, ¿otro libro sobre batería? Afortunadamente no. Endora era el nombre de un fanzine que publicaba Lavado en su adolescencia, centrado en sus pasiones juveniles, el hardocre y el mundo del skate. Sinceramente me esperaba una autobiografía al uso y me encontré un libro de relatos, experiencias vitales, recuerdos escritos con un trazo casi impresionista, pinceladas que se van mezclando a lo largo de la narración; las historias arrancan y terminan en un suspiro, y la pasión que imprime Ricky en cada línea hace que te identifiques fácilmente con el chaval de barrio, con el adolescente confuso o con el músico que logra girar por Europa con sus amigos.

Endora nos descubre una galería de personajes variopintos, y cada uno de ellos parece suscitar diferentes facetas en la personalidad de Lavado; resulta llamativo cómo le vamos conociendo a través de las opiniones que le merecen las personas con las que se ha ido cruzando: en uno de los capítulos (Los Otros) se maravilla con la multitud de posibilidades, de ejes argumentales que encontramos a diario al cruzar una mirada, gente que recordamos a pesar de no tener ninguna influencia en nuestra existencia. “Cada uno de esos recuerdos representa una subtrama potencial en mi historia […] líneas argumentales no desarrolladas en el guión de mi vida” También dedica páginas a reflexionar sobre la huella que dejamos en los demás o la que dejan en nosotros con un contacto mínimo, un breve intercambio de palabras que se instalan en la memoria. Pronto te das cuenta que no es un libro de baterías; Tommy Lee no desarrolla estos pensamientos (creedme, leí su libro)

Con otro punto en el que cualquiera de nosotros se va sentir identificado es con la importancia de las canciones: hilarante es la historia en la que un punk le abre la cabeza en un concierto de NOFX y, en lugar de curarse el tajo sangriento, sigue lanzándose al público en plena efervescencia musical. Lavado subraya el poder inherente que emana de una canción y cómo son las canciones las que marcan nuestra personalidad y definen lo que somos.

Otro aspecto destacable es su eclecticismo: lo mismo se emociona (y te emociona) hablando de Refused o Bad Religion que recordando un concierto de Duncan Dhu (en su infancia), o chiflando con Shakira (en su madurez). O en uno de los mejores momentos del libro,  recordando Mediterráneo de Serrat y relacionándolo con los recuerdos de su padre, en un pasaje hermosísimo y emocionante. Pero también hay lugar para el lado oscuro, como cuando describe un trabajo en un piso con gente en rehabilitación, en un crudísimo relato de las cloacas mas chungas de la sociedad.

Ricky Lavado escribe estupendamente, y supongo que es porque lee estupendamente; el relato está trufado de menciones a Vila Matas, Kerouac, Mazzucchelli, o el recuerdo de leer a Celine mientras Standstill recorrían Europa en furgoneta: “[…] Yo leía Viaje al Fin de la Noche  y veía como Bardamu se iba enfrentando a lo más sucio y oscuro del ser humano, y de la misma manera que me veía obligado a reflexionar sobre el mal, sobre lo chungas que podemos llegar a ser las personas y sobre el hijo de puta que todos llevamos dentro, me tranquilizaba ver la otra cara de la moneda en las carcajadas compartidas con mis amigos y en todo lo que estábamos viendo[…]”. Este fragmento resume a la perfección la dualidad que Ricky Lavado nos presenta sin sonrojo; por un lado queda meridianamente claro que es un tipo noble, uno diría que incluso tierno, no creo que eso se pueda disimular. Pero por otra parte se despacha con opiniones alejadas de la corrección política y declara sin ambages que considera que matar puede estar justificado en ciertos casos; “Hay muertes que me harían feliz. Las personas pueden ser maravillosas […] diría que la mayoría lo son, pero también está la otra cara de la moneda, los malos. Los malos de verdad”.  Estas sacudidas convierten Endora en un diario íntimo y valiente, por incómodo que pueda resultar; yo no creería del todo a Lavado si todo fuera bailar escuchando a Shakira en el metro o viajando en autobús desde Madrid a Chipiona con las juventudes cristianas coreando “Ya está aquí, ya lo veis, Benedicto XVI”.

Endora es un relato sorprendente y estimulante, en el que Lavado convierte lo cotidiano en algo destacable y disfrutable, además de un viaje iniciático de un tipo corriente y cercano. Una lectura breve, serena y estimulante.

ENDORA – RICKY LAVADO

Colección Uno de los nuestros

112 páginas. Rústica

PVP 18 euros

Marzo 2018

ISBN 978-84-947482-4-0

Bandaàparte Editores