En un mundo (el editorial) tan dado a la hipérbole uno se inclina por andar con pies de plomo cuando lee reseñas. Cuando supe de la existencia del libro escrito por Michael Azerrad ‘Nuestro Grupo Podría Ser Tu Vida’, el título venía invariablemente acompañado de la consigna “La Biblia del Indie”, con lo que, siendo uno consecuente, arrugué la nariz y sospeché. Pero estas reseñas también venían acompañadas de un listado de grupos sobre los que versaba el libro, y esta lista incluía a Black Flag, Minor Threat, Minuteman, Fugazi…y especialmente Hüsker Dü y The Replacements. Aquí hay que ponerse serio; ¿cómo es posible que en un país con una literatura rock supuestamente en auge no exista un solo título dedicado a uno de los movimientos más influyentes como es el indie yankee (o sobre el hardcore, ya que estamos)? Hay libros sobre el punk, sí, y sobre el grunge, pero ¿qué pasa con los ochenta?

El rock independiente, derivado del punk primero y el hardcore más tarde, traza una línea que une estos dos movimientos y que extendió por los EEUU una red auto-gestionada de sellos, fanzines, emisoras y giras, en una auténtica táctica de guerrilla; obstinada, subversiva y solidaria. No deja de ser curioso que donde los hippies fracasaron por su propia pusilanimidad y estrechez de miras, los cachorros del hardcore montaron un tinglado asombrosamente autosuficiente, que se mantuvo bajo el radar de los tiburones corporativos durante años. Todo esto en una época (el  III Reich de Reagan y su “Morning In America”) donde el tedio y el conservadurismo actuaron como espoleta para la bomba que el punk había plantado unos años atrás.

El libro de Azerrad, publicado en 2013 por Contra, cuenta con limitaciones autoimpuestas, como centrase solamente en la etapa Indie de cada banda, es decir, hasta que se separan o entran a formar parte de la impersonal maquinaria de las ‘majors’; su axiomático pretexto resulta al menos cuestionable: los mejores discos de cada banda se editaron en sellos independientes y lo que editaron en discográficas grandes es prácticamente anecdótico, (¿y ‘Pleased To Meet Me’, de los Replacements?) Además esta filiación indie deja fuera de la lista de grupos R.E.M, por ejemplo, que publicaban con I.R.S. También existe un límite temporal entre 1981 y 1991. En el 81 se forman Sonic Youth, editan primer disco Minutemen, primer single Hüsker Dü y un chaval llamado Henry Rollins se une a Black Flag. En el 91, un anonadado Michael Jackson le pregunta a Bubbles con voz suave: “¿Quiénes son esos tipos llamados Nirvana que acaban de desplazarme en el número 1 de Billboard?” Ese fue el Armagedón del movimiento Indie, las grandes discográficas olieron la sangre y a los dos minutos todas tenían su arsenal de bandas alternativas en nómina. Nota: Michael Azerrad saltó a la fama por su tremenda biografía sobre Nirvana, ‘Come As You Are’, todavía inédita en nuestro idioma. Y hay unos cuantos libros (maaaalos) sobre Nirvana rondando por nuestras librerías.

Michael Azerrad, autor del libro “Nuestro grupo podría ser tu vida”, y de otros títulos como el aclamado “Come As Your Are”.

La edición española de ‘Nuestro Grupo Podría Ser Tu Vida’ se abre con un epígrafe del poeta inglés William Blake, que reza: “Debo crear un sistema si no quiero ser esclavo de otro hombre”. Esta cita encierra el germen de todo el movimiento que el libro de Azerrad relata; la independencia de criterio y, por consiguiente, de acción.  Los grupos actuaron como emprendedores. En una época en la que el capitalismo era ya religión establecida tomaron la consigna de ‘Supply and Demand’ y lo adaptaron a su necesidades, tomando el control de su realidad y actuando de manera 100% autónoma. La filosofía del DIY llevada al extremo; los grupos americanos se inspiraron claramente en la filosofía y el ethos de los pequeños sellos ingleses orientados al post punk, como Stiff Records, y vieron como no solo era posible, si no que era lo deseable, pagar la grabación y fabricación de los discos, y distribuirlos personalmente. De esta manera surgieron sellos ya míticos como SSt, Dischord, Touch&Go o Sub Pop, por poner unos ejemplos. El estilo peleón y guerrillero del punk y el hardcore casaba maravillosamente con la ontología de aquellos que se oponían sistemáticamente al insípido anhelo del reaganismo; ante la arrogancia y la codicia, los jóvenes indies reaccionaron con un radicalismo político basado en gran parte en la solidaridad entre sellos y bandas. La identidad suponía un compromiso, y lo que es más importante, se sintieron cómodos en un underground que colmaba sus aspiraciones. Tenían sus propios sellos, una red de distribución que también servía a la hora de montar giras, y el boom paralelo de las radios universitarias les daba la exposición mediática justa para sobrevivir. Sobrevivir en condiciones precarias, no nos engañemos. Pero, tal y como sentían, bajo sus propias normas.

Se trata de un error muy común el constreñir un movimiento a determinada ciudad, con la finalidad de simplificar (¿he oído Seattle?); no obstante, en este caso, encontramos una sorprendente diversidad, tanto estilística como geográfica. Las trece bandas que podrían ser tu vida (maravillosa frase, tomada de un tema de los Minutemen) guardaban algunas similitudes filosóficas, pero muy pocas en cuanto a términos musicales. El libro se divide en trece capítulos (más prólogo y epílogo), cada uno dedicado a una banda concreta y en un orden cronológico; la cosa empieza en la soleada California, donde un nerd estudiante de Económicas, monta una empresa de venta de material para radioaficionados. El chaval se llama Gregg Finn y la empresa SST. Casi accidentalmente se deja seducir por el rock n roll, monta un grupo con Keith Morris y el resto es historia. No es casual que el movimiento hardcore prendiese en la aburguesada California y se extendiese como un virus por el resto del país. El poso punk era todavía denso y notable; además existía una red de fanzines, salas  y emisoras que no tardaron en abrazar el hardcore como heredero del espíritu de bandas como Weirdos o Germs. (Imagino que el lector avezado ha leído ‘Tenemos la Bomba de Neutrones’, editado por Munster Books). Lo que Black Flag añadió fue su ética de trabajo inquebrantable y su intransigencia estilística, con una actitud cuasi paramilitar en su funcionamiento interno. Esto les supuso una incontable cantidad de cambios de formación, incluso de estilos, pero lo innegable es que fueron los primeros en cerrar los ojos y saltar al vacío. En la otra costa, en un entorno tan poco atrayente como Washington DC, poblado de funcionarios y diplomáticos, otra banda llevó la inconformidad y el radicalismo a cuotas más extremas. Los Minor Threat de Ian McKaye han sido malinterpretados y tomados a pitorreo por su explicita radicalidad Straight Edge, pero lo que no se puede negar es su compromiso e integridad, propugnando una política de All Ages (sí, amigos, a finales de los 70 ya había quien demandaba conciertos para todas las edades) y una postura abiertamente anti machista y anti racista. A pesar de su exigua discografía, Minor Threat fueron tremendamente influyentes especialmente en la Costa Este, y su sello (Dischord) sigue siendo un referente.

 El recorrido episódico de ‘Nuestro Grupo Podría Ser Tu Vida’ nos lleva de viaje a Boston (Mission Of Burma), Chicago (Big Black), Dallas (Butthole Surfers), California (Minutemen), Seattle (Mudhoney) o, y dejad que me detenga aquí un instante, Minneapolis, con dos de las bandas más grandes que surgieron de los EEUU en los 80. Hablo, claro está, de Hüsker Dü y los Replacements, quienes, a su manera, ejemplifican la diversidad y la homogeneidad de este movimiento. Por un lado la filiación hardcore de Hüsker Dü, su abominable muro de guitarras contrarrestado por una pulsión melódica hasta entonces inédita en la escena; por otro lado el rock n roll descuidado y beodo de los Replacements. Los de Bob Mould siempre antepusieron la libertad artística; desde que fueron el grupo más importante de SST hasta que se vieron seducidos por el verde de Warner Bros. Los de Paul Westerberg nunca tuvieron ningún problema en dar el salto a la gran liga, sus raíces estaban en grupos como los Stones. A pesar de las evidentes diferencias ambos grupos crecieron y se desarrollaron juntos, compitiendo y envidiando el uno al otro dentro de un marco de colegueo.

Este caso solo es un ejemplo más de las redes de relaciones establecidas por estas bandas en una época apasionante, cuyo trasfondo socio político no difiere, por desgracia, demasiado del actual. Lo que sí difiere es, de nuevo por desgracia, la existencia de bandas que podrían ser nuestras vidas. Maravillosamente redactado (y bien traducido, hay que decirlo), el libro de Azerrad transmite esa urgencia y pulsión propia de la época, y a falta de competidores, es referencia ineludible en cuanto a la temática. Siendo consecuente con el espíritu del movimiento, no trataré de convencer a nadie; los hechos están ahí; el libro, en los estantes de las librerías. Ahora, que cada uno piense por sí mismo.

Nuestro grupo podría ser nuestra vida (Editorial Contra)

560 págs.

15 × 23 cms.

Rústica con solapas

ISBN: 978-84-940938-7-6

PVP: 23,65 €