El rock o el “rock duro” ha estado asociado a una imagen estereotipada del género, en la que la hiper-masculinidad o, en algunas ocasiones, la misoginia conformaban una identidad en la que se excluía de antemano aquellos rasgos distintivos de la feminidad, que con el tiempo han ido introduciéndose en la música, enriqueciendo y dotando de mayor diversidad sus propuestas.

El hombre, culturalmente, ha tendido a una concepción de la identidad de género como diferenciación. Esto da lugar a una identificación de los roles de género frente a determinados estilos musicales. Pop, canción de autor, “música comercial” son etiquetas musicales que siguen estando ligadas a concepciones masculinas en las que se identifica a la mujer con  “música ligera” o simple. No es extraño escuchar expresiones del tipo “es para nenas”, en referencia a aquellos estilos musicales que aun siendo rock tienen aspectos del pop (como las baladas heavy), lo que implica una construcción ideal de lo que debe ser rock bajo unos parámetros de género en exclusiva masculinos.

Sin embargo, la realidad no es tan tajante ni tan polarizada. Sílvia Martínez, en su trabajo “Decibelios y Testosterona: una aproximación a las imágenes de género en el rock y el heavy metal” (Dossiers Feministes, núm. 7) vino a constatar que no hay una gran diferenciación entre el porcentaje de chicos y chicas que abiertamente manifestaban que su música preferida era el heavy metal, incluido el rock (20,8 % de los chicos y un 13,8 de las chicas). Aunque la muestra se circunscribiese a la ciudad de Barcelona, creo que puede ser bastante ejemplificativo de lo que aquí estamos manifestando.

En la actualidad esa imagen de hiper-masculinidad se ha tornado discutible si tenemos en cuenta que la presencia comercial del género rock a propiciado que el público se haya extendido, conformando una audiencia mixta en la que participan de igual forma tanto la mujer como el hombre, pero solo en cuanto oyentes, ya que la participación de la mujer como intérprete o compositora dentro del rock adolece, aún hoy, de una escasez de representantes femeninas.

Ahora bien, el hecho de que el rock fuera un espacio restringido, en el que la mujer quedaba totalmente relegada, dejó entrever algunas manifestaciones de erotismo homosexual —pensemos en Judas Priest o Manowar. Por otro lado, en géneros como el glam rock o el hair metal, el hombre adopta una imagen andrógina, o si  lo preferimos de ambigüedad sexual.  En una primera etapa, con exponentes como David Bowie, Marc Bolan o Jobriath, lo que se pretende es romper con los estereotipos ligados al rock progresivo y psicodélico, con la intención de retornar a un rock más primigenio —de ahí que el glam rock esté relacionado con la aparición del punk— bajo una imagen provocativa en la que se emplean elementos femeninos, con una actitud masculina ambivalente. Posteriormente, grupos como Mötley Crüe, Poison, Europe, entre otros, englobados dentro del denominado “glam metal”, adoptaran una estética marcadamente femenina (maquillaje, plataformas, pelos cardados), aunque contradictoria a su mensaje en el que imperan temas relacionados con el sexo, el alcohol, las drogas y el placer, y en su música con un gran protagonismo de los riffs y solos de guitarra, en contraposición de la sencillez y el glamour del glam rock.

Quizás esa transgresión consciente de los roles de género no fuera más que una vía de escape de la frustración masculina ante la imposibilidad de alcanzar la “sensualidad espectacular ” —tal y como la definió Robert Walser—que tradicionalmente estuvo reservada al género femenino.

Para quienes conozcan bien a Queens Of The Stone Age (en adelante QOTSA), lo primero que identificamos es a una banda formada únicamente por miembros masculinos (salvo alguna participación coyuntural femenina) que interpretan una música especialmente rítmica y fuerte, con un protagonismo exacerbado del riff de guitarra,  bajo los parámetros del género “stoner rock”, y en cuyas letras no dudan en hablar sobre sexo y drogas, la muerte y la futilidad del ser humano; amén de exhibicionismos y sucesos violentos, que de alguna forma han definido la imagen pública de la banda.

En principio no creo que existan muchas dudas acerca de la actitud abiertamente masculina en QOTSA, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de sus miembros originarios (al menos hasta “Songs For The Deaf” estaban Josh Homme y Nick Oliveri) pertenecieron a Kyuss, banda que crearon durante su adolescencia, y que denota alguna de las características básicas de lo que se puede entender como estereotipos masculinos: dureza, ritmos lentos y pesados, y sonidos graves.

Sin embargo, todo ello no deja de ser una construcción de género que parte del propio concepto de lo masculino, y que el propio hombre se ha apropiado. Una banda de rock formada exclusivamente por mujeres no debería causar ningún comentario acerca de la identidad de género, aunque sea más habitual de lo que en verdad debiera, ya que los atributos que creemos como masculinos o femeninos, de alguna u otra forma, aparecen difuminados tanto en hombres como en mujeres; atributos como las relaciones personales, la expresividad emocional, la modestia y la sensibilidad son algunas características que se encuentran en muchos hombres sin que ello signifique que se hayan modificado su identidad de género.

A pesar de que en pleno siglo XXI los ecos del glam rock suenan distanciados y apenas perceptibles, y que el impacto visual de aquellas bandas ahora sea poco menos que un chiste frente a la multiplicidad de elementos provocativos que las bandas de rock han llegado a conseguir, no es menos cierto que la ambigüedad sexual o, más acertado, lo andrógino, parece haber calado en la propuesta de algunas bandas de rock contemporáneas, entre ellas QOTSA, o mejor dicho: en la propuesta de Josh Homme.

Una de las notas caracterizadoras del sonido QOTSA en contraposición con la música heredada de Kyuss, es que todo parece girar en torno a la particular voz de Josh Homme, que cuenta con un rango vocal amplio que oscila entre barítono y baritenor, y que en general asociamos con una voz aguda en la que a veces emplea el falsete. No hay más que fijarse en temas como “Make It With Chu” o “Smooth Sailing” para apreciar con claridad ese estilo “crooner” tan particular.

Asociar voz aguda y hombre ha estado vinculado por mucho tiempo a la imagen clásica del “castrati”, aunque en la música popular todo esto queda en entredicho, siendo muchos los ejemplos de voces masculinas que son capaces de alcanzar notas altísimas como es el caso de Freddy Mercury, Axl Rose o Prince. Las posibilidades de la voz masculina, por tanto, son inabarcables.

El concepto de “andrógino” no es ni mucho menos algo moderno o contemporáneo. Platón se refería con andrógino a una conjunción mítica de los sexos; una explicación de las relaciones de pareja tanto heterosexuales como homosexuales desde el punto de vista de aquella forma de interpretar el mundo. En la música encontramos ejemplos de músicos masculinos que “feminizan” su imagen y su propuesta artística.   Es así que lo andrógino en la música se manifiesta de múltiples formas: unas veces como reclamo publicitario, otras veces como reivindicación social y otras veces sin siquiera quererlo.

Si analizamos la figura prominente de QOTSA, Josh Homme, podemos advertir que su imagen a primera vista es la de un hombre que reúne todos los atributos de la masculinidad (al menos los más estereotipados): agresividad, independencia, liderazgo y asertividad. Sin embargo, el líder de QOTSA juega al despiste, en no pocas ocasiones, mostrando una pose en ocasiones amanerada o en otras directamente ambivalente. En las fotografías promocionales de su último álbum “…Like Clockwork” aparece el cantante pintándose —no de la forma habitual—los labios, imagen especialmente sugerente y rompedora, a la que los fans no estaban tan acostumbrados.

 Igualmente, algunas manifestaciones vertidas por el pelirrojo denotan una intención de romper con esa imagen de masculinidad absoluta para mostrar una parte más sensible y abierta de su personalidad. En una entrevista con Jordi Meya de Rockzone declaró: “A mí me importa una mierda parecer macho, no voy dando palmas si veo una película de Sylvester Stallone. Creo que pasado un tiempo es importante madurar y convertirte en adulto”. Ni que decir tiene que culturalmente la madurez está asociada a la feminidad.

El detonante de esta actitud puede estar relacionado con el incidente que Josh Homme tuvo en el hospital en el que casi estuvo a punto de morir por culpa de un problema con la respiración asistida durante una operación, y que le tuvo postrado varios meses en cama. No es el primer caso, en el que una experiencia traumática, provoca un cambio en la personalidad y en la forma de interpretar el mundo. “…Like Clockwork” es un trabajo diferente al resto de su discografía, y en el que podemos acertar a ver algunos elementos andróginos en su música. Algunos ejemplos son los temas “Vampyre Of Time And Memory”, que es un tema inspirado por el cabaret, Bowie y el Berlín de los años setenta, de una sensibilidad extrema; “Keep Your Eyes Peeled”, que cuenta con la colaboración de Jack Shears de Scissor Sisters, donde se entremezcla la delicadeza de las voces con la oscuridad de las guitarras, o “Smooth Sailing” donde Homme hace todo un alarde con el falsete en un tema de estilo funky con un carácter marcadamente sensual. En contraposición con sus primeros trabajos “…Like Clockwork” es un álbum con muchos más matices, con una propuesta artística abierta (son varios los invitados, entre los que destaca la figura de Elton John) y con un mensaje personal más nítido. Digamos que es un disco en el que las notas de masculinidad y, si se quiere, de feminidad se diluyen, y en el que el grupo se encumbra por encima de estereotipos y roles de género para generar una música más rica, compleja y variada que antes.

No obstante, no encontramos atisbo alguno de intencionalidad respecto de estos elementos que hemos convenido en denominar “andróginos”, y si aspectos de naturalidad o de simple influencia. Que Josh Homme haga un info-comercial para la promoción del álbum “Magic Hour” de Scissor Sisters o interprete a un personaje gay para la serie Portlandia son meros hechos que evidencian una personalidad abierta y madura, pero no una determinación a escandalizar o llamar la atención como ocurría con los artistas del glam rock o el glam metal.

A diferencia de otras épocas lo andrógino está más presente si cabe en la música, ya que los elementos definidores del hombre y la mujer se presentan indistintamente en ambos géneros. Ahora se trata de salvar aquellos atributos que son deseados y atractivos, y que pueden permitir que la sociedad evolucione. La música, de nuevo, vuelve a ser el medio idóneo para transmitir está nueva forma de adaptarse a la realidad.

Bibliografía:

MARTINEZ GARCÍA, SILVIA. “Decibelios y testosterona: una aproximación a las imágenes de género en el rock y el heavy metal” Escola Superior de Música de Catalunya. Dossiers Feministes, núm. 7.

PÁEZ, DARIO Y FERNÁNDEZ, ITZIAR. “Capítulo VII. Masculinidad-feminidad como dimensión cultural y del autoconcepto”. Masculinidad-feminidad y factores culturales. Revista Española de y Motivación y Emoción, 2002