El Ciento: “No son fantasías, porque con Guadalupe Plata cualquier cosa puede pasar.”

El Ciento es un ilustrador que lleva la música dentro. Así lo ha demostrado durante años ofreciendo su arte para publicaciones como Ruta 66 o Karate Press, colaborando también para nuestra revista en la que atesoramos algunas de sus mejores obras hasta el momento. Su estilo bebe de las fuentes del rock clásico, el blues y el folk, con fuertes caracterizaciones en sus personajes y una línea elegante pero ruda y pasional como lo es también el rock. Su primera toma de contacto con el mundo del cómic, como no podía ser de otra forma, tenía que hablar de música, y qué mejor forma que contando las peripecias de la banda jiennense Guadalupe Plata, cuya imagen, sonido y actitud se plasman magistralmente en Guadalupe Plata. Leyendas desde el Pantano (Bandaàparte Editores, 2017).

 

¿Cómo está siendo la acogida de Guadalupe Plata. Leyendas desde el Pantano?

Está siendo bastante agradecida, y aunque falta un poco todavía para saber la repercusión que va a tener, y lo que diga los medios y la prensa, a priori estoy muy agradecido. La gente está respondiendo muy bien. Lo está recibiendo con alegría y todo son buenas palabras. No nos podemos quejar.

 

Es tu primera incursión en esto del cómic, ¿tenía que ser así como te “desvirgaras”, con Guadalupe Plata como telón de fondo?

Pues sí (risas). En ilustración todo lo que he hecho tiene que ver con música, o casi todo, en el cómic no tendría sentido haber empezado hablando de fútbol, por ejemplo. Y siendo Guadalupe Plata lo más cercano y de interés que me ha sucedido, si no fuera por ello no hubiera existido cómic alguno. La mecha prende con el chispazo que supone cruzarme con ellos, con su música y simplemente dejarme llevar por lo que ellos son. No sé si hay otra forma, pero de momento tiene que ser música y cómic.

 

Sabemos que te ha llevado mucho tiempo. ¿El hacerlo con tranquilidad y llevando el ritmo cómo ha afectado a tu trabajo?

Al principio pensaba que podría ser un hándicap, el hecho de tardar tanto, de pegarme un año sin avanzar una línea más. El último medio año ha sido de una actividad casi febril, de ponerme tres meses nada más que dándole caña, pero sí que es cierto que soy el primero que le veo muchos fallos. Le he dado muchas vueltas, más de las que en principio merecían. Eso me ha servido para darle forma a la palabra casi de forma intuitiva. Tenía la idea clara de lo que quería contar pero no sabía cómo, qué palabra elegir. El hecho de madurarlo tanto, de darle tanta vueltas a la vez que hacía el dibujo, hizo que me fuera encasillando, digamos arrinconando el hueco para la palabra hasta el punto de llegar a un momento de la historieta que sabía que tenía que usar cierta expresión, por ejemplo una en la que Perico se refiere a la palabra “podrío”, que es una palabra que ellos usan, sabía que tenía que utilizar “podrío”, pero no sabía el porqué, y en relación a qué. El tiempo me permitió poder encajar bien ese “podrío”, que son cosas que si pienso en el momento son cosas que no me salen.

¿Qué hay de realidad o de ficción o de imaginación en el cómic?

El origen se basa en anécdotas. Si no fuera así no hubiera empezado. Como comenta Perico, es un grupo al que le pasan cosillas y quieras que no alimenta el gusanilo de querer contarlo. Se trata de un grupo de blues de Úbeda, así que quise tirar de imaginería blues y de todos estos recursos de demonios, el bien y el mal, también la Virgen. De hecho hay una historia con la impronta de la Virgen. Pero no quería abusar de esa imaginería, sin embargo en algunas historias tenía que hacerlo sí o sí, porque muchas historias no funcionaban por sí solas. Quizás como conversaciones de barra de bar o anécdotas que se cuentan con una cerveza en la mano, pero al pasarlas a dibujo se me quedaban con menos gracia de la que yo creía al principio, o igual eran demasiados graciosas y se merecían algo más de seriedad. Claro, siendo una banda de esas características por qué no iba a tirar de ese hilo. Me lo iba pidiendo. El galgo, las tumbas, la Virgen, se tenían que dejar caer por las páginas. Quería darle una perspectiva mía propia, y tuve que echar mano de eso. No son fantasías, porque con esta gente cualquier cosa puede pasar.

En el libro parece que plasmas la propia idiosincrasia del grupo, en el que encontramos poco texto y mucha imagen, como si la imagen fuera en consonancia con la música. Sabemos que la banda es parca en palabras en cuanto a sus canciones se refiere. ¿Tenías en mente que esto tenía que ser así?

No. Vengo de la ilustración antes que el cómic. Realmente era mi única herramienta de trabajo, al principio. No sabía si yo podría contar las historias, pero tampoco quería ser pedante o ambicioso contando algo trascendental o filosófico, o algo así. Sí hay una filosofía de vida, eso sí. Quería que las palabras no distrajeran, que te fueran acompañando llevándote de la mano y que el protagonismo fuera la esencia de la banda transmitida a través del dibujo. Lo que en principio consideraba un defecto se ha convertido en virtud, porque Guadalupe Plata como bien dices no necesitan decir mucho más, lo que suena funciona. Si mi dibujo lo dice todo, no era necesario aportar más palabras de la cuenta.

El estilo de la novela gráfica es deudor del comix underground. ¿Qué referentes te han servido para marcar las pautas de tu dibujo?”

Supongo que es algo inevitable, tiene mucho que ver con ese tipo de cómic porque es el que más he consumido. Pero no hay un autor en particular que haya marcado las pautas, quizás Robert Crumb sea el más obvio por estilo y por utilizar la música como temática pero también Tim Lane utiliza ese género sureño y en ningún momento pensé en él como referencia. También mi estilo ha variado en todo este tiempo y cada historieta del libro puede recordarte más a uno que a otro.

 Tus páginas no abusan de la viñeta, de hecho vemos amplios espacios donde el dibujo se expande, y donde todo ocurre. ¿Te dificultó esto a la hora de la narración”

Más que dificultarla la cambié de formato. Ten en cuenta que viniendo de la ilustración para mí es más cómodo utilizar esas “splash pages” porque puedo definir mejor lo que pretendo transmitir y  pese a que al principio pensaba que podía ser un lastre acabé comprobando que me servía para narrar utilizando otro ritmo. Por otra parte esto hacía del proceso algo mucho más laborioso y lento, y sin embargo acabé por relajarme con el detalle manteniendo más o menos el tamaño de las viñetas. Digamos que en un momento dado consideré que si el cómic no tenía una narración al uso podía reventar la propia forma de narrar y liberarme de sus supuestas reglas.