Charlie Parker: Demonios Y Dilemas

A nadie se le escapa que la oferta editorial se ha magnificado de forma casi alarmante en nuestro país, y la abundancia de editoriales pequeñas y especializadas desvían la atención tentadoramente hacia nuevos autores; es ese uno de los motivos por lo que la biblioteca de casa ha dejado poco a poco de dar cabida a títulos de grandes editoriales, salvo contadas excepciones. Una de esas excepciones pertenece a la colección Andanzas de Tusquets, y el culpable es un detective llamado Charlie Parker.

La novela policiaca fue mi puerta de entrada al mundo de los libros, y no me avergüenza reconocer que durante años me he tragado cualquier cosa que incluyese un crimen, un detective y unas cuantas frases sarcásticas. Y, sí, hay mucha novela detectivesca mediocre. Pero crecí con Sam Spade y Phillip Marlowe y todavía devoro con impaciencia las obras de Fred Vargas, Jo Nesbø, Don Winslow o James Ellroy, por nombrar a algunos. Pero ninguno me produce el sentimiento de impaciencia ante una nueva publicación o me mantiene en vela por las noches como John Connolly y su serie Charlie Parker.

Echando la vista atrás me sorprende la cantidad de años que llevo viviendo la sensación de seguir un personaje literario que        me atrapa y al que siguo con algo parecido a la ansiedad en cada nueva publicación. Las andanzas de Charlie Parker comienzan en 2004 con la publicación de Todo Lo Que Muere (Every Dead Thing, publicada originariamente en 1999) primera -y, reconozcámoslo, insuperable- entrega de la serie. Un libro con un trasfondo brutal y terrible que mostraba los primeros signos de distinción con respecto al resto de thrillers: la combinación de novela negra clásica con lo sobrenatural. Son estos signos los que provocan las pasiones divergentes en cuanto a Connolly; los seguidores nunca tenemos suficiente y los detractores, los puristas del género policiaco, le acusan poco menos que de herejía. Siendo el Noir tradicionalmente un género racional, Connolly rompe gustosamente las reglas del juego; no obstante su coqueteo con lo sobrenatural se integra en la narración sin trucos de prestidigitador, y rara vez tiene la tentación de justificar un acto real con una explicación taumatúrgica.

Después de quince títulos en la colección, la habilidad de Connolly ha residido en saber articular una red de personajes secundarios que aparecen y se escabullen en las grietas, en las sombras, y que sirven para definir progresivamente la personalidad del protagonista absoluto, que es Parker. Un detective con hechuras clásicas: hijo de policía, origen irlandés, intuitivo, de inteligencia viva y lengua viperina, atormentado por los recuerdos, violento pero a la vez  empático. Pero con una diferencia fundamental con el resto de sabuesos en papel: su conexión con el más allá y el mundo del Mal. Perseguido desde el inicio de la serie por un insoportable sentimiento de culpa y marcado por el dolo, desarrolla un vínculo con el mundo de los muertos a través de su familia asesinada; una conexión que le mantiene con un pie en cada realidad, atrayendo involuntariamente todo tipo de demonios.

De los secundarios que menciono destacan la extraña pareja gay de simpáticos ladrones y asesinos (por contradictorio que pueda parecer esto) Louis y Angel, asociados de Parker que funcionan como ángeles de la guarda y aportan los momentos más cómicos y relajados. En su día Connolly les intentó dar el protagonismo en la séptima entrega de la serie Los Hombres de la Guadaña (The Reapers 2008) y, a pesar de que funcionó la darles un contexto humano, la novela adolece del misterio habitual de la serie; a partir de entonces funcionan como seguro de vida de Parker, junto a los hermanos Fulci, un par de gigantes de aspecto imponente y pocas luces.

Donde realmente destaca la habilidad de Connolly es en la creación de antagonistas. En todas las novelas de la serie hay uno o varios personajes extravagantes, extremos e inquietantes que encarnan prácticamente todas las facetas del Mal, desde sacerdotes psicóticos, sectas malévolas, adoradores de lo oculto o demonios con carcasa humana. Todas las novelas de Parker destacan por un mayor o menor grado de truculencia, los malos cometen autenticas atrocidades, son porteadores de una maldad hiperbólica que unida a una conexión paranormal los hace (todavía) más temibles. Por las páginas de la colección han pasado los aterradores Kaleb, el Viajante, el Reverendo Faulkner…todos ellos conectados de alguna manera al reverso oscuro del protagonista. Entre todos ellos destaca el verdadero antagonista del detective: El Coleccionista, verdadera némesis de Parker, un personaje complejo y terrible que interactúa con él compartiendo objetivos pero friccionando continuamente de manera violenta. Se trata del hombre que puede destruir a Parker porque es quien más se parece a él.

La última novela de la colección traducida a nuestro idioma es Tiempos Oscuros (A Time Of Torment 2018) y, si bien prolonga ese híbrido entre el thriller y la novela de terror, abre nuevos caminos que veníamos presintiendo en las últimas entregas (en especial la figura de Sam, hija de Parker) La trama se compone de varias líneas argumentales que convergen en Plassey Country y su comunidad de residentes desvinculados del mundo, y, por supuesto, guardianes de un terrible secreto. Charlie Parker recibe un encargo de Jerome Burnel, un ex convicto que pasó de héroe involuntario a paria en cuestión de días (Connolly nunca duda en retratar los pecados más hediondos de la sociedad yanqui) Dicho encargo precipita los violentos acontecimientos que llevan a Parker (flanqueado por Louis y Angel) al Tajo, un lugar que recuerda poderosamente al Prosperous aparecido en El Invierno del Lobo (The Wolf in Winter, 2014), una sociedad viciada por el aislamiento que sobrevive gracias a actos delictivos verdaderamente aterradores. Parker se abalanza como un ángel vengador y se enfrenta al Rey Muerto, una nueva deidad con raíces ancestrales que servirá para despertar un nuevo elemento en la colección que nos inquieta desde ya: Sam, la hija de Parker, una criatura inquietante con una conexión más directa con el Más Allá.

Conolly perdió lógicamente la capacidad de sorprendernos hace varios años, pero conserva el filo y el talento de mantenerte en vilo durante las casi 500 páginas de sus novelas. Con frases cuidadas, diálogos creíbles, alejándose de los comentarios apresurados o recargados, y, por difícil que parezca, de los estereotipos. No encontramos solo un thriller escalofriante, sino que, entre líneas, vemos una crítica nada complaciente hacia la sociedad americana del fast thinking e incluso la gentrificación, realidades que no nos resultan por desgracia ajenos. Además Connolly consigue encontrar una profunda complejidad psicológica en los personajes con unos pocos trazos, incluso en los más marginales; el único pero es, por otra parte, inevitable: la progresiva pérdida de protagonismo de Parker a favor de tramas más ramificadas y complejas. Y, por supuesto, el tener que esperar otro año hasta la próxima entrega de la serie.