Calexico – The Thread That Keeps Us

 

 

 

Calexico – The Thread That Keeps Us (City Slang, 2018)

“La guía principal en la música de Calexico siempre ha partido de la idea de que  existe cierta libertad en el desarraigo”

 

Escuchando a Calexico uno siempre recibe una sensación de abundancia,  una aparentemente inagotable y exuberante paleta de estilos. La revisión constante de su propio sonido hace que sea –curiosamente, o quizá no- más personal a cada paso que dan. Para su noveno álbum de estudio han elegido el norte de California como base de operaciones. Algiers  (2012) se grabó en New Orleans y orbitaba alrededor de sus sonidos, mientras que su anterior obra, Edge Of The Sun (2015) fue concebida en Ciudad de México; las elecciones del lugar donde se graba no son decisiones caprichosas para Burns y Coventino y, una vez más, determinan el pulso general del álbum. Lo que encontramos pues es un viaje por el Suroeste norteamericano, plagado de luces y sombras, con una diversidad musical que supone un reflejo de sus temas líricos; desde el apocalíptico romance, al inquebrantable espíritu crítico ante el desastre medioambiental, pasando por melancólicos lamentos nocturnos.

Para empezar me gustaría destacar algo que se suele pasar por alto al hablar de Calexico, que es la labor de Joey Burns como cantante, y de su evolución prodigiosa; cómo con una voz lejos de ser perfecta ha encontrado un registro de expresividad que emociona, tanto en ambientes casi susurrados como en esos remontes épicos tan distintivos en el sonido de la banda. La otra cara reconocible de la moneda es John Coventino, un batería y percusionista morrocotudo, que convierte cada canción en un caramelo desde el punto de vista rítmico; nunca se repite, sorprende con el uso de patrones y desprende (oh, cielos) imaginación.

Burns y Convertino siempre se han rodeado de un grupo ecléctico de colaboradores, en esta ocasión el equipo se compone del multi-instrumentalista Martin Wenk, el trompetista Jacob Valenzuela, el teclista Sergio Mendoza, Scott Colberg al bajo y nuestro Jairo Zavala Ruiz a las guitarras, percusión y cantando con muy buen gusto “Flores y Tamales”.

El singular paisaje sónico de la banda sigue siendo el protagonista absoluto, por encima incluso de las canciones individuales. Sin embargo en esta ocasión la producción resulta más cruda que en anteriores trabajos, como los citados Algiers o Edge of The Sun, las aristas son más rasposas, menos pulidas. Como resultado se mantiene intrigado al oyente durante todo el disco, y no se le da respiro a base de golpes de timón estilísticos. La cosa comienza calentita con el tema más accesible del disco, “End of the World with You” coqueteando con el indie y el pop con estilo mientras cantan al día del Juicio Final; rápidamente vuelven los Calexico más reconocibles con “Voices In The Field” y su trance hipnótico y desértico, oscuro y bello a la vez; las voces a las que hace referencia el título son las de los refugiados sirios y su dramático exilio. Otra golosina del arranque del disco es “Under The Wheels” paradigma de la grandeza de estos tipos; esa mezcolanza de ritmos latinos, casi jamaicanos, un groove infeccioso acentuado con trompetas mariachis y Burns lanzándose en su mejor imitación de David Byrne jugando a ser Bowie. Magistral. El disco relaja pulsaciones a mitad de recorrido, con la bella y folkie “The Town & Miss Lorraine” y la ya mencionada  “Flores y Tamales”, único viaje tangible al sur del Muro de Trump. La sorpresa del disco (si todavía nos queda capacidad de pasmo con esta diversidad estilística) es “Another Space”, un experimento funk blaxplotation que, sin ser su fuerte, les sienta de maravilla. Casi para el final se guardan “Thrown to The Wild” otro episodio etéreo donde la voz de Burns brilla y cautiva, y donde el mensaje que durante todo el disco ha sido más bien turbio gira hacia derroteros más optimistas.

La guía principal en la música de Calexico siempre ha partido de la idea de que  existe cierta libertad en el desarraigo, y sería tentador elogiar a Calexico simplemente por su espíritu de trotamundos, pero en The Thread That Keep Us encontramos más. Mucho más. Un disco formidable de una banda que no se duerme en los laureles y sigue mostrándose inquieta después de veinte años de carrera. Chapó.