Broke Lord llamó nuestra atención con su primera incursión Death Of A Flower, un disco con sensibilidad pop y dosis controladas de folk y punk, que tuvimos el placer de reseñar en nuestra web. El espíritu DIY impregna todo su trabajo, por lo que hemos querido contar con él para esta sección, Clouds & Camps, como uno de los álbumes nacionales más interesantes que podemos encontrar en la plataforma digital Bandcamp. Nos ponemos en contacto con el propio Broke Lord, quien nos ofrece una jugosa sincera entrevista.

 

¿Cómo está yendo está nuevo proyecto musical?

Parece que a los amigos y a los críticos les está gustando mucho “Death of a Flower”, y que el público en general no le presta mucha atención. Un clásico caso de DIY español.

 

Broke Lord ha sido una vuelta a las esencias, a un pop rock mucho más básico y minimalista que el hardcore punk revulsivo de tu anterior proyecto. ¿Te apetecía hacer este recorrido de lo salvaje a lo poético, del trueno roquero al relámpago pop?

Broke Lord sólo trabaja para Broke Lord. En Gog y otras bandas toca su primo Cowboy Iscariot, un señor mucho más primario y simpático. En todo caso, hacer música de esta manera, por cuenta propia, sin más compromisos que el que uno mismo tiene con las canciones y la vida, siempre es un ejercicio punk, sea cual sea el género aparente, sea cual sea el envoltorio. O quizá es que al final también yo tengo un corazón FM.

 

Michael Gira y sus Angels of Light, Nick Cave, Lou Reed… ¿tu fascinación por estos artistas tiene que ver con la aparición de Broke Lord?

No. Tiene que ver con su proceso de construcción, en todo caso. Broke Lord surge de una pulsión personal. Broke Lord aparece en un momento de cambio, en una casa de Madrid, aporreando una guitarra medio rota afinada en Re abierto, al estilo Kid Congo Powers. Ahí surge “Chapel Within” (que cierra finalmente el disco) y otra serie de embriones de canción, y de pronto se abre un mundo nuevo, literalmente. Luego, el proyecto se extiende por tres años de vida en la montaña. “Death of a Flower”, en su modestia, es un retrato circular de toda esa época y un análisis de muchos sucesos y muchos cambios físicos y mentales que sucedieron entonces. Claro que, como uno se queda sólo con lo mejor, al puzzle final le faltan piezas. Es como un recuerdo, engastado en plata. Y espero que, además, sea un disco de pop hermoso y digerible para cualquiera con sensibilidad.

Las influencias vienen después. Cuando uno construye una casa lo hace al modo que le enseñaron, y Broke Lord siempre se ha fijado mucho en esos músicos que han sabido aunar el minimalismo, el calambre y la literatura. Gira o Lou Reed, por tanto, son algunos de los maestros albañiles de los que he aprendido como levantar paredes, cavar pozos y abrir ventanales, pero la esencia del mensaje, el núcleo de la idea, lo que hay de arte más allá de la artesanía, es sólo de Broke Lord. Uno se parece a su padre por genética, pero es, al tiempo, otra persona. Esto es parecido, una línea de sangre.

¿Broke Lord hace referencia a algún tipo de alter ego?

Broke Lord es Broke Lord. Un caballerete arruinado, como su nombre indica. Eso es todo.

 

Las letras y el mensaje que transmites en Death of a Flower es profundo e íntimo, con temas universales como la muerte y una estructura circular bastante evidente en la conformación del disco. ¿Qué se esconde realmente detrás de tus letras? ¿Hay un concepto que engloba el conjunto de canciones?

Las letras son algo crípticas, no demasiado, y eso permite que cada uno las lleve a su terreno. Broke Lord vivía en la montaña portuguesa, y haber hecho realismo directo hubiese desembocado en un discreto disco de Crust rural, no en la miniatura pop, que es “Death of a Flower”. Lo de miniatura lo tomo prestado de mi amigo Castroviejo, que muy lúcidamente lo calificó así. Lo que sí toma el disco de esa estancia en el monte es la estructura circular y la cercanía de la muerte y el renacimiento. Expuesto al círculo del año en todo su esplendor, es difícil no acabar pensando que todo es una rueda. Le faltan algunos radios, a mi rueda, pero parece que cuesta abajo funciona. Si quieres buscarle a todo un sentido conceptual, se lo puedes encontrar. El medio, en este caso, es casi el mensaje, en efecto. Por lo demás, cualquier mensaje profundo es por fuerza universal.

 

El sentido de la melodía y el estribillo pop toma protagonismo en estas nuevas composiciones. ¿Cómo ha sido tu trabajo de composición con respecto a tus anteriores trabajos?

Es un tópico eso de “encontrar la propia voz”, pero lo cierto es que, componiendo en solitario y sin atenerse necesariamente a un género, Broke Lord terminó encontrando un tipo de canción en el que encajaba con facilidad, un ámbito propio. Si uno está cómodo se puede permitir matices e intensidades, transmitir otro tipo de naturalidad y de sinceridad. Mi voz es grave y limitada, así que necesito esa “familiaridad” para liberarla y que pueda comunicar algo. El proceso de composición fue tranquilo, aunque no muy meditado. Salen cosas, se graban, se dejan reposar, se regraban. La vida que sucede en esos lapsos va permeando las canciones y las cambia. Luego las sacas del fuego antes de que se chamusquen. Eso es todo. “Death of a Flower” se compuso en los millones de tiempos muertos que dejaban otros proyectos. A salto de mata, pero con mucha calma. Fue la grabación lo que sucedió de modo más rápido. Ahora, curiosamente, lo considero mi proyecto principal.

 

Te has rodeado de un grupo de músicos y amigos muy bueno, con Marco Serrato de Orthodox, Asier Maiah de Viva Bazooka y los Nitxos, y la punk rocker/poeta Macky Chuca. Por el resultado del álbum podemos deducir que, a pesar de la disparidad de bandas de las que proceden, la cosa ha ido rodada.

Son gente que sabe lo que hace, capaces de entender un concepto y ceñirse a él aportando enfoques nuevos. El disco sería radicalmente distinto si alguno de ellos no hubiese estado. Si bien la esencia del disco es cien por cien Broke Lord, su artesanía es, claramente, un trabajo de equipo. Son todos ellos gente a la que admiro, grandes compañeros en el sentido amplio de la palabra.

 

¿Cómo ha sido trabajar con Raúl Pérez en La Mina?

Nice and easy. De lejos mi mejor experiencia en estudio. Raúl es sabio y discreto. Incluso creo que debería haber intervenido aún más en el disco y eso hubiese sido bueno para todos. En breve volveremos a trabajar con él.

 

¿Hay visos de continuidad para Broke Lord?

En octubre grabamos segundo disco, y por el momento seguirá siendo un recording project. La idea es un disco al año, y espero que el tercero sea un doble muy oscuro y el cuarto abra mi etapa caribeña. Por el momento, para el segundo, lo que tengo son once canciones que no se alejan radicalmente de “Death of a Flower” pero si avanzan hacia otros puntos. Creo que habrá algo más de spoken word, algún teclado ochentero, un pelín más de Iggy y de Dylan disueltos en el colacao, ramalazos de folk místico de saldo y algunas cosas que, francamente, ni yo mismo sé de dónde salen. Pero queda mucho trabajo aún.

 

¿Cuáles son los planes a corto plazo?

Dormir más, fumar menos, drogarme mejor, mejorar mi capacidad para levitar, leer a Henry Miller a la sombra, huir a países más amistosos, escribir canciones, alimentar al gato, dominar la galaxia, ir a la playa a menudo. Mi próximo disco quizá se titule “I wanna go to the beach”.