BLADE RUNNER 2049: EL ANHELO NEO NOIR

El peso que ha ido tomando con el tiempo “Blade Runner” en el cine de ciencia ficción y en el cine en general la ha convertido en una cinta de culto que ha sentado precedentes de muchas de esas películas de los últimos años que están pobladas de replicantes, clones, androides o inteligencias artificiales que, tomando conciencia de lo que son, aspiran a poner sus softwares al servicio de todas las emociones que sentimos los humanos o a alzarse como una raza claramente superior.

Podría aventurarme a decir que películas como “Ex Machina”, “Minority Report” “Ghost in the Shell” o “Eva” beben de las aguas de “Blade Runner” que, a su vez, bebió de las aguas de aquella novela corta de Philip K. Dick publicada en 1968 “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y que Ridley Scott adaptó libremente para hacer su obra maestra, con permiso de “Alien”.

Era tarea ardua embarcarse en la empresa de llevar a las pantallas una segunda parte que todos los admiradores de la original distopía neo noir y cyberpunk que protagonizó Harrison Ford, estaban esperando o no.

¿Por qué una secuela tan tardía? Yo quiero pensar que es probable que estuvieran esperando a reunir al casting acertado, a un nuevo director visionario como el Ridley de la década de los 80, quizás un compositor capaz de crear atmósferas musicales parecidas a las que creó Vangelis o unos avances tecnológicos en fotografía, escenografía y efectos especiales capaces de recrear la oscuridad, los ambientes futuristas y el entorno opresivo de un futuro que en su momento parecía lejano y que convertía la ciudad de Los Angeles en una especie de Tokyo decadente.

Pues la espera ha merecido la pena, y mucho.

La dirección de Denis Villeneuve, que cuenta con una de las mejores filmografías contemporáneas, las partituras de Hans Zimmer, uno de los mejores compositores actuales, habitual de Christopher Nolan, la “thrilleriana” fotografía de Roger Deakins y un acertado reparto formado por Ryan Gosling, Jared Leto, Harrison Ford, Robin Wright y unas fantásticas Sylvia Hoeks y Ana de Armas, némesis y partenaire del protagonista respectivamente, han obrado el milagro de hacer realidad una elogiable secuela, pero, sobre todo uno de los mejores thrillers de ciencia ficción de lo que va de década. Tengamos en mente que para muchos puristas de “Blade Runner”, “Blade Runner 2049” sería un peliculón si la sombra de la primera parte no fuera tan alargada.

Sin ánimo de destripar nada de una muy estimulante trama con un punto de partida brutal, lo más destacable de este segundo capítulo es que sin dejar de ser fiel al espíritu de la primera parte, tiene identidad propia, es Villeneuve por los cuatro costados, los seguidores del canadiense van a ver todos sus tics durante las casi tres horas de metraje.

            Visualmente es abrumadora, cada plano y cada fotograma están cuidados de manera obsesiva; las escenas y las escenografías del hotel, de la creadora de recuerdos, del mercenario de madera, la empresa de Wallace o el apartamento de K, por poner unos ejemplos, se impregnan de un futurismo que podría ser real, un futurismo muy sugerente en ideas, texturas, vestuario e iluminación y de una belleza desbordante. Pero esta “Blade Runner 2049” no sólo es un envase impoluto, cuenta con un argumento que es un juego continuo con el espectador y que algunos han tachado de tramposo, pero que, a pesar de tener una innecesaria tendencia al subrayado y algún perdonable agujero de guión, es marca de la casa y te tiene pegado a la butaca con una extraña tensa calma que te ayuda a ir digiriendo todas las angulosas aristas.

            Sumemos al conjunto un Ryan Gosling que firma una de sus mejores interpretaciones, volviendo a demostrar que tiene grandes dotes para el drama y una Ana de Armas a años luz de sus primeros papeles, sumergidos en una reveladora y peligrosa investigación y entregados a una relación 4.0 que recuerda mucho al “Her” de Spike Jonze, mientras luchan contra las conspiraciones “repliquianas” de Jared Leto y una villana colosal como Sylvia Hoeks; un póker de ases respaldado por unos grandes secundarios que no dejan frío, que regalan filosofía y ética new age para el recuerdo y transmiten a la perfección sus deseos, porque eso es justamente “Blade Runner 2049” el melancólico anhelo de todos los que sueñan con que sus ovejas eléctricas algún día estén vivas.