Alice Glass Ep – Alice Glass (Loma Vista Recordings, 2017)

” El álbum esconde una gran parte de rencor hacia la figura de Ethan Kath (Crystal Castles)”

 

“¿Valgo la pena o no valgo nada? / ¿Llegaré a entenderlo alguna vez? / Me vendí a él / Sé tu propia víctima / Y con este juego de cuerdas / Átame”. Así arranca el nuevo álbum de Alice Glass, voz, referente y símbolo vivo del grupo canadiense Crystal Castles hasta su renuncia en 2014 alegando circunstancias personales y profesionales. Ahora, tres años después, lanza un EP de seis canciones por sorpresa y casi sin haber avisado a nadie. Su primer single, “Without Love”, con un vídeo promocional muy barroco y sobrecargado de elementos visuales, rompe la furia descarnada y vital de su antigua banda y se adentra en lo vulnerable, el dolor y la traición.

Precisamente, este tema termina con los siguientes versos: “Dime qué escupir / No me digas qué tragar”, referidos a la última canción del primer álbum de Crystal Castles, la extraordinariamente sencilla, onírica y pacífica –en contraste con la agresividad del resto de su cancionero-, “Tell me what to swallow”. Y esto hace deducir que la carta de presentación del álbum esconde una gran parte de rencor hacia la figura de Ethan Kath, brazo compositor de Crystal Castles, además de una intención más que manifiesta de rechazo hacia su pasado.

Glass divide las canciones de su nuevo disco entre “ser devorado por hormigas rojas” y “ser engullido lentamente por una serpiente”. Digamos que aquí se establece una clara disyuntiva temática en el álbum: la preferencia por una muerte lenta y dolorosa, o tal vez una muerte rápida, sangrienta y explosiva. Pero, en ambos casos, la muerte.

No es casualidad que en la próxima gira de presentación esté apadrinada por uno de los mayores expertos en hablar “desde el otro lado”, Marilyn Manson. Además, la estética del videoclip de “Without Love” recoge una gran influencia del imaginario del Anticristo Superstar.

En general, Alice Glass EP  no tiene nada que ver con Crystal Castles. La vanguardia electrónica de los pioneros del witch house queda relegada a un dark wave espeso, de difícil digestión, donde la melodía se esconde bajo capas de ruido blanco y gritos entrecortados, anfetamínicos, pero sin llegar a enganchar, un batiburrillo de sonidos que en ocasiones suenan urgentes, pero que a la larga quedan aparcados a una vulnerable e ingenua vociferación de un juguete roto.

La chica que con tan solo dieciséis años rompió los cánones y abrió una brecha en la música electrónica contemporánea, que escuchaba Darkthrone en el camerino y se emborrachaba a base de Jack Daniel´s antes, durante y después de salir a escena, que terminaba perdida en peleas multitudinarias con el público a mitad de los shows, ahora se muestra frágil, perdida, humillada y con ganas de revancha.

El álbum se salva en canciones como “Forgiveness”, con una base muy apropiada de synthwave, “Natural Selection”, con ese grito descarnado en medio del silencio, o en la última canción, la suave y críptica “The Altar”. El resto, para los fieles amantes de los incasillables Crystal Castles, queda de relleno. Será que el género nació y murió con los tres primeros discos de la banda canadiense, a pesar de los numerosos imitadores que se subieron al carro, como Crim3s, White Ring o Blvck Ceiling.

Parece que ya no queda nada de su actitud indómita y feroz, en detrimento de un estilo e imagen de diva iconoclasta del house experimental. Las mejores fiestas de nuestra generación estaban presididas por su voz ecualizada en el sintetizador de Ethan Kath, ahora es otra quien ocupa su lugar e intenta a duras penas ser lo que ella fue. Quizás eso sea lo que en el fondo, más le duele a Alice Glass. El paso -y peso- del tiempo, la imposibilidad de seguir con algo cuyo sentido se perdió entre aludes de flashes, drogas y fama. Ni en Crystal Castles ni en su propia vida. La cruel y triste sensación de ya no estar ahí.