Nueva York hierve de ruido. Al caer el último rayo de sol sobre el río Hudson, la ciudad adquiere un tono ocre que tiñe la bahía con una luz nostálgica. Una pintada callejera en el norte de Manhattan reza: “El mundo sigue ahí aunque mires para otro lado”. Los ciudadanos, enterrados bajo el imperio de los rascacielos, son solo meros extraños que se entrecruzan y confunden de un punto a otro de la gran metrópoli. Más allá, un tío sin escrúpulos aniquila una batería y destroza los platos mientras el botón rojo del REC parpadea en una oscura y sumergida sala de estudio de Brooklyn.

Ellos declaran ser una mera banda de pop que toca canciones muy alto. Después de cuatro álbumes de estudio y una década subidos a los escenarios, A Place To Bury Strangers, el trío formado Oliver Ackermann (guitarra y voz), Dion Lunadon (bajo) y Tim Gregorio (batería), se encuentran trabajando en el proceso de grabación de su quinto álbum, cuyo título y fecha de lanzamiento todavía son una incógnita.

Su último trabajo, Transfixiation, publicado en 2015 por el sello Dead Oceans, supuso una renovación estilística de fondo, en el que quedó clara la apuesta de la banda neoyorquina por sintetizar su sonido en vez de ensuciarlo con distorsiones mastodónticas y etéreas, protagonistas esenciales de sus primeros álbumes.

Sus conciertos trascienden de lo musical a lo físico. Sus puestas en escena son excesivas, catárticas, estentóreas, casi a modo de experimentos entrópicos para desorientar al espectador y arrastrarle hasta el límite de lo que sus oídos puedan escuchar: una puesta a prueba.

Las sesiones en directo son presididas por un feedback hercúleo de guitarras que inunda la estancia, iluminada por haces de luz estroboscópica que rebotan por todas partes y que aportan un alto componente onírico e hipnótico. En cierta medida y salvando las distancias, recuerda a los shows que Warhol fabricaba en su Exploding Plastic Inevitable con The Velvet Underground, y que conseguían que el público no pudiera más que tirarse de los pelos o salir huyendo por el largo y tortuoso camino de la paranoia.

Foto: Daniel Jackson en Satellite Bar, Houston

Para romper el hielo: ¿de dónde viene el nombre de la banda? ¿Habéis enterrado a un montón de extranjeros?

El nombre lo puso nuestro querido amigo Justin Avery, el primer batería de la banda. Él era y sigue siendo un auténtico hijo de puta. Recuerdo una vez en la que estábamos grabando una canción, creo que era “I lived my life to stand in the shadow of your heart”, y él estaba en la pequeña sala de ensayo que teníamos por aquél entonces. En ese instante, el bajista y yo permanecíamos fuera, al otro lado de la puerta, grabando la toma, y de repente él entró en cascada con la batería a toda hostia exaltadísimo y luego comenzó a gritar y a lanzar las cajas y platos por toda la habitación lo más fuerte que pudo.

Ahora, permíteme decir que no es el típico tío con el que desearías meterte en líos. Dulce como un pedazo de pastel de ruibarbo, pero con tan mala hostia que podría derribar a cualquiera. Recuerdo que el bajista agarró un madero porque pensaba que le tendríamos que noquear en cuanto saliera por la puerta. Estaba pasado de rosca e iba al doscientos por cien. Así que el nombre (“Un lugar para enterrar a extraños”), no sé si nosotros podríamos estar a la altura de su intensidad, pero él seguro que sí.

Habéis sido bautizados como “La Banda Más Ruidosa de Nueva York”. Jimi Hendrix decía que necesitaba una gran cantidad de volumen para componer. ¿Siempre que componéis lo hacéis con el volumen de la música al máximo o es más una cuestión de directo?

Oh, también tocamos bajo en directo. Tan solo nos gusta que las cosas suenen de forma apropiada según el momento y Jimi Hendrix sabe mejor que nadie que una guitarra muy alta puede sonar increíble. Es una de las muchas formas de conseguir que tu guitarra hable contigo cuando estás tocando.

¿Cuándo fue tu primer contacto con el rock y las razones principales por las que empezaste a componer canciones y formar bandas?

Lo que me llevó a ello fue ver a las bandas de amigos tocar. Solo tienes que saber ver el momento, que algo está pasando. La música me marcó muchísimo. Es algo parecido a como cuando te enamoras de una historia o de una pintura. Me absorbió completamente y no deseo volver atrás.

¿Dónde encuentras la inspiración para crear tu música? ¿Sigues algún método?

No tengo demasiados métodos. Solo tienes que vivir la vida, amar tocar música y escribir canciones, tan solo eso. El propósito cambia todo el tiempo.

Parece que vuestro sonido ha evolucionado de algo más oscuro y etéreo a unos desarrollos más luminosos de las canciones. ¿Cómo crees que ha cambiado vuestro estilo desde vuestro primer álbum?

Creo que tienes razón. A medida que el tiempo pasa me siento mucho más a gusto con mi habilidad para tocar y cada vez encuentro el sonido y la actitud con muchos menos elementos. Creo que antes solía pensar que capas y capas y más capas conseguirían que las canciones sonaran más y más grandes. Lo que hacía era inflar las canciones y manejar más y más sonidos, buscando elementos que unir para formar algo. Ahora, sin embargo, pienso que menos es más, y me encanta prestar atención a los pequeños matices de lo que está pasando. No estoy seguro de que deparará el futuro, voy de un lado para otro con las cosas. Seguramente todo vaya hacia una nueva dirección.

La electricidad es vuestra principal fuente para hacer canciones. ¿Has llegado a pensar en cambiar y hacer algo más acústico?

Bueno, realmente hemos combinado lo eléctrico y lo acústico todo el tiempo. Esta banda siempre ha sido de guitarra, bajo y batería. Me gusta escuchar y tocar música acústica, pero a la mínima ocasión quiero reventar todo y volver al ruido.

Nueva York ha sido desde siempre el caldo de cultivo de las mejores bandas de antes y de ahora: Ramones, Swans, The Velvet Underground o Sonic Youth. ¿Cómo es el ambiente de allí en relación a inspiración, bares de música en vivo, discotecas o condiciones socioeconómicas?

Creo que es un lugar bastante loco y salvaje en el que pasan muchísimas cosas, y eso es la mayor parte del encanto que posee. Para el resto del mundo eres totalmente invisible allí. De hecho, es algo bastante consolador. Los polis no van a golpear a tu puerta en cualquier momento, y si quieres llenar de pintura de spray el coche de alguien, adelante, hazlo. La clave es que tienes que estar haciendo algo. No quedarte sentado en cualquier parte o en casa actualizando el ordenador. Simplemente no tienes tiempo para esa clase de cosas.

La mayoría de vuestros conciertos toman lugar en pequeñas salas oscuras con luces estroboscópicas que viajan y apuntan a todos lados, desde el escenario hasta el público. A veces acabáis el show rompiendo los instrumentos en mitad del caos y del reverb. Recuerdo especialmente una versión en directo de “Ocean”, en la que llevasteis al público hasta el éxtasis, creando una especie de comunión con y para el ruido. Siempre me he preguntado si las guitarras que rompéis se pueden arreglar después o si en tu caso conservas alguna guitarra que hayas acabado rompiendo varias veces.

Algunas veces sí que las he podido arreglar, pero es algo que no me importa en el momento en el que sucede. Siempre tenemos la intención de tocar hasta que la música nos haga perder el control, tanto a nosotros como al público. Justo antes de hacer esta entrevista, estaba rasgando la guitarra con una silla tan duro que acabé rompiendo una de las tuercas. No sabría explicar la razón, pero la idea para la canción sobre la que estaba pensando en ese momento precisaba de la abrasión del objeto en cuestión.

La prensa musical siempre os compara con la estética de bandas del estilo de The Jesus and Mary Chain. ¿Cuáles son las bandas que admiráis actualmente aparte de Reid y compañía?

The Dreebs, KVB y Buck Gooter.

Vayamos a vuestro país, Estados Unidos. Hace poco publicasteis una canción contra Trump titulada “Everyone´s the same”. Recientemente, Donald Trump abandonó el Pacto de París por frenar el cambio climático. ¿Las protestas han aumentado o descendido a lo largo de estos últimos meses en EEUU?

De acuerdo, no sé si las protestas han aumentado, pero de lo que estoy seguro es de que todo el mundo parece estar cansado de su total rareza y poca convicción. Por desgracia, no lo suficiente para que deje la presidencia. Una persona como él no puede cuidar a nadie. Es bastante extraño que todo le importe una mierda y a la vez parezca estúpido, por lo que asusta aún más.

La situación mundial de ahora no es mucho mejor que la del siglo pasado. La seguridad ha aumentado muchísimo con cada ataque terrorista, millones de refugiados viven en las peores condiciones en grandes campos de concentración y tenemos los peores líderes para hacer frente a todos estos problemas. ¿Te consideras optimista respecto al futuro o ya has perdido la fe?

Creo que la única manera de solucionar algo es que la gente haga algo al respecto para conseguirlo. Las cosas no pasan así como así, si la gente no hace nada. Quiero decir, algunas cosas pasan por casualidad, pero ¿por qué tiene usted dos pares de zapatos? Por si uno se moja, usar el otro. Por lo tanto, si hay formas de ayudar, pongámonos en marcha.

Estuvisteis en España el pasado año. ¿Cómo fue la experiencia de tocar aquí y pasar unos días?

Me encanta España. Todo es genial, emocionante, relajado… tiene de todo, todo en uno. Calles antiguas increíbles, antros de jazz por todas partes y, sobre todo, paz, gente que te mira con paz. Dion (el bajista) siempre me dice de ir a España. Yo también quiero. En definitiva, un gran país.

¿Cuál es la opinión mayoritaria que los norteamericanos tienen de España?

Creo que la de un país extranjero y lejano al que no irán jamás. Quizás… ¿las corridas de toros? O tal vez, ¿la comida que hacen en México? No es que tengan una visión muy lúcida del país.

¿Cuáles son vuestros planes de futuro? ¿Estáis trabajando en un próximo disco o tendremos que esperar aún un poco más?

Casi hemos terminado de grabarlo. Terminó siendo escrito en un momento muy inestable y de mi vida. En una época de transición. Me siento como cuando saltas de una roca grande a otra más pequeña en medio de un río, y aguardas a que la segunda te sostenga para no caerte al agua, y aun así hacerlo.