“A Ghost Story”: el fantasma del tiempo

En mi larguísima trayectoria como cinéfilo y melómano empedernido he mantenido apasionados romances con miles de canciones que han sonado en miles de películas; hay directores que saben manejar este recurso de manera tan virtuosa que logran que la canción en cuestión sea recordada como un personaje más, incluso que la canción sea lo único que recordemos pasado un tiempo.

Uno de mis placeres confesables es descubrir temas dentro de una escena inolvidable, haciendo que ésta tenga más sentido o mayor carga emotiva, sumando, siempre sumando. Pero, en algunas ocasiones, la magia actúa de manera inversa, y una excelente canción puede llevarte a una excelente película.

Es lo que me ha ocurrido recientemente con “I Get Overwhelmed” de Dark Rooms; hace unas semanas empezaba a sonar en una de estas playlists que las plataformas elaboran acorde a lo que sueles escuchar, y fue como un tiro directo al estómago que hizo que se me encogiera; conmovido a la primera escucha busqué si tenía videoclip y descubrí que formaba parte de la banda sonora de A Ghost Story; como una sucesión de afortunadas casualidades, del videoclip pasé al tráiler y del tráiler, finalmente pude llegar a la película; empecé a verla ya enamorado, sin saber nada de ella, sintiendo algo parecido a lo que deben sentir esas personas absurdas que dicen haber conocido al padre o a la madre de sus hijos tras una primera cita.

A Ghost Story es una de esas joyas indies que vienen avaladas (y alabadas) tras su paso por prestigiosos festivales como el de Sundance o Sitges, donde recibió este año el premio a su fantástica fotografía; aunque tiene un planteamiento que recuerda al “Ghost” de Demi Moore y Patrick Swayze, bonito romance entre una pareja de jóvenes con toda la vida por delante que se ve truncado por la muerte de él, quien regresa a la vida como un fantasma para saldar deudas pendientes. El film es radicalmente opuesta al taquillazo de los 90, este fantasma es de los de sábana, mucho más de andar por casa (literal y figuradamente hablando), mucho más intenso, poético, incluso cósmico.

Lo más interesante de la cinta, es el uso que se hace del tiempo para hablar, justo de eso, del paso del tiempo, las huellas y las secuelas que deja por dentro y por fuera.

En A Ghost Story 7 minutos pueden durar exactamente 7 minutos reales, como ocurre con la maravillosa escena de la protagonista ahogando su pena en un pastel de arándanos, o pueden pasar siglos en 15 minutos, como ocurre en el tramo final de la historia y todo al servicio de esas ideas que transmite acerca de la trascendencia vital o el deseo de ser recordados, por haber hecho algo o haber sido alguien, de permanecer cuando ya no estemos aquí.

 

Rooney Mara está fantástica en una actuación muy contenida pero llena de pequeños matices y miradas nostálgicas y la fotografía, la música, el uso de la luz y una narración pausada pero llena de ideas sugerentes hacen el resto para contar una de las historias de fantasmas más bonitas que se han hecho, un cuento temporal sobre el amor, el  olvido o la aceptación de la pérdida que desafía al espacio/tiempo, a los sentimientos, a la realidad, e incluso a las dimensiones de una manera delicada e inteligente.

Ojalá todos le hayamos encontrado el sentido a lo que llamamos vida el día que nos marchemos para siempre, sólo así nuestro viaje habrá tenido sentido, sólo así no necesitaremos prolongarnos en el tiempo.